celos e inseguridades

Las estrellas porno y sus relaciones de pareja: "Debe tener claro lo que hago"

¿Es posible ser trabajadora sexual y hacer un hueco al amor? Una de ellas cuenta su experiencia de primera mano después de diez años en el negocio

Foto: Foto: iStock.
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"Mi relación con Sam comenzó en un club de striptease" así comienza la historia de Andre Shakti (nombre ficticio), estrella del porno. "Mi carrera comenzó en un club. Llevaba bailando seis meses en The Crazy Russian y, sorprendentemente, todos mis amigos de la universidad me apoyaron. Venían regularmente a verme y aquello, aunque suene raro, me hacía feliz. Así fue como le conocí, cuando uno de mis compañeros trajo a un nuevo grupo. Yo bailaba en la barra y él me observaba, fue la primera vez que nuestros ojos se cruzaron".

Ser trabajadora sexual y tener pareja puede ser una combinación, cuanto menos, curiosa. La confianza y la comprensión deben ser las máximas de la pareja o, de lo contrario, todo puede saltar por los aires. En el caso de Andre, que lo relata en la revista masculina 'Men's Health', todo empezó viento en popa, contra todo pronóstico. "Los meses siguientes a ese encuentro fortuito implicaron que nos vieramos en muchas más ocasiones", por supuesto, esa chispa no duró mucho. "La falta de atracción sexual no fue lo que terminó con nuestra relación, fue su obsesión con el hecho de que me desnudara".

Rompió una regla: quería que bailara para él en la intimidad, sin entender que eso es un trabajo que hago por remuneración

No tenía nada que ver con los celos sino con el fetiche que Sam tenía en mente. "Se presentaba en mi trabajo sin previo aviso, se colocaba cerca de la barra y me animaba, lo cual era muy raro. Conseguía que el resto de mis clientes se apartaran. No solo eso, contó a sus padres y amigos con aparente orgullo que yo era striper. En una ocasión, tras una cena y en casa, me pidió que bailara para él: 'Imagina que estamos en el club', fue lo que me dijo, mientras acercaba una silla plegable".

Las reglas

¿Tienen las trabajadoras sexuales alguna regla no escrita para sus propias relaciones íntimas? Andre asegura que sí: "No puedes hacer un espectáculo de striptease si no quiere pagarte por ello. Es un trabajo. Él rompió este pacto sin palabras hasta tres veces, yo, por mi parte, necesitaba dejar claro el límite y eso fue lo que hizo que termináramos. Fue la primera vez pero no la última, desde que lo hago muchas personas hacen constantes suposiciones sobre mi vida o mi infancia y creen que tienen derecho a estar conmigo porque han visto alguna de mis escenas pornográficas. No funciona así".

Hay algo en lo que las stripers coinciden, una cosa es la identidad que han forjado en su empleo y otra la real, y no deben confundirse. "Todas queremos tener pareja", apunta Andre. "Como cualquier persona, el problema es que no soportan las preguntas invasivas. Y hay algo fundamental y quiero dejar claro: muchas no nos sentimos conectadas con el personaje que hemos creado y por eso no queríamos hablar de ello. No somos esa persona más que trabajando y no nos gusta que se nos confunda".

Si yo fuera chef, ¿tendría que hacerle la cena a mi marido después de un día de trabajo agotador? Pues esto es igual

"Lo más difícil es tener que convencer a tu pareja de que tu trabajo es solo eso, una forma de ganarte la vida. A menudo pasamos mucho tiempo de nuestras relaciones tranquilizando a nuestro compañero de que lo que ven en vídeos es falso. Yo, por ejemplo, he tenido que repetir mil veces que cuando estoy en el set paso frío, no hay una verdadera intimidad porque mucha gente me está mirando y lo último en lo que pienso es en lo cachonda que estoy. Todo eso lo digo continuamente para que no haya celos, ¿es mentira? ¿Es verdad? Como sucede en la vida, donde no hay blancos o negros, la mayoría de nosotras no estamos entusiasmadas con nuestros trabajos, pero tampoco es tan raro que pueda surgir algo especial con algún compañero".

Por suerte, a día de hoy, a Andre la vida le sonríe. "Mis últimas relaciones han sido con chicos que trabajan en mi sector, así que cuando tengo, por ejemplo, una grabación en la que practico sado, no tengo que sentirme culpable por cuando llegue a casa y tenga que fingir que no he sentido ninguna clase de atracción por mi compañero en el set de rodaje. No amenaza a mis relaciones lo más mínimo. Después de casi una década de trabajo tengo muy claro lo que quiero, y mi pareja ha de comprender lo que hago y saber que merece respeto. ¿Esperaría que si fuera chef llegara a casa después de una larga jornada y le preparara una suculenta cena? Pues esto es igual. Se trata del respeto", concluye.

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