BENEFICIOS E INCONVENIENTES

La ducha de agua fría contra la de agua caliente: el veredicto

Tu cuerpo reacciona de manera diferente con temperaturas altas o bajas. Lavarse es algo esencial en una rutina saludable, pero ¿cómo afecta a tu salud?

Foto: Rihanna en un fotograma de 'Bates Motel'.
Rihanna en un fotograma de 'Bates Motel'.

Seguro que lo has pensado alguna vez: ¿qué es mejor ducharse con agua fría o con caliente? ¿Cuál nos reporta mayores beneficios? Es cierto que darse una con una temperatura baja a veces no es del gusto de todo el mundo porque incluso en verano la mayoría prefiere que esté a una sensación térmica parecida a la de su cuerpo.

¿Entonces? ¿Cuál debemos elegir? Todo depende de lo que quieras conseguir. Si pones la temperatura entre 34 y 38 grados obtendrás un efecto relajante, sirve para aliviar los dolores musculares y combate el insomnio o las cefaleas tensionales, pero no es mejor para curar los resfriados, la gripe o descongestionar las vías respiratorias. Y no te abre los poros como se le atribuye normalmente.

Darse una con agua fría en pleno invierno puede considerarse un hecho de valentía. En estos meses gélidos, la mayoría de los mortales al menos una vez al día prefiere lavarse con caliente. No obstante, la tendencia está cambiando desde que se conocen los múltiples beneficios de meterse en una bañera a bajas temperaturas.

Aunque el que ya lo haga se crea un pro, no lo es. El empleo de agua fría o hidroterapia ya era usada hace siglos por el médico de la Antigua Grecia, Hipócrates. La mayoría de los estudios de exposición al frío implican la inmersión del enfermo en agua a baja temperatura, pero también existen métodos alternativos de terapia con agua helada, como baños y duchas frías, que parecen tener efectos similares.

¿Ayuda a adelgazar?

Un estudio descubrió que aquellos que se duchaban con agua helada tenían un 29% menos de enfermedades, como un resfriado, que los que no lo hicieron. Pero además de tener muchos beneficios es posible que afecte a tu metabolismo. Al igual que influye la ingesta de fibra o la calidad del sueño, la temperatura del agua también le afecta. No vayas tan deprisa. No vas a perder tres kilos por darte una ducha, pero según el gastroenterólogo e internista Niker Sonpal, cuando tu cuerpo tiene frío debe aumentar su temperatura para calentarse, lo que requiere energía (quemando calorías) y conduce a un mejor control del peso.

Los dermatólogos aseguran que es mejor ducharse con agua templada, pero los Navy Seal afirman que debes empezar con caliente y acabar con helada

"Las duchas con temperatutas elevadas son excelentes para relajar los músculos, pero no son útiles ni dañinas para el metabolismo. Después de las comidas, trata de esperar al menos una hora antes de ir a la ducha. Al igual que nadar, puede retardar la digestión ya que la sangre fluye a otras partes del cuerpo", explica el experto.

¿Qué es preferible?

Seguramente la virtud se halla en el "justo término medio", decía Aristóteles. Muchos dermatólogos recomiendan que el agua esté templada, a unos 30 grados, ¿pero entonces obtendremos los mismos beneficios? ¿Se puede hacer algo? Sí. Debes empezar con caliente y terminar con helada. ¿Por qué? Esta es la técnica que utilizan los Navy Seal para sus duros entrenamientos.

Ducharse con agua fría activa y acelera tu metabolismo. Las bajas temperaturas hacen que tu cuerpo necesite energía y queme calorías

Clint Emerson, antiguo soldado de EEUU, asegura que "aunque parezca una tortura, es una terapia que te mantiene saludable, reduce la inflamación de tus articulaciones, vasoconstriñe todo tu cuerpo y te permite seguir adelante, probablemente sin ninguna lesión". De hecho, una investigación publicada en 2016 en 'PLOS One' daba, hasta cierto punto, la razón a los defensores de los jarros de agua fría a primera hora de mañana.

Después de analizar lo que ocurría con 3.000 participantes que habían tomado duchas calientes que concluían con un toque de agua fría, llegaron a la conclusión de que estos cogían un 29% menos de días de baja por enfermedad. Sin embargo, no es que se pusiesen menos malos, sino que solían acudir al trabajo con mayor frecuencia incluso cuando se sentían malos. ¿Por qué? Los investigadores sugerían que podía deberse a que estaban más acostumbrados a experimentar una sensación de malestar corporal. Además, los participantes que se daban una ducha fría solían mostrar mayores niveles de energía en su día a día.

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