ESCÁNDALO EN ALABAMA, CONMOCIÓN EN EEUU

El brutal informe que saca a la luz lo peor que puede llegar a pasar en una cárcel

Son 53 páginas que ponen los pelos de punta, y en las que se detalla el resultado de más de dos años de investigaciones en cuatro cárceles. Algo huele a podrido en el estado americano

Foto: Un preso de la cárcel central para hombres de Los Ángeles. (Reuters)
Un preso de la cárcel central para hombres de Los Ángeles. (Reuters)

Es febrero de 2018, y un prisionero de la cárcel de Bullock (Alabama) decide recurrir a los oficiales para comunicarles que siente miedo por su integridad física. Les explica que lleva tiempo recibiendo amenazas, después de que otro recluso le robase el teléfono móvil que él tenía que guardar. Al no pagar el dinero correspondiente por la pérdida, los dueños del aparato le habían golpeado varias veces. Un día después, el prisionero apareció muerto. Según la autopsia, había fallecido a causa de un traumatismo cerebral que había ocasionado sangrado interno y hemorragia en el tallo cerebral.

Mejor suerte —o peor, según cómo se mire— corrió un mes después otro preso, en este caso, de la cárcel de Ventress, apenas a media hora en automóvil de la primera. Uno de los tenientes de la prisión fue informado de que alguien estaba siendo torturado en una de las celdas. Finalmente, consiguió dar con él y le condujo a la enfermería. Según el testimonio del herido, había sido “atado, quemado y torturado durante dos días”. No era lo peor. En el proceso, le habían introducido un palo de escoba por el recto. ¿La razón? Haber denunciado una agresión sexual semejante el mes anterior. Los chivatos no sobreviven.

Encontraron su cadáver días después. Había sido estrangulado y le habían grabado el número 1636, lo que significaba que era un 'chivato'

Un par de años antes, en 2016, los oficiales de la cárcel de St. Clair encontraron un cadáver boca abajo en su cama. Su cara estaba completamente plana, un signo de que llevaba en esa posición probablemente días. La razón de la muerte, estrangulamiento. Pero había otros detalles llamativos en el cuerpo. El número 1636 había sido grabado en la “caja torácica” del asesinado. Según el lenguaje de las bandas callejeras a las que pertenecía, la cifra significaba 'pecado moral', por lo que muy probablemente había sido eliminado por soplón o traidor. Apenas había durado unas horas desde que fue liberado del confinamiento solitario, donde se encontraba por su propia protección.

No son excepciones, sino dos muestras entre centenares de lo que ocurre en las cárceles del estado de Alabama. Un informe pionero y recién publicado por el Departamento de Justicia de EEUU ha revuelto la conciencia de los ciudadanos del país, al desvelar que la violencia en las prisiones es “severa, sistémica y exacerbada”. La tasa de homicidios en los centros de dicho estado es ocho veces la media nacional, y la situación solo ha sido a peor en los últimos años. Durante el último lustro, la violencia entre presos se ha duplicado, y entre el 50% y el 75% de los prisioneros posee alguna clase de arma. No es exclusivo de Alabama: en Oregón y Washington, 306 personas han muerto en la cárcel durante los últimos 10 años, muchos de los cuales han acabado con su vida; en Florida, hasta 428 fallecieron en 2017, como recuerda 'The New Republic'.

Una semana en la vida de una cárcel

El informe, 53 páginas de puro terror, es el producto de un proyecto gestado durante los últimos estertores de la Administración Obama y desarrollado a lo largo de más de dos años en cuatro prisiones de Alabama, para el que se ha entrevistado a 270 presos. Las conclusiones no pueden ser más negativas. No solo la violencia física o sexual es rampante, sino que hay una preocupante aceptación de la misma: “Los trabajadores aceptan los altos niveles de violencia y abusos sexuales como algo normal, incluyendo la idea de que los prisioneros son sometidos a vejaciones como una forma de pagar las deudas que han contraído con otros”. A menudo, las agresiones sexuales son clasificadas como “actividad homosexual”. En los casos de dos personas que habían sido asesinadas (una de ellas acuchillada y la otra golpeada hasta fallecer) se dictaminó que su muerte se debía a “causas naturales”.

Uno de los presos fue detenido mientras corría por el pasillo. Se dio la vuelta para mostrar al oficial que tenía un cuchillo de 20cm clavado en la cabeza

Como ejemplo del día a día en las cárceles, el informe da la bienvenida a los lectores con este diario que recoge lo sucedido durante las siete primeras jornadas de investigación:

Viernes. Tres apuñalamientos, entre los que se encuentra este escalofriante relato que tuvo lugar en la cárcel de Bibb: “Dos prisioneros hacían guardia a las puertas del Hot Bay, un dormitorio con literas. Al fondo, sin que se les pudiese ver desde la puerta, otros dos comenzaron a apuñalar a su víctima. Esta gritó pidiendo ayuda. Otro intentó ayudar y también fue apuñalado. El primero consiguió llegar a las puertas del dormitorio. Los otros internos golpearon las puertas para llamar la atención de seguridad. Cuando llegó un oficial, encontró al prisionero en el suelo, sangrando por el pecho. Murió desangrado”.

Sábado. Una paliza, incautación de drogas (metanfetamina y “masa de galletas”).

Domingo. Dos palizas, un apuñalamiento, una violación y esto: “Un prisionero fue despertado de su sueño y otros dos comenzaron a golpearle con un calcetín lleno de candados de metal”.

Un guarda sujeta una de las armas requisadas en la cárcel de St. Clair. (Departamento de Justicia de EEUU)
Un guarda sujeta una de las armas requisadas en la cárcel de St. Clair. (Departamento de Justicia de EEUU)

Martes. Un prisionero le prendió fuego al colchón de otro mientras dormía. Otra incautación de drogas y cigarrillos.

Miércoles. Un prisionero que el sábado anterior había sido obligado a practicar sexo oral a otros dos hombres que le amenazaban a punta de navaja es violado en una celda de aislamiento.

Jueves. Dos violaciones en la cárcel de Ventress, una de ellas realizada por cuatro hombres contra uno. Hallazgo de un varón inconsciente que fallecerá poco después a causa de la sobredosis de un cannabinoide sintético.

Viernes. Un preso de Ventress es acuchillado en el hombro y transportado fuera del hospital para ser atendido.

Entre los episodios más brutales recogidos en el informe, se encuentra el ataque a uno de los reclusos mientras estaba profundamente drogado: fue rociado con lejía, golpeado con el mango roto de una mopa y acuchillado; la agresión a otro con líquido de afeitar a alta temperatura que le causó graves quemaduras; un prisionero que había sido acuchillado 22 veces (incluida la cabeza), y que tuvo que ser evacuado en helicóptero, u otro que, tras ser detenido por un oficial mientras corría por el pasillo, le tuvo que mostrar que tenía una navaja de ocho pulgadas (unos 20 centímetros) clavada en la cabeza

La madre de uno de los presos recibió una foto de los genitales de su hijo y un mensaje en el que le pedían 800 dólares o le violarían y le matarían

La extorsión es uno de los problemas habituales a los que deben enfrentarse los reclusos. En agosto de 2018, en Bibb, uno de ellos explicó a los oficiales que se veía obligado a ocultarse en dormitorios donde no le correspondía para escapar de sus agresores, que le obligaban a mantener relaciones sexuales a causa de una deuda de drogas. La respuesta que recibió por parte de las autoridades penitenciaras es que, debido a que se trataba de una deuda privada contraída con otro prisionero, no podían hacer nada. Tres meses antes, otro de los reclusos de dicho centro reportó que había sido secuestrado durante varios días en un dormitorio mientras recibía palizas continuas. Cuando por fin consiguió salir, tuvo que someterse a dos operaciones de cirugía facial. En uno de los casos más perturbadores, la madre de uno de los prisioneros denunció que otro preso le había enviado al móvil fotos de los genitales de su hijo pidiendo 800 dólares o de lo contrario lo violarían y le “cortarían en pedazos”.

Un sistema corrupto

Más allá de la sangre y el terror, el informe analiza cómo se ha llegado a ese punto. Para empezar, los números hablan. La media de ocupación de las prisiones de Alabama es de un 182%, es decir, casi habitan en ellas el doble de personas de las que realmente caben. Al mismo tiempo, el número de oficiales y trabajadores en estos centros apenas cubre el 33% de lo que sería necesario. De los centros analizados, aquel que contaba con un mayor número de trabajadores (un 75%) era catalogado como “peligrosamente falto de personal”. En otros, no llegaban ni siquiera hasta el 20%. A menudo, las cárceles ('jail'), en comparación con las prisiones ('prison'), se utilizan como recurso para dar cobijo a mendigos, adictos a las drogas o enfermos potencialmente peligrosos que quedan fuera de la protección de otras instituciones.

Un guarda de la prisión de Baton Rouge del Este, en Luisiana. (Reuters)
Un guarda de la prisión de Baton Rouge del Este, en Luisiana. (Reuters)

Este desabastecimiento influía en la función de las instalaciones. Por ejemplo, las celdas de aislamiento, generalmente utilizadas como castigo —y cuyos efectos en la salud mental de los que son sometidos a ellas resultan terribles—, son empleadas en estos casos como una manera de proteger a los presos amenazados de muerte. A menudo, ni siquiera la seguridad de la prisión es capaz de asegurar su integridad, por lo que es común que sean asesinados. Los crímenes sexuales tienen lugar en “dormitorios, celdas, zonas de recreo, enfermería, baños y duchas a todas horas del día y de la noche”, y, contraviniendo la legislación, no separan a los agresores sexuales de los presos en situación de riesgo, como los homosexuales o los transgénero.

“El Departamento tiene motivos razonables para creer que ADOC [Alabama Department of Corrections] viola los derechos constitucionales de los prisioneros al fracasar a la hora de protegerlos de la violencia y abusos y proporcionarles condiciones seguras”, concluye este informe, que ha corrido como la pólvora entre los medios estadounidenses. Y añade una última advertencia: si en 49 días desde la recepción del trabajo los oficiales del estado no han tomado las medidas necesarias para atajar estos problemas, el fiscal general puede llevarlos a juicio. Se avecina una guerra entre administraciones, con un trasfondo que nadie debe olvidar: el número de presos en cárceles privadas creció un 945% entre 1999 y 2014.

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