DECENAS DE DENUNCIAS EN LOS ÚLTIMOS AÑOS

“La hostia está asegurada”: por qué España no hace nada ante los resbalones en piscinas

Es muy fácil caerse a causa del agua o un suelo inapropiado, pero es un fenómeno que apenas se ha estudiado y que ha producido decenas de litigios en la última década

Foto: Las piscinas municipales, donde más lesiones se producen. (EFE)
Las piscinas municipales, donde más lesiones se producen. (EFE)

“Se resbalan muchísimo; depende del suelo, pero en general así es”. “En las piscinas con baldosa con relieve no, pero en otras donde el suelo es muy liso y muy mono, hay que ir con mucho cuidado cuando está mojado”. “Donde yo trabajé la gente no tenía problemas porque el suelo era bueno. Pero si le ponen la mierda de baldosa que resbala… Las hostias están aseguradas”. Basta con desempolvar agenda y preguntar a antiguos socorristas para comprobar que el resbalón forma parte tan esencial del paisaje piscinero como el helado, la crema solar o el gracioso que salta a bomba.

Con cáscara de plátano mediante o sin ella, caída de culo o no, es uno de los recursos clásicos del 'slapstick', el sumun de la risa tonta. Sin embargo, no tiene nada de divertido. Cada año, alrededor de 2.000 españoles mueren por caídas involuntarias, la segunda causa externa de mortalidad más frecuente por debajo de los suicidios pero por encima de los accidentes de tráfico. Se produce un millón de ingresos hospitalarios anualmente por esta razón.

¿Por qué, entonces, se destina gran cantidad de tiempo y dinero a la seguridad vial y mucho menos a esta cuestión? Es una de las preguntas que se hacía Joaquín Gámez de la Hoz, profesional del Servicio Andaluz de Salud, cuando se lanzó a investigar los resbalones en piscinas y se topó con un par de detalles llamativos. Primero, que es una clase de accidentes (perdón, 'sucesos lesivos') que apenas se ha estudiado —no existe ningún estudio epidemiológico—; segundo, que de 2000 a 2015 se han producido al menos 125 sentencias judiciales relacionadas con resbalones en piscinas. La mayoría, procesos largos, costosos y en los que el demandante tiene casi todas las de perder. En ocasiones, se han alargado hasta una década.

Una loseta deteriorada, una escalera mal atornillada y suelos construidos con material inadecuado para evitar resbalones suelen ser los culpables

La punta de un iceberg cuyo tamaño probablemente sea mucho mayor, ya que la inmensa mayoría de accidentes no pasan de la consulta del médico. “Me resultan pocos si comparamos con los datos del INE a nivel global por resbalamiento”, señala el médico. Basta con ojear las sentencias para descubrir que, aunque no sean letales —no hay ninguna sentencia por fallecimiento tras una caída— sí es relativamente frecuente que produzcan lesiones en piscinas municipales (un 43,2% de los casos), hoteles, parques acuáticos, balnearios, gimnasios o clubes deportivos.

En una esquina del ring, una loseta deteriorada, una escalera mal atornillada o suelos construidos con material inadecuado; en la otra, trabajadoras incapacitadas por un traumatismo, veraneantes accidentados o fiestas de la espuma sin vigilancia que terminan en el hospital. Estos son algunos de los protagonistas secundarios de las más recientes sentencias en las audiencias provinciales, que, como añade Gámez, suelen concluir de manera semejante: desestimadas, porque sigue primando la mentalidad de que los accidentes ocurren. La realidad es que la mayoría de accidentes son fácilmente prevenibles, pero no hay gran voluntad por atajarlos.

“En las lesiones que identificamos, no hay tanta imprudencia como para llegar a la conclusión de que el usuario es más responsable de su propia lesión que el operador, que es el que está obligado proveer una serie de medidas de protección”, explica. En alrededor de un 40% de los casos, las causas fueron imputadas por el juez al usuario por imprudencia, distracción o mero azar, pero por su experiencia, el biólogo es “reacio” a aceptarlo: “Las piscinas necesitan un mayor nivel de profesionalización que no tienen ahora mismo”.

Según los resultados del estudio de Gámez, alrededor del 44% de las denuncias se debe a causas que se podían haber prevenido, como la insuficiente protección de los suelos, señalización o refuerzo. “Medidas básicas”, en sus palabras. Sin embargo, en España sigue siendo habitual entre el estamento judicial asumir que hay riesgos inherentes a disfrutar de un baño, cuando lo que falla es el mantenimiento y la señalización. “Podría dar la impresión de que los resbalones son impredecibles, cuando en realidad son sucesos que pueden prevenirse”, concluye el autor —junto a Ana y Marta Padilla— en su trabajo.

España, una vez más

Una paradoja que nos lleva a la raíz del problema, que es la escasa delimitación de las especificaciones técnicas en la legislación española, lo que se traduce en que cada cual hace lo que quiere y, a menudo, se mira hacia otro lado. “En España, hasta hace poco, las prescripciones legales se enunciaban en términos muy genéricos”, explica Gámez. Un ejemplo es la utilización de la palabra 'antideslizante', que en términos técnicos significa poco o nada, aunque los peritos no dejen de usarla. O simplemente se interpreta como que el suelo es rugoso, algo que no garantiza su seguridad.

Solo se ha adoptado en la legislación la norma internacional de seguridad en Navarra

Aunque la norma internacional UNE 13451 sobre el equipamiento para piscinas detalla lo necesario para garantizar la seguridad del usuario, esta no ha sido adoptada en las comunidades españoles en su legislación, algo “raro”, para el investigador, con una única excepción: la comunidad autónoma de Navarra. En el resto de regiones, quizá por la dificultad competencial (entre la salud y la seguridad) o por ser normas cuya aplicación supondría una carga económica a los operadores, hay una gran resistencia a imponer las medidas de seguridad necesarias. Entre unos y otros, la piscina sin barrer.

Es difícil aislar las razones concretas por las que se produce un resbalón peligroso, concede el autor, y hay multitud de condicionantes. Desde los contaminantes (aceites, cremas, jabones y otras suciedades o, como en una de las sentencias analizadas, el funesto envoltorio de un polo) hasta una señalización incorrecta, pasando por un mal mantenimiento de las instalaciones o alguna cervecita de más.

Cuidado: curva peligrosa. (iStock)
Cuidado: curva peligrosa. (iStock)

Lo que sí está claro es que no hay zona más letal que la conocida como playa o andén que rodea el vaso, es decir, nuestro viejo amigo el borde de la piscina. Le siguen los peldaños de acceso y las duchas de los vestuarios. Para evitar el resbalón, amigo bañista, utilice calzado: solo en seis denuncias aparecen en escena.

La mayoría de lesiones se producen en las piernas, seguidas por brazos, tronco y, afortunadamente, la cabeza en último lugar. Las fracturas son la lesión más frecuente de las denunciadas, seguidas por dislocaciones, esguinces y torceduras.

Murcia, la rebelde

Como es previsible, el número de denuncias se multiplica en la costa mediterránea, donde se acumulan la mayor parte de piscinas de España. Cataluña, de la Costa Dorada a la Costa Brava, es la comunidad que mayor porcentaje aporta, con un 13,6% de casos, seguida por la Comunidad Valenciana y Andalucía, con un 12,8%. Los casos se multiplican en verano (más de la mitad se producen entre junio y agosto), con una temporada altísima en agosto (22,6%).

Lo que resulta más sorprendente es que, atendiendo al número de denuncias por población, hay comunidades sensiblemente más litigiosas que otras. Es el llamativo caso de Murcia, donde, con el mayor número de denuncias por habitante, son particularmente cañeros, lo que entre otras razones explica por qué el estudio ha sido publicado en la Universidad de Murcia. O Galicia, con la diferencia de que los traspiés suelen producirse en balnearios o 'spas'.

Las mujeres, más

Otro dato llamativo. Una amplia mayoría de las denuncias (hasta un 71,2%) está interpuesta por mujeres, es decir, a razón de dos hombres por cada cinco lesionadas. Aún más sorprendente por el hecho de que, como recuerdan los autores, ellas caminan mejor o, según el término utilizado en la literatura científica, su “patrón de la marcha es mucho más cauteloso”.

La edad no es particularmente condicionante. Aunque se considera que los adultos tienen más cuidado que los niños, los accidentes por resbalón en pequeños de entre cuatro y 15 años fue mucho menor (7,2%) que los de los adultos de entre 21 y 76 años (92,8%). Se puede leer de otra manera: es más fácil que denuncie un adulto que se ha hecho daño que el padre de un niño que se ha resbalado. La gente que se resbala suele hacerlo andando (un 65,6%) más que corriendo (2,4%), pero también subiendo y bajando las escaleras (17,6%) y entrando y saliendo de la piscina (8%).

Detener el 'victim blaming'

Si tiene previsto visitar una piscina en los próximos días, apunte por si acaso: fíjese en las acumulaciones de agua, aunque no sean grandes cantidades, y tenga cuidado con las superficies sin las condiciones suficientes. Como recuerda una y otra vez Gámez, no se fíe por completo de las zonas rugosas, porque la ausencia de peligro depende de la ejecución o de la capacidad de retener agentes contaminantes: “Se necesita o bien mantenimiento con revestimiento de pintura antideslizante o tratamiento erosivo de cierta rugosidad”.

Pero, sobre todo, exija que la piscina que visita cumpla los estándares de seguridad, ya que es una responsabilidad compartida con las administraciones, y recuerde que los accidentes no tienen por qué ocurrir. Ni jugar con los márgenes de beneficios ni escatimar en mantenimiento: algo tan tonto como un resbalón es otra pequeña muestra de cómo la eterna lucha entre el usuario y el operador por ahorrarse un puñado de euros puede amargarle el verano a cualquiera.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
6 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios