valorada en 13 millones

El hombre que se compró una isla y se fue después de una noche

El inversor inmobiliario Albert Sutton adquirió hace 14 años una paradisíaca porción de tierra cerca de Manhattan. Ahora la vende arreglada y seminueva

Foto: Foto: iStock.
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"Ningún hombre es una isla por sí mismo", escribió el poeta John Donne. "Cada hombre es una pieza del continente". Alguna vez habrás oído que Johnny Depp se compró una porción de tierra situada al sur de Nassau (Bahamas), por unos tres millones de euros, aproximadamente. Parece algo al alcance solo de las estrellas de Hollywood, eso de huir del mundanal ruido marchándote a un lugar paradisíaco como los niños de 'El señor de las moscas', pero con un resultado mejor. Tumbado en la arena, con un coco entre tus manos y los rayos del sol acariciándote las pestañas. Parece un plan impagable, ¿no?

Albert Sutton, un inversor inmobiliario debió tener una idea similar. Pagó hace catorce años más de un millón de dólares (88.563.500 euros aproximados) por una isla privada y, no contento con eso, se compró otra, emulando a 'celebrities' de la talla de Leonardo DiCaprio, Mel Gibson o el mencionado Johnny Depp. ¿Lo mejor? Ni siquiera notaría el jet lag al llegar, pues mientras las de los actores se encuentran en el Caribe y el Pacífico, a la suya se puede viajar en bote a través de Long Island Sound y se encuentra a menos de una hora al norte de Manhattan.

Una isla al sol

Lo primero en lo que pensó Sutton al adquirir la isla no fue en el buen retiro espiritual que había adquirido sino en todo el dinero que tendría que invertir para poder vivir en ella. La isla de Columbia, es decir, su isla, es una de las decenas que se encuentran en las costas de la ciudad de Nueva York y son bastante pequeñas. En total el inversor lleva gastados más de 8 millones de dólares (unos 7 millones de euros aproximados), en renovaciones, paneles solares, una unidad de desalinización para agua potable o puertas importadas de metal grueso de Noruega a prueba de huracanes.

En los 90, Donald Trump quiso comprar una de las muchas islas que hay alrededor. Los rumores dicen que Ivanka pretende adquirir ahora otra

Sin duda son originales los nombres de las islas que se encuentran a su alrededor: Potato Island, Pea Island, Rat Island (según los rumores, Ivanka Trump está interesada en ella), Davids Island (que en la década de los 90 Donald Trump intentó comprobar pero acabó abandonando ese plan) o Tavern Island. Quizá para aquellos que no podemos ni soñar con adquirir una porción de tierra en medio del mar es un tanto extraño comprenderlo, pero los propietarios lo tienen claro: la privacidad es primordial. "A falta de piratas que lleguen, es bastante segura", indicó en una entrevista para 'The New York Times' John Campbell, propietario de una casa en las Islas Thimble, a las afueras de Connecticut. "Hoy en día mucha gente valora una escapada donde los vecinos no son entrometidos ni ruidosos porque no existen".

Pero para Sutton no fue idílico. "Las he puesto en venta por 13 millones", señala. "Gasté mucho dinero en ellas, comencé con este periplo cuando tenía 70 años y ahora tengo 85, ya no me siento tan aventurero. En 2015 compré la isla Pea, que está al lado y solo tiene árboles (y el doble de tamaño), así la persona que decida adquirirlas no tendrá que preocuparse de tener ningún vecino a la vista". El único edificio en la isla de Columbia fue construido como base para retransmitir radio, pero la estación se trasladó a otro lugar en la década de los 60.

Sutton, por su parte, es un coleccionista en potencia. Su hobby es comprar. Comenzó a invertir en bienes raíces en la década de los 80 y también compró un edificio entero en Prince Street en Mahattan, después un segundo, al otro lado de la calle. Mantuvo las fachadas de las tiendas, que proporcionaron ingresos al comprar más bienes raíces. Cuando se enteró de que podía adquirir esas islas tan cerca de Nueva York, no dudó ni un momento. "No pude resistirlo, por entonces la isla pertenecía a un club de yates cercano pero yo era muy arrogante. Fue amor a primera vista".

Solo he pasado una noche en la isla. No invertía para disfrutarla, sino para que fuera hermosa por sí misma

Sin embargo, poseer una isla no era como comprar un edificio. No solo tuvo que invertir en la casa (además de cambiar las puertas también tuvo que hacerlo con las paredes y revestirlas de hormigón para que el agua no se filtre), también el paisajismo era un reto: "Planté unos arbustos que, con el agua salada, acabaron muriendo. Ahora tengo moras y cerezos". Y también optó por los mencionados paneles solares en el techo, que funcionan también en los días nublados: son dos generadores de 50 kilovatios.

Quizá lo más impactante es que solo ha pasado una noche en la isla en los 14 años que lleva siendo de su propiedad. Otra persona habría gastado todo ese dinero en mejoras para su propia comodidad y apartarse, por fin, del mundanal ruido al menos una vez al año. Navegar a ese reducto inexpugnable que la mano humana ha convertido en un lugar habilitado para vivir. Pero esas personas no son Sutton, él ni siquiera se lo planteó por un momento. "Nunca se me ocurrió que debería pasar más tiempo allí", admite. "Simplemente trabajaba e invertía en ella para convertirla en una isla hermosa por sí misma", concluye.

Alma, Corazón, Vida

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