otra revolución industrial

La trampa de la tecnología que genera mucha desigualdad y produce revolucionarios

Carl Frey, autor que aseguraba en un famoso informe que de aquí a unos años perderemos los empleos, ha publicado un libro en el que advierte de los peligros de la tecnología

Foto: Berlín en 1885. (iStock)
Berlín en 1885. (iStock)

Lo has leído mil veces. Cuando se fraguó la Revolución Industrial allá por el siglo XIX, muchas personas no aceptaron bien el cambio. Conocidos como luditas, fueron aquellos artesanos ingleses que protestaron contra las nuevas máquinas que amenazaban con dejarles sin trabajo. El origen del nombre se basa en una teoría popular, al parecer lo recibió de Ned Ludd, un joven que supuestamente habría roto dos telares en 1779. Carl Benedikt Frey, autor de 'The Technology Trap: Capital, Labor and Power in the Age of Automation' apunta que probablemente tenían razón.

Las generaciones siguientes, sin duda, disfrutaron de los extraordinarios avances que la Revolución Industrial produjo. El mundo sufrió una transformación absoluta, gracias a la mecanización se mejoraron los estándares de vida en Gran Bretaña y en muchas otras partes del mundo. Sin embargo, aquellos que vivieron esta agitación económica masiva no se encontraron entre sus beneficiarios. Friedrich Engels escribió que los propietarios de las máquinas se estaban haciendo ricos gracias a la miseria de sus asalariados.

La trampa de la tecnología

'The Technology Trap' ahonda en esto, pero trasladado a la situación actual. Frey señala que fueron muchas las consecuencias negativas a corto plazo, a pesar de que la Revolución Industrial creara una riqueza y prosperidad sin precedentes a largo: los empleos de ingresos medios se marchitaron, los salarios se estancaron y la desigualdad económica se disparó. ¿Podría ser una funesta predicción de la actual era de la automatización?

Quizá a largo plazo los beneficios de la automatización sean muchos pero actualmente nos encontramos como los antiguos luditas

Su preocupación central es esa. "El mensaje del libro es que esto ya lo habíamos vivido anteriormente", revela Frey. Un sondeo de opinión realizado por Pew Research Center en 2017 reveló que el 85% de los encuestados en Estados Unidos estaban a favor de todas aquellas políticas que restringiesen el aumento de robots. Un impulso ludita que podría volver, sobre todo cuando leemos continuamente noticias alarmantes sobre cómo, dentro de unos años, la mayoría de los empleos tal y como los conocemos habrán desaparecido.

Frey es economista e historiador en Oxford, ha investigado a fondo el tema y es coautor de uno de los estudios sobre automatización más citados. En un artículo publicado en 2013 en el que figura como coautor junto al tecnólogo Michael Osborne, estimaron que el 47% de los empleos en Estados Unidos corrían un alto riesgo de automatización debido al impacto de la Inteligencia Artificial. Como sucedió con la Revolución Industrial, a largo plato la IA podrá resultar en un aumento masivo de la productividad, pero el peligro (y lo que nos afecta) es el ahora, el corto plazo: "Las ganancias podrían distribuirse de una manera desigual y la situación tardaría mucho tiempo en producir verdaderos beneficios para todos", explica. Ese corto plazo puede resultar en toda una vida para algunas personas.

Como bien indicó Engels, las fábricas eran lugares miserables y muy peligrosos para trabajar. Tanto es así que la esperanza de vida en Manchester en 1850 era mucho más corta que en 1760: en el primero, se ha estimado que eran 32 años, en el segundo, 41. El libro también recalca cuán alarmante es que el motivo por el cual la Revolución Industrial se aceleró en Gran Bretaña (frente a otros lugares en los que se estancó), fuera la brutalidad de las autoridades para reprimir la disidencia. Entre 1812 y 1813 más de 30 luditas fueron ahorcados. "La Revolución fue responsable de muchas tecnologias revolucionarias, pero también de muchos revolucionarios políticos", indica Frey.

La experiencia americana fue más halagüeña, porque no se prescindió de la mano de obra y el trabajo dejó de ser tan peligroso y exigente

También hace hincapié en que este oscuro periodo se enfrenta a una experiencia mucho más feliz de la automatización, como fue la experimentada en América en el siglo XX. Indica que la diferencia más significativa entre las dos épocas es que esa tecnología permitía mano de obra y no fue sustitutiva, como sí lo había sido en los siglos anteriores. Algunos trabajos, como los operadores de ascensores o las personas que encendían las farolas, irremediablemente desaparecieron, pero fue un mal menor en un siglo en el que se mejoró el bienestar a la mayoría de los trabajadores. El trabajo dejó de ser tan peligroso o físicamente exigente y, por primera vez, apareció la clase media.

Otra cuestión frecuente y que Frey también aborda es esa desaparición de la clase media con la que parecen amenazarnos muchos titulares actualmente. Según los estudios, aunque muchas personas creen que forman parte de ese grupo heterogéneo al que se dirigen los políticos constantemente en los mitines, en realidad se está dirigiendo hacia la extinción. En muchas ocasiones se ataca la globalización y la inmigración como los culpables de la última "dislocación" social, pero Frey sostiene que en realidad la culpa de todo ello lo tiene la revolución tecnológica. "Solo la mitad de los estadounidenses nacidos en 1980 están mejor que sus padres", indica.

El autor sostiene en el libro que la clase media está desapareciendo a pasos agigantados por culpa de la revolución tecnológica

El libro también señala cómo la cantidad de robots en Estados Unidos aumentó un 50% entre 2008 y 2016 y cada uno de ellos reemplazó a unos 3,3 empleos. Destaca una interesante correlación entre aquellos Estados con mayor densidad de robots (Michigan, Wisconsin, Pensilvania), pues todos apoyaron la presidencia de Trump. Al centrarse predominantemente en el mundo angloamericano, Frey solo cuenta una parte de la historia tecnológica global. La perspectiva en Asia es muy diferente, especialmente en China, donde los robots se han adaptado mucho mejor, aumentando la productividad de una población que envejece.

Aunque plantea un argumento, también falla en establecer respuestas satisfactorias. Es escéptico de la Renta Básica Universal y su conclusión es que los avances en la tecnología no son el destino al que tenemos que dirigirnos. "En un mundo donde la tecnología crea pocos empleos y una enorme riqueza, el desafío es de distribución", explica. Solo nos queda saber si nos adaptaremos al cambio o, por el contrario, nos convertiremos en luditas y trataremos de acabar con los robots. Ellos, según las Tres leyes de la robótica, no podrán jamás hacernos daño deliberadamente.

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