¿UN 2X1 EFICAZ O BURBUJA?

El 'boom' de los dobles grados: arrasan en selectividad, pero tienen su lado oscuro

El 'top' de las carreras con una nota de corte más alta son dobles titulaciones, cuya oferta se ha triplicado en los últimos años, pero no todo son ventajas

Foto: Esta semana, los alumnos realizarán la evaluación de Bachillerato para el acceso a la universidad. (EFE)
Esta semana, los alumnos realizarán la evaluación de Bachillerato para el acceso a la universidad. (EFE)

En 2009, recién salida del instituto, a Lupe no le pareció mala idea cursar una doble titulación. “Periodismo no era lo que más gracia me hacía, pero vi una oportunidad en estudiar dos carreras en una, sin tener muy claro realmente cómo funcionaba aquello”, explica. Como se quedó a una décima de entrar en la Universidad Carlos III de Madrid, decidió decantarse por la Rey Juan Carlos, “que por aquel entonces no tenía tan mala fama”, matiza. El resultado, “un desastre”: “En segundo, ya sabíamos que aquello era un despropósito”. Aunque influyó que fuese una de las primeras hornadas del Plan Bolonia, Lupe reconoce que, como sus compañeros, “pensaba antes de entrar que iba a ser una educación muy completa”. No fue así: “Pasamos de puntillas por todo”.

Los dobles grados florecieron a partir del Plan Bolonia, enraizados en el abono de la crisis y el paro juvenil, y se han convertido en la joya de la corona en muchas universidades españolas al ofrecer la posibilidad de obtener dos títulos por un poco más de dinero y esfuerzo (generalmente, dos años más). La URJC, por ejemplo, presume de ser la universidad española que más titulaciones de este tipo oferta: 78 dobles grados por 81 grados convencionales. Casi, casi al 50%. En toda España, según los datos del Ministerio de Educación, el año pasado hubo 1.080 programas, por 3.323 grados únicos. En 2014, eran apenas 345. Aunque suelen proliferar en las carreras de letras (Derecho y ADE es una de las clásicas), han terminado convirtiéndose en los que más dificultades de acceso presentan.

Los dobles grados son algo tan castizo como los toros y la tortilla de patatas, algo que solo se hace en España

300.000 alumnos se enfrentan desde el pasado lunes a la evaluación de acceso a la universidad, la 'nueva' selectividad, cuya nota determinará dónde pueden estudiar. La mayoría de ellos (un 95,34% el pasado año) aprobará, pero que consigan entrar o no en un doble grado es otra cuestión. El pasado año, los programas con una mayor nota de corte en toda España fueron dobles grados: el de Matemáticas y Física en la Universidad Complutense (13,773), el de Estudios Internacionales y Derecho en la Carlos III (13,493) y el de Física y Matemáticas en la Universidad de Zaragoza (13,429) ocuparon el 'top 3'. En total, 14 de ellos superaron el umbral de los 13 puntos.

No se trata únicamente de que sean los más demandados por los estudiantes, sino también de que el número de plazas ofertadas es sensiblemente más bajo. En Matemáticas y Física de la UCM, por ejemplo, se ofertan 25 plazas, por 142 en el grado de Matemáticas. Unos datos que explican también por qué el nivel de abandono suele ser menor (un 22,2% en el doble grado por un 36,65% en el sencillo): la alta nota de corte es una garantía de que los mejores estudiantes acceden a dichos programas. Sin embargo, son mucho más exigentes, ya que la carga docente es mayor y exigen “cambiar de chip”. Como explica Alberto Fernández, subdirector del Servicio de Admisión de la Universidad de Navarra, “no todo el mundo vale para un doble grado”.

¿Fuera de control?

Uno de los grandes críticos del sistema de doble grado es Jesús Fernández-Villaverde, catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania, que en 2017 publicó un artículo titulado “Los dobles grados: una idea fuera de control”. En él, recordaba que esta fórmula prolongaba artificialmente los años de estudio a cambio de una “formación superficial”, como si se tratase de la expresión definitiva de la célebre titulitis. Fernández-Villaverde, que estudió la doble licenciatura de Derecho y Empresariales sin quedar satisfecho, concluía que el problema no era únicamente de aplicación sino de raíz.

Resulta más sencillo burocráticamente crear un doble grado que un nuevo grado desde cero

“Se sustituye calidad por cantidad”, explica a este medio desde Oxford, donde es catedrático visitante. “En vez de enseñar a los estudiantes a pensar e investigar de manera independiente, se cree que la mera acumulación de asignaturas 'crea' algo de valor”. En otros países del ámbito anglosajón, añade, existen los “grados conjuntos”, donde se seleccionan las asignaturas más importantes de otras áreas de conocimiento, como ocurre en Economía Matemática de la Universidad de Penn, donde imparte clase. “Los dobles grados son algo tan castizo como los toros y la tortilla de patatas, algo que solo se hace en España”.

Se puede afirmar que el “fuera de control” es, en muchos casos, literal, ya que, como recuerdan los críticos, los dobles grados no se someten a los mismos controles de verificación por parte de la Aneca, al ser una combinación de los ya existentes. Por ello, resulta más sencillo burocráticamente crear un doble grado que un nuevo grado desde cero. Tan solo en los últimos años se han comenzado a adoptar normativas específicas en algunas regiones, como Asturias. En opinión de Fernández-Villaverde, hay poca planificación detrás de muchos de estos dobles grados, que son “un mero corta y pega”. Y no duda en dar nombres: “El doble título de Economía y Matemáticas en la Complutense es un serio candidato al programa de estudios peor diseñado de la historia de España”.

¿Y la privada?

En los centros privados, que se rigen por sus propios criterios de admisión, los dobles grados también se han abierto camino. Como explica Alberto Fernández, desde que la Universidad de Navarra inaugurase su primer doble título hace más de 10 años (Derecho y ADE o Económicas, su programa estrella aún hoy), han ido con pies de plomo, aunque ya son 18 de 69: “No se trata de una moda pasajera, desde luego”. Su idea, explica, es que el programa responda a las necesidades del mercado laboral. La mayor dificultad de estudios provoca que, al igual que en la pública, el análisis de los perfiles de los estudiantes de doble grado sea más minucioso que el de los de grado.

Fernández apunta a una doble tendencia en las demandas de los estudiantes, aparentemente contradictoria: “Por una parte, los que quieren terminar muy pronto de estudiar con unos conocimientos muy específicos, y por otra, los que consideran que el periodo de formación es muy importante y que una buena formación inicial les evitará tener que cursar después varios másteres, y salen con un perfil más redondo”. Son estos los que se decantan por el doble grado. Las empresas, añade, ven interesante contar con dobles perfiles entre sus trabajadores. ¿Burbuja de dobles grados? Fernández responde que “es responsabilidad de cada universidad dar opciones a corto plazo sin vender el medio”.

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