la otra cara

El lado oscuro de Disney

La factoría de los sueños se ha convertido en un monopolio imperante que genera millones al año y que, sin embargo, esconde una verdad que pocos quieren ver

Foto: La niña del Napalm de Banksy.
La niña del Napalm de Banksy.

Es la factoría de los sueños. La historia del propio Walt Disney parece el colmo del sueño americano, el pobre muchachito hijo de emigrantes (venía de una estirpe irlandesa) que tenía que repartir periódicos por la noche, a la intemperie, y que terminó fundando el imperio del ratón más famoso de todos los tiempos.

Tiene detractores y críticos, como todo lo que es popular, desde las teorías que hablan de sus supuestos escarceos con el nazismo a la publicidad subliminal de contenido sexual que abunda en sus películas. Por no hablar del machismo de sus primeras princesas. Pero sus defensores son más, y Disney ha aprendido la lección: las mujeres tienen que ser fuertes y valientes, todo el mundo se quejará de los live action pero irá a verlos al cine, y hay que dejar un hueco para las minorías, tanto es así que Ariel será negra en la próxima adaptación de la película.

Los niños del mundo han aprendido sus valiosas lecciones, todos saben lo que significa Hakuna Matata aunque venga del suajili, que la belleza está en el interior o que la flor que crece en la adversidad es la más rara y hermosa de todas. Más allá de sus películas, el imperio dejó la pura animación para convertir los cuentos de hadas en algo real el 17 de julio (interesante fecha para nosotros) de 1955, cuando abrió su primer parque de atracciones, Disneyland, en California. A día de hoy hay varios parques repartidos por el mundo: París, Shanghái, Tokio o Hong Kong albergan uno entre sus filas. La gallina de los huevos de oro no había hecho más que poner los primeros.

Dismaland, el parque terrorífico de Banksy, lucha contra el capitalismo de Disney recordándonos que "la vida no es siempre un cuento de hadas"

Disney ayuda a los más pequeños a conciliar el sueño y a creer en los cuentos de hadas y a su vez es, quizá, el mayor exponente del capitalismo acérrimo actual que impera en nuestra sociedad. El siempre polémico artista inglés Banksy, que parece tener un odio particular a la industria, trató de boicotear el parque en una ocasión entrando encapuchado y con su particular 'atrezzo', su cuadro de Phan Thị Kim Phúc (conocida mundialmente como la niña del Napalm) de la mano de Mickey Mouse y Ronald McDonald es quizá uno de los graffitis más famosos de todos los tiempos, y Dismaland, su parque de atracciones particular, (un trasunto del terror del propio parque Disney) puede visitarse cerca de Bristol. Un parque no apto para niños, macabro que te recuerda al entrar que "la vida no es siempre un cuento de hadas".

Quizá algo parecido deben sentir los trabajadores de Mickey Mouse. Disneyland puede ser el lugar más feliz de la tierra, pero si cruzamos el espejo, cual Alicia, quizá nos encontremos con otra realidad: más del 85% de los empleados del primer parque instalado en Anaheim (California), afirman tener problemas para llegar a fin de mes, según un informe basado en entrevistas a 5.000 empleados. Falta de vivienda, inseguridad alimentaria, horarios de trabajo en constante cambio y largos desplazamientos diarios en una empresa que genera millones de dólares anuales. Y si nos vamos a Asia la cosa empeora, en las fábricas proveedoras de juguetes se encontraron en 2010 niños de 14 años trabajando 79 horas a la semana por sueldos de miseria.

En el lugar más feliz de la tierra los trabajadores se quejan de falta de vivienda, inseguridad alimentaria y sueldos miserables

La revista 'Variety' advierte que hay que tener cierto miedo a la industria, pues es un monopolio que no para de crecer. "Es la compañía que ha tomado el control de todo el futuro", explica Owen Gleiberman en un artículo. "Es dueña de Marvel, de Star Wars, de Avatar... lo tienen todo". Argumenta que una única empresa sea la propietaria de todo el entrenimiento que consumimos tiene el mismo resultado que en '1984' de Orwell tenía el hecho de que cada individuo contara con una televisión en su casa para controlarlos.

El negocio de la nostalgia

Guy Lodge en 'The Guardian' defendía algo parecido, que el estudio está actuando de una manera completamente imperialista: "Ha consumido a todos sus rivales y ha conseguido crear una industria sin ninguna innovación, que es lo que defendía su fundador". Cuatro de sus películas en cuestión ('Avengers Endgame', 'Capitana Marvel', 'Toy Story 4' y 'Aladdin') han sido las más taquilleras del año en los cines en Estados Unidos y han recaudado más de 4,3 mil millones de euros en todo el mundo.

La compañía no para de crecer y ha tomado el control de toda la industria cinematográfica actual, sin generar ninguna innovación

Si cerramos los ojos ante la rueda de la injusticia y el capitalismo que, irremediablemente, una empresa tan poderosa ha de mover siempre, quizá sí podamos creer en los sueños que promueve. El problema es que los mensajes que la obra original, la que tiene aura, si citamos a Walter Benjamin, quizá se pierda cuando se reproduce una y otra vez. Una nueva película de 'El rey león' ya se ha estrenado ya hemos podido disfrutar de 'Aladdin', 'El libro de la selva' o 'La bella y la bestia', y próximamente veremos en nuestros mejores cines 'Mulán' o 'La sirenita' (recuérdese, negra). La repetición constante de clásicos infantiles que ya eran perfectos solo hace muestra, una vez más, de este imperialismo, de un capitalismo sin alma que no para de hacer girar la rueda.

Y, mientras la industria genera dinero, los trabajadores en los parques ganan sueldos risibles por disfrazarse de tu personaje favorito de la infancia. "La premisa de Disney" indica Gleiberman, "es que su marca nunca envejece. Son unos genios boicoteando su propio pasado y se podría argumentar que todo eso realmente comenzó con Disneyland. Tener miedo al futuro de la compañía en realidad es tener miedo al pasado".

En realidad, desde sus inicios, Mickey Mouse cumplió con el sueño capitalista que todos deseamos (el American Way of Life): tiene una casa de ensueño que comparte con su novia, un coche y un perro. Y todo, por supuesto, en el país de las oportunidades, donde todo el mundo, aunque sea una sucia rata como Aladdin, puede convertirse en alguien. Como Walt Disney, al fin y al cabo, que pasó de vender periódicos a ser el animador más importante de todos los tiempos. Quizá, eso sí, sea complicado conseguirlo ganando el salario mínimo en uno de los parques temáticos de la compañía del ratón. Pero siempre nos quedará decir Hakuna Matata.

Alma, Corazón, Vida

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