CON LAS MANOS EN LA MASA

Nuestras novias nos engañaban: así las pillamos en plena faena

Las infidelidades duelen, y mucho. ¿Qué es mejor, vivir en la absoluta inopia o darse de bruces contra la realidad? Una serie de hombres cuentan sus experiencias

Foto: Foto: iStock.
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¿Por qué somos infieles los seres humanos? Es una pregunta que la ciencia ha tratado de contestar en muchas ocasiones, y entre algunas de sus conclusiones se encuentran que las mujeres lo hacen cuando las relaciones sexuales con su pareja son pobres o existe cierta incompatibilidad, mientras que los hombres lo hacen por el morbo que produce lo prohibido. Por supuesto, aunque la ciencia trate de dar explicación a algo así, esto no reducirá la perplejidad y la tristeza de la pareja que descubre que ha sido engañada.

La mayoría de las personas sienten algo así como una corazonada cuando están sufriendo una infidelidad. La revista masculina 'Men's Health' ha recopilado algunos testimonios de chicos que, efectivamente, estaban siendo engañados por sus parejas y las pillaron con las manos en la masa. Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente, pero mejor conocer el engaño para poder actuar a tiempo.

La excusa de la enfermedad

"Fue sencillo", explica Tony, de 27 años. "Recibí un mensaje que no era para mí. Mi chica, con la que llevaba un año y de la que estaba muy enamorado, me escribió diciendo que no podía venir a casa porque estaba enferma. A los cinco minutos vuelvo a recibir otro mensaje, en esta ocasión me dice que está deseando venir a verme y que se está arreglando. Algo sonaba raro".

"La llamé y, entre balbuceos, me dijo que de repente se encontraba bien y que luego había vuelto a sentirse febril, pero que no hacía falta que yo fuera a visitarla. Después de eso comencé a desconfiar y, finalmente, encontré suficientes mensajes incriminatorios para entender que pasaba algo".

Cuando el río suena

A veces no tenemos la mosca detrás de la oreja, pero es otra persona la que nos abre los ojos. Ese golpe puede ser aún peor. Así le sucedió a Mark, de 24 años. "Yo no imaginaba nada, pero una amiga común me contó que la había visto salir de un bar con un chico que, por supuesto, no era yo. Al principio negué la realidad y pensé que estaba mintiendo, pero en realidad esa chica no tenía ningún motivo para contarme algo que no hubiera sucedido. Cuando rompimos, ella comenzó a salir con el tipo del bar, así que creo que tomé la decisión correcta".

Con las manos en la masa

Peor aún debe ser pillar a tu pareja con las manos en la masa. Así lo relata Carlos, de 30 años: "Después de la universidad mi chica y yo decidimos mudarnos al pueblo, yo encontré rápidamente un trabajo con el que estaba todo el día fuera de casa, ella no".

Recibía mensajes de una tal Laura constantemente. Descubrí que se trataba de una tapadera

"Yo trataba de apoyarla pero me recriminaba muchas cosas... el caso, un día llego antes del trabajo y oigo gemidos en la habitación. No podía creerlo, jamás algo me ha dolido tanto. Pensé: '¿Lo hago?', y me atreví. Entré gritando en la habitación. Por supuesto, nos separamos después de aquello. Ella ha intentado arreglarlo en varias ocasiones pero yo no estoy por la labor, ¿cómo podría volver con alguien en quien no confío?".

"Laura"

"Mi engaño fue doble", explica Don, de 26 años. "Mi chica comenzó a recibir un montón de mensajes de una tal Laura, que, según me dijo, trabajaba con ella. Resulta que a la pobre la habían operado y a veces tenía que ir al hospital a verla porque se llevaban muy bien. A horas intempestivas de la noche, de viaje... en todo momento recibía mensajitos de Laura. Hasta que un día nos acostamos, ella se duerme, y de repente su teléfono se ilumina con un mensaje de Laura: 'Tengo muchas ganas de follarte'. Resulta que Laura era en realidad un tío al que había conocido y con el que llevaba un tiempo engañándome, se había inventado toda la historia de la operación para que sonara creíble que estuviera recibiendo mensajes cada dos por tres".

¡Pillados!
¡Pillados!

Cuidado con el alcohol

Por último, cuidado con el alcohol, a veces no es el mejor compañero. Así lo relata Dani, de 23 años. "Llevaba un par de meses saliendo y quedando bastante con una chica y yo pensaba que estábamos muy bien, hasta que decidimos salir una noche de fiesta a casa de un amigo común. A ambos nos gustaba mucho salir. De repente bajo y me la encuentro en un sofá, liándose con un tío. Me fui, por supuesto, y jamás volví a saber de ella. Tolero muchas cosas menos los engaños".

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