ENTREVISTA CON EKAITZ CANCELA

"Muchas personas que escriben artículos dejarán de ser necesarias"

Las transformaciones que está viviendo el periodismo son una buen pista de todos los cambios que está provocando este capitalismo tecnológico y financiarizado

Foto: Ekaitz Cancela. (Eduardo Robaina)
Ekaitz Cancela. (Eduardo Robaina)

'Despertar del sueño tecnológico' (Ed. Akal), el nuevo libro de Ekaitz Cancela (Barakaldo, 1993), ahonda en uno de los asuntos esenciales de nuestro tiempo, la digitalización. La forma en que las grandes empresas tecnológicas están transformando el mundo, su papel en una economía financiarizada y las repercusiones para España y Europa que estos cambios están produciendo son analizadas desde la mirada del filósofo. Adorno, Benjamin y Morozov se citan en un texto muy necesario para entender todo lo que nos estamos jugando.

PREGUNTA. Warren Buffett señalaba hace pocos días que el periodismo está acabado, que la gente compraba el periódico para ver los anuncios, las ofertas y las novedades, y que ahora hay medios mucho más eficaces para ese propósito. Es una peculiar concepción del periodismo.

RESPUESTA. El mundo ya no se rige por ese sistema financiero que permitía a Buffett mantener el 20 por ciento de las acciones de 'The Washington Post' mientras aconsejaba a Katharine Graham sobre las decisiones bursátiles del periódico. En la era digital, Jeff Bezos es el dueño del Post y ha visto una nueva oportunidad de negocio en la prensa. No se trata de mercantilizar la información periodística haciéndola indistinguible de la publicidad, sino de que ha convertido a este periódico en algo más innovador: un proveedor de software, de automatización de contenidos gracias a Amazon Web Services, el brazo con mayor margen de beneficio de esta compañía. Es un cambio estructural que las imprentas hayan sido sustituidas por tecnologías cuya propiedad es privada. Este cambio histórico es algo que debe politizarse cuanto antes. De lo contrario, quedaremos atrapados en las infraestructuras de cuatro o cinco multimillonarios.

P. ¿Los medios de comunicación y las tecnológicas son aliados o rivales?

R. Hay capitalistas, que son empresas como Google y Facebook, una pequeña burguesía compuesta de pequeños editores que se alían con ellas, o reciben becas que compran su voluntad, y una clase que produce los contenidos. El trabajo enormemente precarizado de estos últimos es crear artículos virales para posicionarlos en un buscador, rellenar los índices de Google y que esta empresa facture miles de millones al año mediante su negocio de publicidad. A cambio de producir estos datos, con un enorme valor, los profesionales del mundo periodístico reciben un poco de reputación online y enormes dosis de enajenación. Por eso, estos gigantes tecnológicos son enemigos del trabajador.

Hay riesgo para la democracia cuando una de sus bases, la esfera pública, se privatiza y mercantiliza bajo alegres discursos sobre la digitalización

P. Últimamente hemos hablado mucho de cómo se ha creado una esfera comunicativa paralela, y a veces más efectiva que la de los medios de comunicación, a través de instrumentos como Whatsapp.

R. Existe un enorme riesgo para nuestras democracias cuando una de sus bases, la esfera pública, se privatiza y mercantiliza completamente bajo alegres discursos sobre la digitalización. La información es un elemento fundamental en la toma de decisiones o la deliberación racional. Si estas lógicas pierden peso en favor de la mera creación de rentabilidad, acabamos asistiendo a escándalos como Cambridge Analytica. Se han creado nuevos mercados basados en la manipulación política o corporativa de las conciencias y se han eliminado esos procedimientos democráticos que deben enfrentar posturas y llegar a acuerdos. Como canal de comunicación de toda esta desinformación, Whatsapp introduce una nueva vuelta de tuerca. Debemos erigir nuestras sociedades sobre infraestructuras públicas, donde el mercado no tenga tanto peso.

P. ¿Cómo se consigue ese objetivo?

R. Existen dos opciones. Una es que los grupos de ultraderecha lleguen al poder, tomen el Estado y la tendencia autoritaria del neoliberalismo se extienda gracias a las capacidades tecnológicas. Un ejemplo es el creciente rol de las plataformas corporativas en el ámbito federal a la hora de aplicar las represivas leyes de inmigración en los EE. UU. La otra opción, y esta es la que defiendo, implica proponer una agenda a su izquierda que entienda la tecnología como una palanca para impulsar transformaciones económicas más amplias (en relación a la política industrial), sociales (recuperar y blindar los servicios públicos) o pensar en formas de democracias más radicales entregando más poder de decisión a los ciudadanos.

España parece una colonia vendiéndose a empresas privadas americanas o chinas. Es hora de que hablemos de la lucha por la soberanía tecnológica

P. ¿Cuál será el papel de la izquierda respecto de este mundo digital?

R. La izquierda española, al contrario que las derechas o que la socialdemocracia, no tiene un discurso ni una ideología clara en este asunto. Aunque también es cierto que sus oponentes, a excepción de figuras como Luis Garicano, no tienen una agenda más allá de dejar libre este vacío político para que sea la ideología tecnocapitalista quien lo ocupe. Administraciones públicas que se relacionan con sus ciudadanos gracias al proxy de Facebook, servicios sociales que funcionan como Google, o estrategias de ciberseguridad diseñadas gracias a la nube de Amazon y Microsoft. Existe una oportunidad para introducir todos estos asuntos en el debate público y movilizar a la sociedad civil en favor de utopías alternativas. Corremos el riesgo de no despertar del sueño y sumirnos cada vez más en esta distopía capitalista.

P. Si las tecnológicas van ganando, es porque otras grandes empresas capitalistas salen perdiendo. ¿Hay contradicciones entre las élites?

R. El capitalismo es, entre otras cosas, una cuestión de competencia. Y esta se da en términos bélicos: unos ganan, otros mueren. Aunque también existen alianzas. Telefónica se ha aliado con Facebook para proveer infraestructuras móviles rurales, dos tercios del Ibex están alojados en servicios de la nube de Microsoft, Google o Amazon para ahorrar costes y elevar su tasa de beneficio. Bankia, gracias a los nuevos sistemas de pago digital de Apple o Facebook, consigue muchos más datos, como por ejemplo sobre la capacidad de endeudamiento de sus usuarios, y puede ofrecer mejores servicios financieros. El precio es que, sumado al capital social que Facebook tiene, esta empresa asuma nueva funciones de gobernanza algorítmica. España parece una colonia en el sistema capitalista vendiéndose a empresas privadas americanas o chinas. Es hora de que hablemos de la lucha por la soberanía tecnológica, y no solo a nivel nacional, sino también europeo.

Debemos abandonar los esquemas neoclásicos y entender que el poder de Google o FB, más que sobre la publicidad, reside en los datos

P. ¿Cuál será el papel que jugará Europa en este nuevo entorno?

R. La UE ha estado al amparo de EEUU desde la Segunda Guerra Mundial para mantener su posición en el mundo. La diferencia es que el auge de China, junto con el desarrollo de la industria tecnológica, le ha desplazado del centro geopolítico hacia una posición cada vez más subalterna. A excepción de Alemania, y probablemente Francia, los distintos Estados nación necesitarán adquirir tecnología extranjera para poder desarrollar sus economías, las cuales, valga la redundancia, cada vez serán más subdesarrolladas. Todo esto ocurre de la mano de la obsesión comunitaria por soluciones tecnocráticas que no dejan de alimentar a los movimientos populistas de derechas. Ante este escenario, estrategias conjuntas mucho más ambiciosas y radicales son necesarias. Cosas tan básicas a nivel europeo como que la política fiscal tenga en cuenta a estos gigantes o que el aseguramiento de la privacidad o el encriptado forme parte de los nuevos derechos humanos europeos. También una inversión mucho mayor, complicada sin revertir las políticas de austeridad que ponen techo al gasto, por infraestructuras de software o centros de datos europeos. Desde estos puede distribuirse el poder computacional hacia los Estados aunque también hacia las ciudades o las regiones. Además, las autoridades que deciden sobre las políticas de competencia deben abandonar los esquemas neoclásicos y entender que el poder de Google o FB, más que sobre la publicidad, reside en los datos y en los mercados de servicios, como el de inteligencia artificial, que ofrecen gracias a ellos. Ni China ni EEUU tienen una concepción del Estado de bienestar como la europea, la cual desaparecerá completamente como sigamos creyendo en las promesas de los mercados libres. ¿No es suficientemente evidente el repliegue proteccionista de estos gigantes?

P. ¿Por qué son tan importantes los datos? Mucha gente dice, bueno, pueden tener mis datos para la publicidad, pero son poco efectivos, no suelen acertar. A lo mejor les estamos dando demasiada importancia...

R. Hay que dejar claro que los datos son el recurso fundamental de la economía digital, pero también que existen dinámicas capitalistas más amplias. Los datos siempre han existido, pero ahora componen infraestructuras similares a la energía o la electricidad, son extraídos como nunca antes gracias a tecnologías como el internet de las cosas y son el centro para el desarrollo de la inteligencia artificial, lo que crea nuevas formas de consumir y producir. Los datos aseguran la ventaja competitiva de unas pocas empresas que llevan años acumulando datos y gastando mucho dinero para entrenar a sus sistemas de inteligencia artificial en el uso intensivo de datos.

Los medios fueron los guardianes de la información, pero ya no lo son. Otras empresas controlan todo el ecosistema de conocimiento

Los datos crean cantidad enormes de feedback, permiten tener información en tiempo real de todos los intercambios en el mercado, de toda la experiencia sensorial en las ciudades, de qué ocurre cuando cogen un coche, o de si se encienden las luces en una calle. Todo está mediado por los datos, de forma que las tecnologías digitales pueden sumirnos en un presente eterno sumido en las lógicas del capital o contribuir a nuestra emancipación alegre.

P. Dedicas buena parte del tu libro a esta interconexión entre las tecnológicas y el mundo de la información ¿Cómo afectará todo esto al periodismo?

R. Los medios de comunicación han sido los guardianes de la información durante dos siglos, pero ya no lo son. Hay una serie de empresas que controlan todo el ecosistema de conocimiento y los canales de comunicación. Las imprentas periodísticas han sido vistas por Google o Facebook como un obstáculo para el libre flujo de mercancías. Quienes engrasaban sus páginas se seguirán sometiendo a una descarnada competencia para adaptarse a estas desiguales relaciones de producción.

P. ¿Qué medios españoles van a sobrevivir?

R. Desde la perspectiva de Google y Facebook, aquellos que paguen por sus servicios para seguir informando, tengan una marca que asegure suscriptores o modelos de negocio fuertes. Hablamos de 'El País' y con más dificultad 'El Mundo'. El primero ya se puede leer a través de Amazon Alexa o Google Home. Además, esta última empresa le ha entregado cuantiosas becas para que diseñe innovadoras tecnologías. La pregunta es más bien qué ocurre cuando la producción, distribución y reproducción ha sido tomada por estas empresas, y si será necesario tanto excedente de trabajo. No hay que ser un genio para entender que muchas personas que escriben artículos dejarán de ser necesarias con la rápida llegada a las redacciones de los sistemas de automatización o los bots. La tecnología no es algo dado, sino un producto histórico del capitalismo, y este exige ahorrar costes para asegurar la rentabilidad. Esto determinará los modelos de negocios de los medios. Si logran adaptarse sobrevivirán y si no los medios y la clase periodística precaria que los sustenta será objeto de un nuevo ERE tecnológico. Pasará como con Uber, que cuando tengan coches automatizados, ya no necesitarán conductores. Estos provocan pérdidas, no son rentables para sus inversores.

Los datos, un tesoro cultural como cualquier biblioteca, nos permiten planificar la economía de un modo distinto

P. El próximo movimiento en la prensa digital es el pago por lectura. ¿Funcionará?

R. Sí, pero en casos muy específicos y tras una inversión considerable. 'The New York Times', un periódico de las élites, tiene una base amplia de lectores y por tanto dinero en efectivo para invertir 25 millones de dólares en un plan de suscripciones a largo plazo. Con una buena estrategia de negocio y la ayuda de Google seguirá manteniendo los mercados que siempre han tenido y probablemente lo amplíe porque sus competidores perderán peso. Para ello, incluso ha adquirido startups como Wirecutter. 'The Guardian' también tiene suscriptores gracias a su labrada marca como altavoz liberal, es decir, ha conseguido que la gente pague por una suerte de Ong periodística. En España, 'El País' tendrá recorrido, que ha hecho un gran movimiento en el mercado colocando a una figura reputada al frente de un periódico carcomido por los rectores. Y quizá también algunos editores con buen sueldo que labraron su marca como representantes mediáticos del 15M, algo tan cuestionable como que lo sea el PSOE. En cualquier caso, la oferta mediática se reducirá considerablemente, no sin antes empeorar las condiciones laborales de los periodistas situados en la escala más baja. Básicamente, hoy una suscripción es mucho más barata que antaño.

P. Además de las referencias a Walter Benjamin, el libro tiene un curioso aire al Adorno de 'Dialéctica de la Ilustración'.

R. Debo parte de mi influencia a la Escuela de Frankfurt, pero no sólo. Evgeny Morozov criticaba recientemente su “pesimismo elitista” y su incapacidad para ver más allá del consumo. Por eso prefiero aquella recomendación de Benjamin: entender la posición del autor en el proceso de producción. Eso es lo que me lleva a proponer la colectivización de los medios de producción y a entender los datos como un bien común de los ciudadanos, y no propiedad de los capitalistas tecnológicos. Se trata de acceder a estos datos, un tesoro cultural como cualquier biblioteca, para contemplar las posibilidades que permiten a la hora de planificar la economía de un modo distinto al que dictan los mercados. Podemos diseñar nuestra sociedad de forma que se favorezcan el altruismo y la solidaridad. También crear economías más sostenibles ecológicamente, feministas y que pongan el foco en la redistribución de los recursos y del poder.

Alma, Corazón, Vida

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