'EQUALITY FOR WOMEN'

"España tiene un problema al permanecer amarrada a una cultura machista"

El director de Indicadores Globales y Análisis del Banco Mundial, Augusto López Claros, publica un análisis para abordar la desigualdad de género a nivel mundial

Foto: Augusto López Claros.
Augusto López Claros.

Augusto López Claros habla alto y claro. Es propio de alguien como él, un economista internacional de largo recorrido con experiencia en órganos tan importantes y decisivos para la economía mundial como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Para su último trabajo, se ha decantado por investigar cuáles son los efectos concretos de la desigualdad de género en la economía nacional e internacional de hasta 100 países. Titulado 'Equality for women = Prosperity for all' (St. Martin's Press) ha indagado junto a la novelista iraní Bahiyyih Nakhjavani en la evolución de los derechos civiles de la mujer desde 1960 hasta 2010, tomando como ejes principales la demografía, el mercado laboral, la cultura patriarcal o la educación. El Confidencial se ha puesto en contacto con él para hablar sobre cómo podemos avanzar a una ciudad más justa e igualitaria.

PREGUNTA. Los tres pilares sobre los que se sustenta el libro son ley, mujer y riqueza. ¿Cómo se relacionan?

RESPUESTA. La inspiración para este libro fue un banco de datos que construimos en el Banco Mundial a lo largo de los últimos diez años. La premisa fue el hecho de que las leyes, las constituciones o los códigos civiles de diferentes países del mundo consentían explícitamente la discriminación contra las mujeres. Algunos países, por ejemplo, imponían restricciones a su movilidad, por la que ella tiene que tener la autorización del marido para poder viajar. Otros exigían por ley registrar los activos de la familia a nombre del marido, lo cual no le permitía a la mujer utilizar estos activos para obtener un préstamo del sistema financiero, por lo que la capacidad de emprendimiento quedaba anulada.

Estamos saliendo de un período de cientos de miles de años en el que hemos arrastrado los valores de una sociedad patriarcal

También muchas normas imponían restricciones a las mujeres en el trabajo. En Rusia, por ejemplo, hay 156 profesiones que están prohibidas para ellas. ¿Cuáles? Por ejemplo, el sector energético, ocupado en su mayoría por hombres y con un sueldo mucho mayor respecto a la media. Esto produce una brecha enorme entre salarios, lo cual empeora la desigualdad económica porque si la mitad de la población no tiene acceso a alguna de las ocupaciones mejor pagadas, se está contribuyendo a aumentar esa desigualdad. Entonces, decidimos diseñar un banco de datos que nos ofreciera una imagen completa y actual de todas las formas de discriminación e instrumentos legales de 189 países. Eso nos permite investigar correlaciones entre el número de discriminaciones, por un lado, y sus correspondientes efectos en la economía. También analizamos cuáles son las cosas que los países han hecho hasta ahora para promover la igualdad.

P. ¿Cómo abordasteis el análisis?

R. Hace unos cuatro o cinco años en el Banco Mundial sentimos la necesidad de tener una especie de perspectiva histórica para ver los progresos globales en igualdad de género. Entonces, lo que hicimos es tomar 17 indicadores de carácter legal donde se analizan los aparatos legislativos y cómo discriminan a la mujer. Comparamos el año 1960 con el 2010 de un grupo de 100 países. Fue un trabajo ingente, ya que tuvimos que leer las diferentes constituciones, códigos civiles… de todos esos países en el año 1960 y en el 2010. Lo que descubrimos es que se ha hecho mucho progreso, sobre todo en África. Hace 50 años las condiciones de las mujeres allí eran terribles, se trataba de una discriminación masiva y muy violenta en prácticamente todo el continente. En el año 2010 se ha hecho una mejora enorme. Si tú miras los datos en esos años todavía no hay igualdad, pero la cosa ha cambiado muchísimo.

El hecho de que hoy en día en España la ley no discrimine a la mujer no quiere decir que no haya una brecha de género

Las regiones del mundo en las que menos progresos se han dado son los países de Medio Oriente y el norte de África. Hay una nación en concreto, de entre esos 100 países, donde la situación de las mujeres es mucho peor en 2010 que en el año 1960: Irán. Los progresos efectuados en los años 60 y 70 se vinieron abajo en 1979, cuando acaeció la revolución islámica de Jomeini, la cual supuso una gran marcha atrás en las condiciones de la mujer. Luego está la India, la cual en un futuro no muy lejano tendrá más habitantes que China. La participación de las mujeres en el Parlamento hindú tiene una representación de solo el 12%. Casi todo son hombres, por lo que las decisiones políticas están tomadas con base en los privilegios masculinos. India es un país donde está uno de los más grandes focos de analfabetismo del mundo. Solo apuntar que el gobierno se gasta más en subsidios para la gasolina que en educación para capacitar y dar acceso a la lectura y escritura a cientos de millones de personas.

P. Usted ha trabajado para diversos foros mundiales y globales, especialmente económicos. ¿Cree que estas cumbres internacionales han obrado hasta ahora con contundencia a la hora de atajar la desigualdad de género?

R. Las Naciones Unidas se fundaron en 1942, pero la Carta de las Naciones, aprobada en San Francisco en 1945, reza que los países miembros explícitamente se comprometen a la igualdad de género como un principio básico. En las décadas posteriores, especialmente con el periodo de descolonización, se fueron incorporando muchos países, entre ellos España, y luego muchos otros de África, Surasia… Ahora, tiene 193 miembros y cada uno de esos países debe suscribir la Carta fundacional que reconoce la igualdad de género como un principio básico. Lo que ha ocurrido en las últimas décadas es que se ha progresado y han mejorado las condiciones de las mujeres en el mundo. La Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoció este derecho de una forma más fuerte y explícita, como un principio fundamental de la esfera internacional. Lo que ha ocurrido es que estamos saliendo de un período de cientos de miles de años en el que hemos arrastrado los valores de una sociedad patriarcal en la que las mujeres han sido unas ciudadanas de segunda o tercera categoría. Desde esa Carta, el mundo se encuentra en un periodo muy largo de discriminación activa contra las mujeres de diferentes partes del mundo. Pero sí que ha habido progresos en las últimas décadas y las condiciones de la mujer son mucho mejores que hace 50 años, aunque todavía tenemos mucho por hacer.

P. ¿Cómo ve a España dentro de este marco internacional y en comparación con otros países en cuanto a derechos femeninos y oportunidades económicas?

España es un caso muy interesante. Primero en cuanto a discriminaciones explícitas legales no hemos podido identificar ninguna. España está en un pequeño grupo de países en el que no hemos identificado ninguna restricción contra la mujer explícitamente incluida en su legislación, por lo que es un marco legal muy claro y transparente que no discrimina. Esto es muy bueno, hay que celebrarlo. España en ese sentido está dentro de un grupo privilegiado de países como Noruega u Holanda. En segundo lugar, el progreso realizado desde el franquismo ha sido brutal. Si reparas en cuál era el papel de la mujer por aquella época... En los últimos 40 años se ha hecho un avance importantísimo. España llama muchísimo la atención y es encomiable. Pero, el hecho de que hoy en día en España la ley no discrimine a la mujer no quiere decir que no haya una brecha de género. Es decir, siempre hay una diferencia entre la legislación y lo que ocurre en la práctica. España es un país en el que no hay una incorporación tan acusada de la mujer en la política o en el liderazgo empresarial como por ejemplo ves en Suecia o Dinamarca, donde ha habido una incorporación masiva de la mujer en la toma de decisiones, ya sea en el ejecutivo o el legislativo.

Hoy hay en China un déficit de cerca de 60 millones de mujeres, lo cual tiene muchísimos efectos económicos, políticos o sociales

En tercer lugar, existe un gravísimo problema de violencia doméstica. Los datos para España no son nada alentadores, se trata de un problema muy serio. A pesar de que existe una legislación que protege a la mujer de la violencia doméstica, sigue habiendo muchos casos. Y no solo se entiende como violencia de género a una agresión física. Creo que tiene un problema de índole cultural o histórico que le hace estar amarrada a esa cultura machista, propio de un país que está saliendo de muchos años de machismo y con una gran cultura patriarcal. Y ahora está tratando de ubicarse en un contexto de igualdad.

P. Gran parte del trabajo que han realizado las mujeres a lo largo de la historia no ha sido reconocido ni mucho menos pagado. Me refiero por ejemplo al cuidado de ancianos o niños, así como a las tareas del hogar. ¿Cree que hay más conciencia de este servicio ofrecido de forma gratuita y camuflado en torno a una serie de prejuicios machistas?

R. Sí, tenemos indicadores del PIB que básicamente arrojan un valor de cero a la hora de contabilizar como actividad económica. Este indicador tiene grandes fallos y posee muchas limitaciones a la hora de medir el bienestar social. Siempre se ha menospreciado esta clase de valores y trabajos realizados por ellas y ahí hay algo que debe cambiar. Es un grave problema. España, al igual que otros países de Europa y del mundo, tienen un problema de segmentación en este mercado de trabajo en el cual las mujeres están más presentes en servicios como educación primaria o enfermería, con una renta muy baja en comparación a los oficios asignados a los hombres, como ingeniería, matemáticas o la investigación científica. Entonces, eso contribuye a acrecentar la brecha salarial y a crear un ambiente en el que se cuestiona las capacidades de las mujeres en áreas que son consideradas tradicionalmente masculinas. Esto es una mala asignación de recursos, porque toda la evidencia científica sugiere que las mujeres son tan capaces como los hombres de realizar los mismos trabajos. Además, estamos haciendo una asignación de recursos muy poco eficiente, y eso va a deparar caídas en el capital humano y un gran impacto en el crecimiento económico y el bienestar social.

P. Hay medidas demográficas muy controvertidas en países aparentemente desarrollados como China como la política del hijo único. El Partido está ahora intentando tumbar esta política por los riesgos demográficos que presenta pasado el tiempo. ¿En base a qué preceptos surgió esta polémica ley? ¿Qué les ha llevado a echarse para atrás o reconocer su error?

R. Sí, este es un tema que tratamos con mucho detalle en el libro. China, como la India o Corea, son ejemplos de culturas en las que tradicionalmente ha habido una preferencia por los hijos. En el caso de China esto se vio acentuado con la política de solo permitir un niño por familia. Lo que ocurrió entonces fue que después de que se introdujeran tecnologías para conocer el sexo del feto antes de que naciera, hubo un uso indiscriminado del aborto. Entonces, con el paso de las décadas esto redundó en un desequilibrio muy grande entre hombres y mujeres que bajo condiciones naturales podían existir en un país. Hoy en día, hay un déficit de aproximadamente 60 millones de mujeres en China, lo cual tiene muchísimas consecuencias económicas, políticas o sociales.

Si las religiones no tienen la intención expresa de modernizarse, dejarán de ser relevantes en el mundo de hoy en día

Tiene hasta implicaciones en el mercado inmobiliario. Hay estudios que han demostrado que en aquellas regiones donde hay una mayor porcentaje de hombres que de mujeres, el precio de las casas es mucho más elevado, porque aparentemente los padres, al ver que existe un déficit de mujeres tan acusado, temen que su hijo varón no encuentre nunca una novia o una esposa con quien construir una familia. Por ello, adquieren viviendas para que luego el hijo las ofrezca a sus potenciales parejas como voto matrimonial: para hacer a los hijos más competitivos en el mercado del matrimonio. Es un ejemplo impresionante de cómo una política demográfica de hace décadas tiene un gran impacto en la economía del país. Pero solo es un ejemplo. El déficit de mujeres lleva a asuntos más graves, como un repunte del crimen, secuestros… El aborto, que está impulsado para dar preferencia vital a hijos frente a hijas, no es un problema característico de China, sino de la India y muchos más países. Ahora bien, habiendo dicho todo esto, hay que decir que el gobierno ha tomado conciencia de este problema y hace unos años comenzó a relajar esta política de una forma sustancial. Se ha dado cuenta de que hay unos altos costes sociales que van a tener implicaciones en décadas futuras, porque el avance demográfico no es algo que se soluciona de la noche a la mañana.

P. Usted propone como factor clave para avanzar en igualdad a la educación. Pero, ¿y si esa educación que brinda un Estado o una institución es positiva, pero luego la recibida en el ámbito privado o familiar es negativa?

R. La educación es motor del crecimiento económico. A mayor educación, más serán las herramientas para tener un futuro y salir de esta injusticia. Podemos verlo en diferentes niveles. Los padres juegan un rol muy importante en la educación de los niños, especialmente en la de los valores, la cual es un tanto menospreciada en el proceso educativo. Por otro lado, nosotros hablamos del concepto de escolaridad, por el cual las niñas al igual que los niños aprenden a leer y a escribir a la misma edad. A mi me parece que la educación empieza mucho antes que los cinco años. Una mujer que durante el embarazo fuma y bebe está minando las capacidades cognitivas que vaya a tener su hijo una vez nazca. Ahí ya hay un impacto muy importante en la educación, tenemos que verla como un proceso mucho más largo y completo que comienza incluso mucho antes del nacimiento del bebé. Una vez llega a la vida, los primeros años son los más críticos. ¿Qué es lo que ocurre en lugares con altos índices de desnutrición o de enfermedades como la diarrea o la varicela, sobre todo en países del África subsahariana? Cuando el niño cumple 3 años, sobre todo si ha sufrido episodios de desnutrición, va a tener sus capacidades cognitivas muy afectadas en el futuro, a pesar de que en ese país haya oportunidades educativas a través de la escuela. Por tanto, la educación debemos verla como una etapa que arranca mucho más atrás en el tiempo, no solo como un problema de escolaridad, de aprender a leer y escribir.

El fascismo actual no es más que un síntoma de unas políticas públicas que han descuidado el problema de la desigualdad económica

Por otro lado, está el conflicto entre la educación pública o privada. En muchos países del mundo en las últimas décadas, sobre todo a nivel universitario, han surgido universidades privadas que han tratado de suplir algunos déficits de las públicas con resultados positivos, ya que en ellos el gobierno no atendía la demanda de una educación superior. Lamentablemente hay regiones del mundo como África en la que los gobiernos no tienen una mentalidad en la que crean que el Estado debe de proveer una educación superior. Yo creo que no es una política buena, especialmente en países que no ofrecen incentivos económicos a su sistema educativo. En África es un problema muy serio, porque está entrando en un período en el que se van a ir incorporando a la bolsa de trabajo cientos de miles de jóvenes. África es el continente del mundo con las tasas de fertilidad más altas, y en las siguientes décadas va a haber un crecimiento poblacional muy grande, por lo que habrá una gran demanda de educación superior para que los jóvenes se formen. Por tanto, debe haber un cambio en la mentalidad de estos gobiernos.

P. La religión ha funcionado siempre como estandarte de esos valores tradicionalmente machistas. ¿Cree que ahora, con la figura del Papa Francisco y su mensaje conciliador contra los históricos enemigos de la Iglesia (sobre todo homosexuales) está evolucionando y sumándose a pequeños pasos a los ideales feministas?

R. Yo creo que hay una actitud más sana hoy en día. Se han dado cuenta de que la mujer no puede estar sujeta a los postulados tradicionales de cuidar niños o realizar las tareas del hogar, sino que puede estar en política o dirigiendo grandes empresas. Ahora bien, yo creo que parte de la discriminación de la mujer tiene un trasfondo cultural religioso, es algo que lleva miles de años manifestándose en prejuicios y actitudes arraigadas dentro de la fe religiosa. Y eso creo que es algo que hay que reconocer y cambiar, ya que forma parte de nuestra herencia cultural. Estamos en el siglo XXI, no en el IV, cuando se establecieron las bases teológicas de la discriminación de la mujer en el cristianismo. Tenemos que reconocer que la religión tiene que irse adaptando a las condiciones de un mundo en continuo cambio y transformación. No podemos pretender que en el siglo XXI vayamos a permanecer anclados a ciertos elementos culturales religiosos que tuvieron gran importancia en el pasado, pero que ya no tienen ninguna relevancia hoy en día. Si las religiones no tienen la intención expresa de modernizarse, dejarán de ser relevantes en el mundo. Si continúan así, anclados en criterios antiquísimos, creo que van a perder importancia. Es lo que está ocurriendo de hecho. Es bien conocido que el porcentaje de la población religiosa en Europa ha decaído muchísimo en las últimas décadas. Esto demuestra que la religión no se ha modernizado, no ha avanzado ni ha adaptado sus criterios a los cambios políticos y culturales que se han dado en el mundo. En el libro abogamos por incorporar el principio de igualdad de género en la fe cristiana.

P. El auge de la extrema derecha en los países occidentales como reacción a ese movimiento feminista parece que envenena los sueños de una sociedad mucho más igualitaria. ¿Cree que volveremos a los antiguos fantasmas del pasado?

R. Yo creo que el auge de la extrema derecha es debido a que los gobiernos no han dado la importancia que se merece a la desigualdad económica. Como consecuencia de cambios en la tecnología o la economía global, ha habido un desplazamiento de los centros y fuentes de trabajo de los países industrializados hacia mercados emergentes. Esto ha llevado a que, por ejemplo en Estados Unidos haya un grupo mayoritario de población que se siente vulnerable ante estos cambios económicos. Hay gente allí que ha visto que sus fuentes de trabajo se han trasladado a China, India o México, y no han sabido encontrar las oportunidades para modernizar sus capacidades y talentos, para reinsertarse, saber ver las áreas de la economía que sí que estaban generando riqueza y empleo.

Entonces, los gobiernos no han invertido en la bolsa de trabajo ni diseñado políticas que permitan a estos grupos de gente vulnerable que se sientan más protegidos por la globalización. Ello ha llevado a un crecimiento de la extrema derecha en algunos sectores de la población, que ha respondido a la llamada de los demagogos. El fascismo de hoy en día no es más que un síntoma de unas políticas públicas que no han dado importancia al problema de la desigualdad económica, el cual es muy serio, ya que no solo afecta a lo económico. Si uno mira cómo se han distribuido los beneficios en los últimos treinta años, el 65% de los aumentos en los ingresos mundiales han sido concentrados en el 5% superior de la población más rica. Son datos muy preocupantes. Sí, somos mucho más ricos a nivel global que hace 30 años, pero eso solo se ve reflejado en los estratos superiores de la distribución de ingresos. Lo ha generado un problema económico, más que político. Y ahora mismo, la gente está muy ansiosa por, de una vez, solucionar estos problemas.

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