EN LA MENTE DEL ASESINO

Estos 2 criminólogos han estudiado los tiroteos en masa desde 1996: los resultados

Jillian Peterson y James Densley lo saben todo sobre el perfil de los que perpetran este tipo de sucesos. Aquí van algunas de sus conclusiones sobre los rasgos que les identifican

Foto: Homenaje a las víctimas de los atentados de El Paso. (EFE)
Homenaje a las víctimas de los atentados de El Paso. (EFE)

En Estados Unidos hay más de un tiroteo violento al día. En lo que va de año ya ha habido 32 asesinatos masivos en lo que va de año (con más de tres heridos o muertos en cada uno de ellos), y más de 8.000 muertes por armas de fuego, según 'The New York Times'. Casi 400 niños menores de 11 años se han visto afectados y envueltos en un incidente con pistola. Y más de 8.700 personas han fallecido por armas de fuego en lo que va de año, según la organización sin ánimo de lucro Gun Violence Archive.

Evidentemente, este país tiene un grave problema con las armas. A raíz del suceso, muchos personajes famosos de la industria de Hollywood, así como cantantes y actrices, volvieron a condenar las reacciones del presidente Donald Trump al ataque y el sistema de compraventa de licencias de armas de fuego. El presidente tan solo se ha limitado a echar la culpa a los medios de comunicación y a las 'fake news' que supuestamente se difunden por la red. "La cobertura de noticias debe empezar a ser justa, equilibrada e imparcial, o estos problemas solo irán a peor", afirrmó en uno de tantos tuits sobre el suceso.

¿Llegará algún día en el que no se tengan que lamentar tantas muertes a raíz de estas matanzas? Este es el trabajo de Jillian Peterson y James Densley, dos reputados criminólogos de Los Angeles que llevan desde 1966 estudiando las historias detrás de estos individuos que un día deciden coger una escopeta y disparar a ciudadanos anónimos a plena luz del día y a sangre fría. En un artículo publicado en un periódico local, abordan los principales rasgos que caracterizan a estas personas.

El perfil del asesino de masas

"Nuestro objetivo fue encontrar nuevas pruebas basadas en datos para prevenir tales tiroteos en masa", aseguran en 'Los Angeles Times'. "Aunque no todos los asesinos sean iguales, sí que existen bastantes puntos en común entre ellos". Para ello, generaron una base de datos de cada asesino en masa que dispararse a al menos cuatro personas en un lugar público. También entrevistaron a criminales ya encarcelados y a las familias de las víctimas y supervivientes. En definitiva, un trabajo de campo de más de cincuenta años de duración. ¿Y qué han descubierto? Aquí vienen algunos de los resultados.

La fobia social y la fascinación por otros tiroteos masivos impulsan a repetir el ataque, que ven como una hazaña

"La gran mayoría de ellos experimentaron un trauma en su primera infancia y fueron expuestos a la violencia en edades tempranas", aseguran Peterson y Densley. "Esta exposición violenta vino dada a veces por un suicidio parental, una situación de abuso físico o sexual o también violencia doméstica severa. El trauma fue en la mayor parte de las veces precursor de algún tipo de enfermedad mental, como depresiones, ansiedad, trastornos del pensamiento o tendencias suicidas".

"En segundo lugar, prácticamente casi todos los asesinos habían alcanzado un punto crítico muy reconocible en las últimas semanas o meses previos al tiroteo", afirman los criminológos. "A menudo pueden haberse desatados después de una riña o pelea, o también por un despido laboral. En general, el detonante puede ser una sensación de rechazo o pérdida que en muchos casos comunican a los demás con cambios bastante notorios en el comportamiento, como por ejemplo expresar pensamientos suicidas o amenazar con usar la violencia".

Una vez que alguien decide que ya no vale la pena vivir y que asesinar a inocentes es una venganza adecuada, ya no hay nada que hacer

Peterson y Densley reconocen que muchos de ellos consiguen la validación exterior de sus objetivos en otros sucesos parecidos. "Las crisis psicológicas siempre han existido. Pero en la era de la información y de las redes sociales, hay muchos guiones a la hora de llevar estos planes a cabo". Por lo tanto, "la fobia social y la fascinación por otros tiroteos masivos impulsan a repetir el ataque, que ven como una hazaña". Esta es la razón de por qué suelen venir en oleadas y no en casos aislados en el tiempo. "Son socialmente contagiosos", admiten. "Los que los perpetran estudian y admiran a otros que ya lo hicieron".

Por último, los expertos concluyen que los asesinos de masas siempre han tenido todos los medios para llevar a cabo sus planes. "Una vez que alguien decide que ya no vale la pena vivir y que asesinar a inocentes sería una venganza adecuada, ya no hay nada que hacer. ¿Cómo obtienen las armas de fuego? Según nuestros datos, el 80% de los que perpetraron un ataque de estas características las obtuvieron a través de su familia".

Cómo prevenir futuros tiroteos

Peterson y Densley también han elaborado una serie de recetas de cara a prevenir actos terroristas como el ocurrido esta semana en El Paso. El más obvio, privar a los potenciales asesinos de los medios que se necesitan para llevar a cabo su plan. ¿Cómo? Pues con más detectores de metales y vigilancia policial. Y, por supuesto (y menos mal), apostando por más medidas restrictivas al acceso a las armas a través de "restricciones de edad, licencias de permiso de compras o verificaciones de antecedentes penales universales".

Otro de los pasos que recomiendan es que exista más restricción en la difusión de los mensajes de odio en redes sociales y páginas web. "No consumas ni reproduzcas ni compartas contenido violento, así como tampoco los manifiestos que dejaron otros asesinos o cualquier otro ideario basado en el odio", piden. "También necesitamos, como sociedad, ser más proactivos. La mayoría de los francotiradores son suicidas y no les salen las cosas como esperan. Sin embargo, las personas que ven o intuyen que algo va mal no conocen los protocolos establecidos en determinados sitios para actuar en situaciones de emergencia".

"La prevención proactiva comienza cuando escuelas, universidades, iglesias y empresarios están abiertos a conversar sobre trastornos mentales y establecen sistemas para identificar a las personas en crisis y tener una buena comunicación, no con medidas punitivas", señalan. "Deben estar capacitados para reconocer estas señales de crisis". Las palabras de Peterson y Densley reflejan la frustración de un país ante la alarmante escalada de violencia masiva por la que atraviesa la nación estadounidense desde hace unos años.

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