¿ENFRENTAMIENTO GENERACIONAL O EDADISMO?

La guerra contra los “viejos pesados”: 'kkondae' o qué oculta la palabra de moda

Se está hablando mucho de los 'kkondae', esos jefes o padres severos que exigen a los jóvenes sin dar nada a cambio. Un término que dice mucho de las dinámicas generacionales

Foto: Joven coreana en el metro. (iStock)
Joven coreana en el metro. (iStock)

Que si 'hygge', que si 'lagom', que si 'cosegach'… No hay nada que guste más a los medios en general y a la BBC en particular que coger un término exótico, preferiblemente impronunciable, y convertirlo en la palabra de moda, una de esas 'buzzwords' que sirven para animar sobremesas. La última de ellas es la simpática 'kkondae', al menos según la habitual condescendencia del medio británico, que también nos dice mucho acerca de las guerras laborales que vienen. No solo en Corea del Sur, donde fue acuñada, sino en otros países como el nuestro.

El 'kkondae' es, según dicho reportaje, un viejo condescendiente. Coincide la Wikipedia, que recuerda que en principio se trataba de una palabra utilizada por estudiantes y adolescentes para referirse a padres y profesores, pero que el término se ha extendido hasta los jefes, cargos intermedios y cualquier figura de autoridad. Aquel que intenta imponer su punto de vista a los demás por el argumento de autoridad o dar consejos sin que se le hayan solicitado es potencialmente un 'kkondae', independientemente de su edad.

Es una generación ('millennial') contra la anterior (los 'baby boomers'), que consiguió convertir el país en uno de los más boyantes de la región

Se ha convertido en el tropo de algunas series surcoreanas, donde el severo 'kkondae' sería el equivalente al padre de familia autoritario o el jefe perverso que amarga la vida a sus subordinados —aunque quizá cuente en su interior con un corazón de oro— de las 'sitcoms' españolas. La clave se encuentra en la condescendencia. Esa del cargo intermedio que es “rápido a la hora de proporcionar consejos no solicitados e incluso más rápido a la hora de demandar obediencia absoluta a sus jóvenes”.

Un ejemplo de 'kkondae', cortesía de 'The Korea Times': el vicepresidente de la compañía área del país, Cho Hyun-ah, que, al ver que las nueces ofrecidas en un vuelo no eran de su gusto, obligó al avión a volver a su origen. O la expresidenta Park Geun-hye, en el poder entre 2013 y 2017, y que es considerada uno de los grandes ejemplos de 'kkondae', a pesar de tratarse de una mujer. Quizá como herencia de su padre, Park Chung-hee, el militar que gobernó Corea del Sur entre 1961 y 1979 después de un golpe de Estado.

"En mi época..."

A simple vista, se trata de un término fácilmente exportable. Representa la eterna guerra de lo viejo contra lo nuevo, de una generación (la 'millennial') contra la anterior (los 'baby boomers'). En este caso, entre la que consiguió que Corea pasase de ser uno de los países más pobres de Asia a la cuarta potencia del continente gracias a empresas como Hyundai o Samsung. Al fin y al cabo, el origen del término probablemente se encuentre en la invasión japonesa de Corea, como una derivación de la palabra francesa 'comté' (conde) para referirse a los locales que simpatizaban con los invasores y, por lo tanto, recibían un mejor trato.

También, se trata de un enfrentamiento entre diferentes culturas laborales. Los 'kkondae' son tradicionales, creen firmemente en la importancia de la jerarquía (y de la edad) y del trabajo duro. En Reddit, un coreano explica que la frase típica de un 'kkondae' es “en mi época, teníamos que trabajar a cambio de mierda”. Por el contrario, los jóvenes no están tan identificados con su empresa ni buscan realizarse a través de su trabajo. Y, por supuesto, ya no creen en las jerarquías. Como recogía el 'Joong Ang', uno de los medios locales, “los 'kkondae' son una de las razones por las que el PIB no puede superar los 30.000 dólares [26.779 euros]”.

Lo que la mayoría de retratos del 'kkondae' pierden de vista es el contexto histórico y laboral de Corea, pero también la coyuntura económica global. No se trata únicamente de una guerra entre generaciones, sino entre la quinta que vivió bajo una dictadura militar en la que la economía creció de manera espectacular a costa de los derechos de los trabajadores y la que, después del 'boom', se está enfrentando a una inestabilidad económica sin precedentes. En el primer cuarto de este año, la economía de Corea, a pesar de la bonanza reciente, se contrajo más que nunca (un 0,3%) desde la crisis económica.

El término 'pago en pasión' describe a las empresas que explotan a los jóvenes pagándoles muy poco y exigiéndoles un gran esfuerzo a cambio

Esto se refleja en el choque entre formas de entender el trabajo o, mejor dicho, en las reivindicaciones laborales de los más jóvenes. Un hilo en Twitter que analiza el 'kkondae' no solo refleja este término, sino otros que parten de una canción llamada 'Baespsae', del popular grupo BTS, que, según el autor, “refleja el resentimiento hacia una polarización que demanda 'trabajo duro' a los oprimidos y los débiles sin dar nada a cambio”.

Entre los términos recogidos, 'pago en pasión', “un término sarcástico que describe las compañías que explotan a los jóvenes pagándoles sueldos muy bajos. Se espera que estén agradecidos por la oportunidad de conseguir la experiencia que desean, incluso por poco dinero”. También hay una referencia a la violencia en el mercado laboral, “uno de los grandes problemas en la vida social/laboral coreana”: “Corea culturalmente da una gran importancia a la edad. Se muestra en el uso estricto de los títulos formales y honoríficos entre compañeros, incluso entre familia y amigos”.

Cuando la precariedad acecha

Corea del Sur ha sido, tradicionalmente, uno de los países con más suicidios del mundo. Hoy ocupa el puesto número 10, y el dos entre los pertenecientes a la OCDE. Se debe, entre otras razones, a los elevados niveles de ancianos que acaban con su vida debido a sus condiciones materiales. Más de la mitad de los mayores de 65 años vive por debajo de la línea de la pobreza. Y, lo más importante: según una encuesta realizada hace unos años por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el 85,7% de los trabajadores ha experimentado discriminación a causa de su edad.

Las condiciones de vida de los trabajadores de la generación 'baby boom' no han sido particularmente fáciles. Como recordaba una investigación sobre la relación entre salud y número de horas trabajadas, entre 1980 y 2007, Corea era el país del mundo donde más horas se trabajaba, hasta que México ocupó su lugar. A menudo, y hasta las reformas de los años ochenta, de forma casi esclava y sin derecho a la jubilación. Una situación que explica la importancia que, para toda una generación, tiene el trabajo.

No fue hasta el pasado año cuando Corea del Sur, por fin, redujo las 68 horas semanales hasta las 52. Como recordaba 'The Guardian', a medida que la economía de Corea del Sur explotaba durante los años ochenta y los noventa, “la cultura 'workahólica' se apoderó de todo y la tasa de nacimiento se hundió”. El dato puede entenderse de dos maneras: como un enfrentamiento con la vieja autoridad o como la lucha de una nueva generación con otros valores que ha propiciado unos mejores derechos laborales.

Como en España, Corea del Sur vivió una larga dictadura que se solapó con una época de crecimiento económico aun a costa de derechos

La inestabilidad económica también ha tenido consecuencias para los jóvenes surcoreanos, ante la ralentización del crecimiento y la competencia de China en lo referente a la exportación. Eso explica, por ejemplo, que cada vez más jóvenes deseen ser funcionarios: aunque los niveles de paro en Corea del Sur se encuentren entre el 3 y el 4%, el desempleo juvenil ha crecido hasta el 11,6%, una cifra “catastrófica”, según el presidente, Moon Jae-in.

La precariedad en el país que creció a lomos de la industria tecnológica puede ser vista como un antes y un después en su particular devenir. Pero es una historia no tan diferente a la que han experimentado otros países como España, donde después de una larga dictadura se produjo un 'boom' económico protagonizado por la generación que vivió la opresión y a la que ha sucedido otra que se ha encontrado con un mercado laboral más inestable y explotador de lo que sus padres les habían contado, terreno abonado para la disputa. Una situación que quizá pueda resumirse en una palabra. 'Kkondae' o “no queremos viejos”.

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