LA CLAVE DEL ¿ÉXITO?

996, la jornada laboral china que viene: “Trabajar 12 horas al día es una bendición”

La polémica por las largas jornadas que se exigen a los empleados de sectores como el tecnológico ha obligado a los CEO a dar un paso adelante. También ocurre en Occidente

Foto: Jack Ma, fundador de Ali Baba. (Reuters)
Jack Ma, fundador de Ali Baba. (Reuters)

Si entra en 996.icu, todo le sonará a chino, literalmente. Basta con pulsar el botón de traducción para descubrir de qué trata la página: 996 se refiere al “patrón no oficial laboral que es cada vez más popular”, y que consiste en trabajar 12 horas diarias, de nueve de la mañana a nueve de la noche, durante seis días a la semana. Suma: 72 horas semanales. ¿De dónde viene lo de ICU? Concretamente, del inglés para UCI (unidad de cuidados intensivos), porque ahí es donde terminan los que siguen este horario. Tiene sus variantes. Por ejemplo, el 995, donde las jornadas de 12 horas solo se extienden cinco días a la semana. Pequeño consuelo. O peor aún: el 9106, donde las horas diarias aumentan en una.

La página es uno de los hitos más importantes en una campaña de protestas que previsiblemente irá a más. En otra página, los usuarios han creado una lista de empresas donde se está imponiendo este modelo, entre las que se encuentran Alibaba o Huawei, que ha sido acusada de imponer una disciplina militar a sus trabajadores. “¡Respeto a los gloriosos desarrolladores!”, se puede leer en la página, como si fuese una referencia a aquella película de Takeshi Kitano. La discusión ha inundado las redes sociales chinas durante los últimos días, lo que ha provocado que algunos de los responsables de estas empresas se hayan visto obligados a dar la cara.

“Si no trabajas de nueve de la mañana a las nueve de la noche cuando eres joven, ¿cuándo lo vas a hacer?”, ha preguntado Ma a sus empleados

Entre ellos, el que probablemente sea el empresario chino más célebre en Occidente. Jack Ma, CEO de Ali Baba, ha publicado en Weibo un mensaje en el que afirmaba que “ninguna compañía debe forzar a los empleados a trabajar 996”, antes de matizarlo: “¡Los jóvenes deben entender que la felicidad es una lucha! No defiendo el 996, ¡pero me gusta rendir homenaje a los luchadores!”. En otros círculos, la actitud del hombre más rico de China ha sido menos condescendiente. El pasado viernes, Reuters informaba de que había defendido esta cultura de empresa ante sus empleados. “Personalmente, creo que poder trabajar 996 es una gran bendición”, explicó en el servicio de mensajería instantánea WeChat. “Muchas compañías y personas no tienen la oportunidad de hacerlo. Pero si no trabajas 996 cuando eres joven, ¿cuándo lo vas a hacer?”

La intervención del profesor que erigió un imperio casi de la nada seguía: “Todos queremos éxito, una buena vida y ser respetados, así que pregunto: si no pones más tiempo y energía que los demás, ¿cómo puedes conseguir ese éxito?”. “Comparado con la gente que no tiene trabajo, me siento afortunado, y no me arrepiento de nada, no lo cambiaría”. También Richard Liu, fundador de la compañía de comercio electrónico JD.com, ha recordado cómo durante los primeros tiempos se levantaba cada dos horas para ofrecer asistencia ininterrumpidamente a sus clientes a cualquier hora del día.

La vida de un becario 996

Los testimonios se suceden en redes sociales y medios de comunicación. Uno de ellos, recogido por la BBC, es el de un joven de 25 años llamado Li Zhepeng. Entraba a trabajar a las nueve de la mañana y salía algo después de las ocho durante seis días a la semana, con una dificultad añadida: tardaba alrededor de una hora y media en desplazarse desde su hogar hasta su puesto de trabajo, en una compañía de comercio electrónico. Su trabajo consistía en responder a las preguntas de los usuarios y escribir las descripciones de productos como juguetes y mochilas. Su sueldo era el equivalente a unos 461 euros. Un sueldo base muy bajo que se veía obligado a complementar con las consabidas horas extra.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

“Trabajas a todas horas y terminas muy, muy cansado”, explicaba el joven. “Pero si te quejas, te dicen que te puedes marchar y encontrar otra cosa”. En su caso, no tenía mucho margen de maniobra. Provenía de un pueblo del interior de China, de una de esas familias rurales que se lo juegan todo en el examen de 'gaokao' de sus retoños, y la mayor parte de sus amigos estaban en el paro. Ni siquiera había ido a una buena universidad —otra muestra más de la vital importancia de las notas académicas en el futuro de los jóvenes chinos— y había estudiado Filología Inglesa, una carrera sin mucha salida. Tan solo duró 20 días en su puesto. En la siguiente empresa, tuvo más suerte, y consiguió que le redujesen la carga de trabajo, para regocijo de sus compañeros. Aun así, lo volvió a dejar tres meses después porque no era feliz y no se llevaba bien con sus jefes.

Muchos empresarios chinos han interpretado estas idas y venidas como la muestra de un cambio generacional en el que los jóvenes ya no están dispuestos a acatar las normas leoninas impuestas por sus mayores. Es un momento histórico muy diferente. Muchos de los empleados de las empresas tecnológicas tienen una gran formación, son más conscientes de sus derechos laborales, han tenido un mayor contacto con la cultura de otros países y son hijos únicos, a causa de la política implantada en 1979. Ello también implica que suelen tener mayores recursos económicos familiares. Forman parte de la clase media-alta que ha funcionado como motor económico del país.

A menudo no hay ninguna razón para trabajar tanto tiempo, se trata simplemente de la cultura implantada

De lo que no cabe ninguna duda, a pesar de que la fórmula 996 haya recibido elogios de parte de toda clase de emprendedores, es de que es ilegal. Los artículos 36 y 38 de la Ley Laboral de la República Popular China señalan que no se puede trabajar más de ocho horas al día y 44 horas a la semana, con derecho a un día de descanso en esta. El artículo 41 añade que los horarios pueden alargarse tras negociar con los trabajadores. El máximo es de una hora al día, o de tres en situaciones excepcionales, siempre y cuando “se garantice la salud física de los trabajadores”. En total, el número de horas extra no puede superar las 36 mensuales. Saquen la calculadora, pero no hace falta: las cuentas no salen.

¿Una idea exportable?

La actitud de las empresas occidentales hacia esta clase de comportamientos ha sido, cuando menos, ambivalente. Un reportaje de 'The New York Times', donde se encontraban directivos de uno y otro país para discutir sobre las distintas filosofías empresariales en China y Silicon Valley, incidía en el gran esfuerzo realizado por los ejecutivos que, por ejemplo, admitían trabajar de 14 a 15 horas diarias durante seis días a la semana. El modelo 996 volvía a salir a colación, y mostraba la sorpresa de los trabajadores estadounidenses: “Una vez que superaron la sorpresa, preguntaron: ¿ese horario agotador tiene sentido?”.

Aunque no se llegue al nivel del 996, la explotación del trabajador durante breves periodos de tiempo es algo común en las compañías de videojuegos occidentales. El término 'crunch time' sirve para describir cómo los grandes estudios obligan a sus trabajadores a largas jornadas de hasta 16 horas cuando se aproxima una entrega. Sin embargo, algunos de ellos recuerdan que no se trata de una situación excepcional, sino inherente a la forma de trabajo de la empresa. Algo en lo que también coinciden los empleados chinos como Li: “A menudo, no hay ninguna razón para trabajar tanto tiempo, se trata simplemente de la cultura”.

Recientemente, el CEO de Tesla Motors, Elon Musk, revelaba las dificultades personales que había sufrido durante los últimos tiempos. En una entrevista con 'The New York Times', reconoció que el último había sido el más difícil de su carrera, y que había llegado a trabajar 120 horas semanales. “Hay veces en las que no he salido de la fábrica en tres o cuatro días”, admitía en dicha entrevista. “Esto se ha producido a costa de no ver a mis hijos o a mis amigos”. Llama la atención que haya tenido que ser la entrevista al directivo de una de las grandes compañías tecnológicas, el hombre que publicó un tuit en el que dijo que nadie había cambiado el mundo “trabajando 40 horas al día”, lo que ha reabierto el debate en Silicon Valley.

Yang tarda dos horas y media en llegar al trabajo, vuelve a medianoche y tiene que vivir en casa de sus padres con su mujer, que tiene el mismo horario

Cada cual recoge lo que cosecha, y como recordaba un reportaje del 'South China Morning Post', la media de permanencia en las empresas chinas es de 2,6 años, mientras que en Silicon Valley aumenta a 3,6. Otro artículo del mismo medio resumía la vida de estos trabajadores en la fórmula “sin dormir, sin sexo y sin vida: los trabajadores tecnológicos del Silicon Valley de China se enfrentan a estar quemados antes de los 30”. Este recogía la experiencia de Yu Haoran, un ingeniero informático de 26 años que fundó Jisuanke, una 'startup' que enseña a los niños a escribir código.

“No pienso en vivir”, explicaba. “Estoy construyendo algo, y hasta que no lo termine, no habrá otra cosa en mi mente”. También admitía sufrir insomnio crónico, incapaz de dormir más de dos horas cada noche. Yang, un pekinés de 33 años, explicaba que tardaba dos horas y media en llegar al trabajo, y a pesar de tener 10 años de experiencia, estaba obligado a vivir con su esposa en casa de sus padres. Ambos volvían a casa alrededor de la medianoche. Y realizaban una última confesión: llevaban tiempo intentando concebir un bebé, pero la mayor parte de días estaban demasiado cansados como para intentarlo. Es como si la política china del hijo único hubiese encontrado una nueva inspiración. Solo que esta vez no es el miedo a la superpoblación, sino la dedicación en cuerpo y alma al trabajo bajo la amenaza de quedarse atrás para siempre.

Alma, Corazón, Vida

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