un vacío interno difícil de llenar

Esta es la chica a la que miles de hombres miran todas las noches

Todos los días sigue el mismo ritual: se sienta frente a su móvil y comienza a relatar su vida a completos desconocidos. ¿Por qué?

Foto: Foto: iStock.
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"Mi rutina comienza siempre a la misma hora: las siete de la tarde. Estoy sentada en mi apartamento en Manhattan, mirando a mi teléfono. Me dirijo a cientos de extraños" cuenta Aria Wyn. ¿Profesión? Bueno, quizá no tenga un nombre real, pero es un claro ejemplo del mundo actual: cada noche muestra su vida ante cientos de ojos desconocidos y se desnuda para ellos.

A medida que empieza a hablar, con algunas frases que no son excesivamente originales, "¿cómo estáis? Ha sido un día tan largo" (hace un puchero), el número de personas que han entrado a observarla aumenta: 300, 400, 500. Preguntan cosas como si está soltera, de dónde es o en qué parte de la ciudad reside. Ella, por supuesto, inventa la mitad de las cosas, puesto que no son importantes, lo único que tiene que hacer es entretenerlos un rato más.

Todas las noches me siento frente a la cámara y divago mientras los desconocidos me observan y ofrecen regalos

La aplicación que utiliza se llama BIGO LIVE, y es en la que retransmite ese pedacito de su vida en directo. Se trata de una plataforma que ha ganado gran popularidad en Asia y que ha comenzado a expandirse a otras partes del globo. Ella es una embajadora de la marca, según se describe, su función es atraer usuarios. "Me he convertido en un hámster, lo más importante es que debo alcanzar una cuota mensual de lo que ellos llaman 'frijoles'. No es complicado pero sí frustrante, los espectadores tienen la opción de enviarme regalos y esto se transfiere a mi cuenta de frijoles. El número de personas que entran a verme es lo de menos, lo que importan son los frijoles, si no tengo los suficientes cancelarán mi cuenta a final de mes".

Los frijoles

Los frijones se transfieren en dinero real, 300 de ellos equivalen a un solo dólar, por lo que hay muy pocos espectadores tan generosos como para donar una cifra que realmente repercuta. "Aunque hay excepciones", apunta. "Por ejemplo, Anthony, que es un fanático regular y que siempre me sintoniza en su camino a casa desde la biblioteca. Cada vez que entra me da un regalo y lo anuncia a todos los espectadores. A estas alturas es como si fuera su esclava, le encanta recordarme que estoy obligada a responder todas sus preguntas debido a los regalos que me envía. Normalmente quiere que le diga mi nombre real, y como no lo hago siempre me amenza con que dejará de obsequiarme con regalos".

¿Por qué lo hace? Bueno, la respuesta es sencilla: "Hay un número que recorre mi cabeza continuamente... 750 dólares (668 euros). Por eso lo aguanto. Es mi sueldo. Sacrifico tiempo por esto, cincuenta horas al mes. Cuanto más contenta me muestro, más guapa, más simpática... más dinero recibiré, es mi única motivación. En cuanto a ellos, ¿por qué lo hacen? Quizá es más difícil de discernir, ¿por qué se sientan cada día para ver a una chica sentada en una habitación más pequeña que una caja de zapatos, mientras divaga? Esta es la nueva soledad a la que nos estamos enfrentando".

Todo esto le está pasando factura, asegura. "Cuando camino por la calle noto todos los ojos posados en mí, me estoy volviendo paranoica" relata en 'Narratively' ."Creo que cualquiera que pasa puede haber visto mis vídeos, o quizá son mis padres o amigos. Al mismo tiempo me siento cada día más cansada, mis conversaciones comienzan a perder sentido, como cuando me grabo sentada en mi cama sin tener nada que decir".

Hay un número que recorre mi cabeza continuamente mientras me grabo, los 750 dólares que conseguiré a final de mes

La historia no termina de la mejor forma. Aria cuenta que, en una ocasión, mientras hablaba como cada noche, comenzó a recibir todo tipo de comentarios insultantes de hombres que aseguraban que la querían violar y que la insultaban sin parar. Le llamó la atención, pues cuando había firmado el contrato la compañía le había asegurado que hacían un control exhaustivo para que no sucedieran esas cosas. Fue aún más sorprendente cuando al cabo de un rato le mandaron un mensaje penalizándola, decían que había hecho contenido pornográfico y que iban a bloquear su cuenta. "No me desnudé, hice exactamente lo mismo que todas las noches, fue cuando comencé a pensar en dejarlo todo".

Así ha sido. No se arrepiente, a pesar de que la repentina recisión del contrato sin duda ha afectado a su situación financiera. "Mis hermanos mayores me están ayudando, pues me da demasiada vergüenza hablar con mis padres", explica. "Uno paga mis facturas, otro me ayuda con la comida. Sigo trabajando para vivir, por supuesto, pero la diferencia es que ahora puedo mirar a mis compañeros a la cara y mi sonrisa es verdaderamente genuina, no impostada. He llegado al final del laberinto. He terminado de recorrerlo".

Alma, Corazón, Vida

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