Comercializada como Botox

¿Qué es la toxina botulínica detectada en el atún de la marca DIA y qué efectos provoca?

Su ingesta produce botulismo, una enfermedad que se caracteriza por el desarrollo de alteraciones vegetativas (sequedad de boca y vómitos) y parálisis muscular progresiva

Foto: Bacteria responsable de causar botulismo. (iStock)
Bacteria responsable de causar botulismo. (iStock)
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La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha activado una alerta sanitaria por un brote de intoxicación alimentaria provocado por toxina botulínica detectada en el atún en conserva en aceite de girasol de la marca DIA. La presencia de este compuesto se ha detectado tras enfermar cuatro personas, de las que tres ya han sido dadas de alta, que ingirieron una ensaladilla rusa casera elaborada con el citado producto, una conserva en formato RO 90, con lote 19/154 023 02587 y elaborada por Frinsa del Noroeste S.A.

Tal y como explica la Clínica Universidad de Navarra, la toxina botulínica es una neurotoxina creada por una bacteria que se denomina Clostridium botulinum. La ingesta de alimentos contaminados por esta proteína preformada produce botulismo, una enfermedad que se caracteriza por el desarrollo de alteraciones vegetativas (sequedad de boca, náuseas y vómitos) y parálisis muscular progresiva.

Precisamente, esta capacidad que posee la toxina botulínica para producir parálisis muscular se aprovecha, desde el punto de vista médico, para tratar ciertas enfermedades neurológicas relacionadas con hiperactividad muscular o movimientos involuntarios, conocidos estos últimos trastornos como distonías. El campo de la neurología es otro de los que aprovecha sus efectos, e incluso se están desarrollando ensayos clínicos que utilizan una forma modificada para aliviar el dolor crónico con la esperanza de reemplazar los medicamentos con opiáceos.

Asimismo, la infiltración de esta sustancia sirve para corregir arrugas, sobre todo en la mitad superior del rostro. Este tratamiento estético relaja temporalmente los músculos y evita que se contraigan, de forma que suaviza las líneas de expresión ya existentes y previene la formación de otras nuevas. Su uso también está asociado a posibles caídas de las cejas y los párpados. En todos estos casos los resultados se obtienen de forma casi inmediata.

Comercializada como Botox

Como suele ocurrir con los grandes descubrimientos, los efectos terapéuticos de la toxina botulínica se descubrieron por casualidad. Corría el año 1897 cuando un grupo de 34 músicos belgas que había consumido jamón ahumado presentó síntomas visuales y gastrointestinales característicos del botulismo. Al fallecer tres de ellos, se obtuvieron muestras de sus órganos y se logró aislar la toxina hasta comprobar que bloqueaba la transmisión neuromuscular al impedir la liberación de acerilcolina por parte de las terminaciones nerviosas de las neuronas motoras.

Su uso comercial bajo la marca Botox (onabotulinumtoxin A) fue aprobado en 1989 por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés), aunque posteriormente otros laboratorios empezaron a sintetizar sus propios compuestos: en el año 2009 se lanzó el abobotulinumtoxin A de Dysporty para tratar la distonía cervical y, en el año 2011, la incobotulinumtoxin A de Xeomin para medicina estética.

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