Lo Habla en una carta del 22 de julio de 1879

El "abominable misterio" que puso en peligro la teoría de la evolución de Charles Darwin

El naturalista inglés temía que se desmontara su teoría al descubrir que unos seres vivos aparentemente no siguen las directrices de la evolución

Foto: Charles Darwin.
Charles Darwin.

La teoría de la evolución es una de las propuestas científicas más revolucionarias de la historia de la humanidad. Esta fue aceptada casi al instante de ser sacada a la luz, cuando en 1859 Charles Darwin publicó el libro ‘El origen de las especies', documento en el que se sustenta el llamado evolucionismo y que tanta polémica suscitó en aquella época entre ciertos sectores sociales más creyentes en unos orígenes sobrenaturales de la vida.

En este sentido, Darwin propone una evolución de las especies por medio de la selección natural, es decir, todos los seres vivos coexisten en un medio ambiente limitado en recursos por los que compiten, consiguiendo sobrevivir aquellos que mejor se adaptan a las necesidades para hacerse con ellos. Esta adaptación hace que los que lo logren conseguirán reproducirse más y mejor, transmitiendo genéticamente nuevas capacidades para la supervivencia a sus descendientes, que a su vez se irán pareciendo menos a ellos de generación en generación por la acumulación gradual de pequeñas variaciones, hasta llegar al momento en el que nazca una nueva especie.

Este proceso, según explica Charles Darwin, es progresivo y lento. Esa evolución, expansión y nacimiento de nuevas especies responde a un procedimiento natural que lleva su tiempo, por lo que el descubrimiento por parte del inglés de unos seres vivos que no atendían a dicho proceso, sino más bien a una aparición instantánea, lo puso en jaque y vio peligrar su teoría ante lo que él mismo definió como un “abominable misterio”.

Las “abominables” plantas con flores

Darwin abordó con preocupación en una serie de cartas enviadas durante varios años a algunos conocidos, amigos y compañeros el descubrimiento de un misterio al cual no conseguía dar respuesta, y no es otro que el rápido desarrollo de las plantas con flores. El 22 de julio de 1879 el naturalista comentó por correspondencia el tema a Joseph Hooker, botánico de origen inglés con el que mantenía una gran relación, explicándole que acababa de leer el ensayo del irlandés John Ball, también naturalista, sobre la flora de los Alpes, el cual definió como “bastante osado”, ya que defendía la aparición y diversificación de la misma de manera repentina. En la carta, aseguraba lo siguiente: "Hasta donde podemos juzgar, el rápido desarrollo de todas las plantas superiores en tiempos geológicos recientes es un abominable misterio".

Las angiospermas (nombre técnico de las plantas con flores) inquietaban a Charles Darwin porque son “la excepción más extrema” a su teoría de la evolución, tal y como explica William Friedman, profesor de biología evolutiva y director del Arboreto Arnold en la Universidad de Harvard, a BBC Mundo. Este suceso podría haber sido un fundamento de peso para las teorías basadas en la creación de la vida por parte de un ente superior "en otras palabras, no eran producto de un proceso evolutivo, sino de un dios que simplemente dijo: '¡Boom! Háganse las margaritas. ¡Boom! Háganse las gramíneas. ¡Boom! Háganse los árboles de magnolias', y así sucesivamente".

Quizás, durante largos periodos hubo un continente pequeño y aislado en el hemisferio sur donde nacieron plantas superiores"

Darwin intentó buscar explicación a una diversificación de las plantas con flores que ha llevado a la creación de 300.000 especies de forma, aparentemente, rápida. En la carta a Hooker mencionada con anterioridad, el naturalista explica a su colega lo siguiente: "He imaginado que, quizás, durante largos periodos de tiempo hubo un continente pequeño y aislado en el hemisferio sur donde nacieron las plantas superiores".

En relación a esto, en ‘El origen de las especies’, escribió lo siguiente que puede ser de ayuda para explicar el porqué de esa respuesta que dio: "Constantemente sobrevaloramos la perfección del registro geológico y deducimos de forma errada que, como ciertos géneros o familias no se han encontrado en una cierta etapa, entonces no existían antes de ella...constantemente olvidamos cuán grande es el mundo en comparación con el área donde las formaciones geológicas han sido examinadas de forma cuidadosa y que grupos de especies pueden haber existido en otros lugares por mucho tiempo y haberse multiplicado lentamente antes de invadir los antiguos archipiélagos de Europa y de Estados Unidos".

Si bien el mismo Darwin reconoció que esa posibilidad era "miserablemente pobre", y aunque no llegó a descifrar el enigma, nunca abandonó el pensamiento de que en el futuro se descubriría que las angiospermas siguen también las reglas evolutivas que él mismo tejió. En este sentido, Friedman afirma que "hemos descubierto fósiles muy importantes que nos han ayudado a entender las frases tempranas de la diversificación de plantas con flores y hemos logrado grandes progresos sobre todo en los últimos 30 años", y aunque reconoce que aún quedan muchas cosas que no saben sobre este tema, asegura que “todavía estamos convencidos de que los orígenes y diversificación de las plantas con flores no ocurrieron de forma rápida y que la naturaleza no da saltos", dándole, aun sin haberse demostrado, la razón a Charles Darwin ante su “abominable misterio”.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios