LOS "BACTERIÓFAGOS"

La terapia que ha funcionado cuando los antibióticos no hacen efecto

Isabelle Carnell-Holdaway estaba infectada por una bacteria superresistente. Pero un tratamiento alternativo descubierto en la Unión Soviética puso fin a su mal

Foto: Foto: iStock.
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Una de las mayores preocupaciones de la medicina de cara al futuro es ganar la batalla a las bacterias superresistentes. Según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas (SEIMC), un total de 221.958 pacientes sufrirán una enfermedad causada por estos agentes en las próximas décadas. Sin ir más lejos, el año pasado se cuantificaron más de 35.000 fallecimientos por esta causa, un escenario que la SEIMC califica de "extrema gravedad". Además, desde la organizacion confirman que "nuestro país se encuentra a la cabeza en el consumo de antibióticos sin ningún motivo epidemiológico", lo que empeora la situación.

El tratamiento clásico a la hora de luchar contra las bacterias es el de los antibióticos, pero ¿qué hacer en caso de que estos ya no tengan ningún efecto debido a su consumo no indicado o porque el agente patógeno sea tan fuerte que no puedan hacer nada? Desde hace unos años, existe una terapia bacteriófaga a base de virus. No es nada nuevo, ya que, según informa 'Massive Science', se trata de una técnica médica desarrollada a principios del siglo XX en la Unión Soviética. Ahora está ganando popularidad en Estados Unidos y Europa, donde se está probando como forma de tratar desde quemaduras hasta infecciones en el tracto urinario.

Los "fagos" se le administraron cada 12 horas y las lesiones cutáneas causadas por la infección comenzaron a desaparecer

Desde Reino Unido nos llega la historia de Isabelle Carnell-Holdaway, una paciente de tan solo 15 años que fue dada de alta del Grean Ormond Street Hospital, en Londres, tras haber sido sometida a un trasplante de pulmón siete meses antes como consecuencia de una fibrosis quística, una enfermedad degenerativa con la que nació. Aunque no hubo complicaciones en la cirujía, su sistema inmunitario se debilitó y en el quirófano se contagió de una infección nada oportuna resistente a los medicamentos. Al final, se le retiró el suministro de antibióticos debido a sus graves efectos secundarios que le dejaron con una insuficiencia hepática, y la joven quedó relegada a cuidados paliativos.

Los médicos no sabían qué hacer ni por dónde seguir. De este modo, contactaron con Graham Hatfull, un profesor de la Universidad de Pittsburgh cuyo laboratorio estudia virus bacteriófagos que infectan y acaban con las bacterias de la tuberculosis. Uno de estos agentes patógenos afectó a Carnell-Holdaway, por lo que Hatfull y su equipo de investigación indagaron en su biblioteca con más de 10.000 "fagos" diferentes para dar con uno que pudiera funcionar para la paciente.

Gracias a la investigación bacteriológica, podremos encontrar otras formas de atacar las infecciones en el futuro

Después de identificar a tres que podrían dañar la bacteria de manera más efectiva, los médicos tuvieron que superar un obstáculo más: uno de ellos estaba programado para infectar, pero no para matar a la bacteria. Este comportamiento se conoce como ciclo lisogénico, en contraste con el ciclo lítico en el que un virus se copia a sí mismo antes de salir de la célula huésped y destruirla. Para dar con una solución, Hatfull y su equipo decidieron diseñar genéticamente el virus para que nada más entrar en la bacteria, la destruyera.

El equipo tuvo que pasar los controles de calidad pertinentes y obtener un permiso reglamentario para enviar los virus de Estados Unidos al Reino Unido. Al principio, tal y como reconoce Hatfull en 'Massive Science', pensó en el tratamiento como una hipótesis; más tarde, llevaría su suposición a otro nivel. Su descubrimiento podía salvar la vida de Carnell-Holdaway.

"Un profundo alivio"

La paciente comenzó a mostrar mejoría semanas después. Los "fagos" se le administraron por vía intravenosa cada 12 horas y la joven empezó a percibir cómo las lesiones cutáneas causadas por la infección comenzaban a desaparecer, su función respiratoria mejoró y también ganó peso. Después de nueve días de seguimiento intensivo en el hospital, Carnell-Holdaway no reportó ningún efecto adverso a los virus. "Sentimos un profundo alivio", afirma Hatfull. Al final, cuando por fin se recuperó lo suficiente y le dieron el alta, el equipo médico no pudo sentirse más optimista con la idea de haber encontrado el remedio a la enfermedad. "Estamos en medio de un territorio desconocido", reconoce Hatfull, ya que este tipo de tratamiento alternativo a los antibióticos nunca había dado tan buenos resultados. El historial médico de Carnell-Holdaway supone una hoja de ruta para resolver esta gran amenaza a la salud humana que se espera que dentro de unos años sea mucho peor.

Ahora, la paciente ha vuelto a hacer vida normal y ha vuelto al colegio. Este mes se cumple un año desde que comenzó la terapia. Los médicos dudan de si los virus mantendrán a raya la infección de forma permanente ni cuánto tiempo deberá estar la joven bajo tratamiento. Sin embargo, este caso ha dado alas a la comunidad médica internacional para hallar una solución a las patologías bacterianas. "Es realmente emocionante", reconoce Hatfull. "Este caso nos ha hecho creer firmemente en que gracias a la investigación bacteriológica, podamos encontrar otras formas de atacar a la enfermedad. Hay un gran potencial tras este descubrimiento".

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