CAMBIÓ SUS HÁBITOS ALIMENTICIOS

Logra adelgazar 45 kilos en un año y medio gracias a la dieta keto

Jenny Wagner pesaba 110 kilos con tan solo 30 años. Una foto la hizo reaccionar para cambiar de estilo de vida

Foto: Jenny Wagner, antes y después. Foto: Instagram
Jenny Wagner, antes y después. Foto: Instagram
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Hace algo más de un año y medio, en la víspera de Año Nuevo de 2018, alguien hizo una foto a Jenny Wagner, la protagonista de nuestra historia. Sabía que había subido de peso, pero lo que vio en la instantánea no le gustó nada. Tenía que adelgazar..

Pesaba cerca de 110 kilos, pero ella había tenido hasta ese momento la sensación de que seguía siendo la chica atlética que había sido hace 10 años antes, cuando se casó, con 20 años.

Desde entonces, había comenzado a ganar y perder peso como una montaña rusa, aunque más de lo primero, sobre todo tras dar a luz, ya que no había adelgazado el peso ganado en el embarazo.

110 kilos con 30 años

La foto le abrió los ojos y se dio cuenta de que debía poner solución, pero ¿cómo iba a hacerlo? Los médicos le habían sugerido anteriormente que perdiera peso, pero nunca le habían explicado cómo hacerlo.

Jenny realizaba todas sus comidas entre el mediodía y las 20 horas

Así que Jenny, según ha confesado al diario Today, decidió confiar en la dieta cetogénica o keto, una dieta muy baja en carbohidratos (azucares, cereales, legumbres, frutas, patata…) y rica en el consumo de grasas de calidad (aguacate, aceite de oliva, coco, etc.) y proteínas que, según sus defensores, “re-educa” al cuerpo para que vuelva a quemar grasas de nuevo.

Jenny comenzó esa dieta, pero la combinó con un ayuno intermitente, comiendo todas sus comidas entre el mediodía y las 20 horas. Durante el primer mes, ingirió solo 20 gramos de carbohidratos diarios y nada de azúcar: perdió casi 7 kilos.

Jenny Wagner, antes y después. Foto: Instagram
Jenny Wagner, antes y después. Foto: Instagram

Durante nueve meses más, Wagner mantuvo la dieta keto y perdió 36 kilos más, adecuando, poco a poco, la misma para hacerla más sostenible: agregó más carbohidratos y alimentos con no excesiva grasa, algo que, en un primer momento, le asustó temiendo un efecto rebote.

Redujo las raciones

Así, poco a poco, volvió a disfrutar de platos como la pasta o el pan. Simplemente, tuvo cuidado con las raciones (“antes de la dieta tomaba raciones de las que podían comer tres adultos”) y mantuvo las horas de consumo de los alimentos. Resultado final: 45 kilos menos y un cambio, a mejor, en su estilo de vida. "Hice la transición a una forma de comer por el resto de mi vida", explicó Wagner.

Pero la dieta no fue su única aliada en la pérdida de peso. A partir de que perdió 22 kilos, añadió 30 minutos de ejercicio al día, sobre todo cardio: tenis, nadar, caminar o correr.

Wagner ha confesado que tras adelgazar tanto tuvo que someterse a una serie de operaciones (una abdominoplastia y una reparación de la diástasis) para deshacerse de la piel suelta que le colgaba en el estómago.

“No quiero que las mujeres piensen que la piel floja es mala", dijo Wagner. "Sabía que no era para mí. Aún no tenía 30 años. No quería seguir metiendo mi piel suelta en mi ropa".

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