EL DOCTOR TOMÁS Y SU TRIADA OSCURA

Por qué los incompetentes siempre llegan más lejos en la vida

En su libro, el doctor Tomás Chamorro-Prezumic, científico jefe de talento en Manpower, explica los mecanismos que conducen a las personas equivocadas a los mejores puestos

Foto: Canallita. (iStock)
Canallita. (iStock)

Si estás en el trabajo, echa un vistazo a tu alrededor. Obviando que no sabemos muy bien qué haces leyendo el periódico cuando quizá deberías estar currando (¿pero quiénes somos nosotros para decir nada?), fíjate en tus superiores inmediatos, en los superiores de tus superiores, y en los superiores de los superiores de los superiores. Así, hasta llegar a ese primer motor inmóvil que es el CEO de tu empresa. Piensa si de verdad te parecen competentes. Por tu propio bien, no expreses la respuesta en voz alta. Nosotros sabemos cuál es, tú también, no rompamos esta magia.

Ahora, hazte otra pregunta. Vale que quizá no sean muy eficientes, que cometan más errores de los que les correspondería por su sueldo o que, bueno, su trabajo lo podrías hacer tú. ¿No te parece que, a pesar de sus defectos, muestran una gran confianza, tienen carisma sobrado y suelen convencerte de sus propuestas, aunque el tiempo termine demostrando que, ejem, no eran muy buenas? Ahí está el truco, sugiere el psicólogo argentino Tomás Chamorro-Prezumic (o, como dice su página web, el doctor Tomás), en su nuevo libro, que tiene el contundente título de 'Why Do So Many Incompetent Men Become Leaders? (And How to Fix It)'”, es decir, “¿Por qué tantos hombres incompetentes son líderes (y cómo arreglarlo)?”.

Los narcisistas y los psicópatas llegan a lo más alto porque sus características son las que se aplauden en la cultura laboral capitalista

“Pon en Google 'mi jefe es' y observa qué te sugiere el autocompletado: 'abusón', 'loco', 'malvado', 'incompetente' o 'vago'” es la sugerencia con la que arranca el libro (para el que tenga la duda, en castellano el autocompletado sugiere “tonto”, “un psicópata” y “un vago”. “¿Qué podemos deducir del hecho obvio de que la mayoría de estos líderes, ineptos o no, sean hombres?”, se pregunta el autor. En la mayor parte del mundo, la noción de liderazgo es tan masculina que la mayoría de gente tiene problemas para recordar una sola lideresa”. Se trata de una cuestión, en principio, de género. Y, por extensión, de todos aquellos rasgos que son considerados los propios de un líder, y que suelen ser eminentemente masculinos.

A saber: una confianza desmedida en uno mismo, el narcisismo y la psicopatía. Es decir, casi casi la conocida como triada oscura de la psicología, compuesta por el maquiavelismo, el narcisimo y la psicopatía. “La confianza puede fácilmente ser confundida con la competencia, especialmente cuando la muestran hombres”, explica el psicólogo en una entrevista con 'Salon'. “Los narcisistas y los psicópatas a menudo llegan a lo más alto ya que los rasgos que emergen de esas características –adoptar mayores riesgos, falta de empatía al hacerlo, tener ideas grandiosas– son los mismos que se celebran en la cultura laboral capitalista”. Según el autor, vivimos en el culto a la confianza, porque entra directamente por los ojos.

Lo que te hace bueno te lleva a la tragedia

Por qué los inútiles llegan tan lejos ha sido una obsesión para el doctor Tomás desde su infancia en el barrio bonaerense de Palermo, la célebre Villa Freud, como él mismo explica. Nacido en 1975, en los últimos estertores del peronismo de Evita, vivió en primera persona la dictadura militar de Videla, Viola, Galtieri o Bignone, la guerra de las Malvinas y el alfonsinismo. “Me prometí a mí mismo que haría lo que fuera para entender –y ayudar a arreglar– esta idea tóxica del liderazgo”, explica en el libro. Su familia emigró de Argentina y actualmente, Chamorro-Prezumic vive en Brooklyn, donde pasa consulta, imparte clase en la Universidad de Columbia (tambiénen el University College de Londres) y ocupa el puesto de “científico jefe de talento” en Manpower Group, la tercera empresa de personal más grande del mundo.

Un caballo y Vladimir Putin. (Reuters/Sputnik Mikhail Klimentyev)
Un caballo y Vladimir Putin. (Reuters/Sputnik Mikhail Klimentyev)

No se trata simplemente de que sean maquiavélicos, narcisistas y psicopáticos, sino que estos rasgos que tan útiles resultan para ascender, pero una vez conducen a alguien al poder, son los mismos que suelen propiciar su fracaso. “Irónicamente, cuando la gente parece muy segura, incluso si están engañándose a sí mismo como en el caso de los narcisistas, son capaces de engañar a los demás para que piensen que son listos, competentes o buenos líderes”, explica el argentino. “Pero esa confianza, a largo plazo, te terminará metiendo en problemas. Si piensas que puedes cruzar la carretera cuando no puedes, terminarás atropellado. Y si confías en alguien que no es tan bueno como cree que es, también te meterás en problemas”.

Es un ciclo sin fin que eleva a personajes mediocres a posiciones en las que pueden demostrar ante todo el mundo su mediocridad, algo que se puede apreciar de manera muy evidente en la política. “Es lo que ocurre cuando la gente vota a líderes carismáticos y narcisistas que son, sin embargo, incompetentes”, recuerda. Para Chamorro-Prezumic, que Trump sucediese a Obama es la mejor muestra de que esta ruleta se encuentra en pleno funcionamiento. “La imagen mítica del 'líder' abarca muchas de las características psicológicas encontradas en desórdenes de personalidad, como narcisismo (Steve Jobs o Vladimir Putin), psicopatía (pon el nombre de tu déspota favorito), histronismo (Richard Branson o Steve Ballmer) o maquiavelismo (casi cualquier político a nivel federal), como explica en un artículo de 'Harvard Business Review' que sirvió como punto de partida al libro.

El liderazgo debería consistir en gestionar a tu gente y hacer algo bueno por tu equipo, pero ascienden los que intrigan o hacen la pelota

Los políticos, los jefes y otros líderes de medio pelo comparten otra característica que les hace particularmente favorables a fracasar: suelen gestionar hacia arriba, y no hacia abajo, lo que les permite trepar, aun a costa de sus subordinados y compañeros. “El liderazgo debería consistir en gestionar a tu gente y hacer algo bueno por tu equipo”, lamenta. “La ironía es que evaluamos a los líderes por su capacidad para 'gestionar hacia arriba'. Así que tiene sentido que si alguien está muy liado intrigando, haciendo la pelota o apuntalando su reputación, llame la atención”. ¿El gran problema? “Que es exactamente lo contrario a lo que de verdad necesitamos”.

¿Dónde están los buenos líderes?

La lógica es palmaria. Si el problema con los hombres que nos dirigen es precisamente eso, que son hombres, es razonable pensar que la alternativa es adoptar un enfoque más femenino respecto al liderazgo. El argentino no tiene problema en reconocer que es “sexista”. “Nos hemos decantado demasiado por la hipermasculinidad, así que tiene sentido que ahora estemos sufriendo una sequía de personas empáticas, altruistas, íntegras y modestas”, explica. “Entonces, de repente te encuentras con el movimiento #MeToo, ¿sabes?” No es que las mujeres tengan menos confianza, recuerda, es que sus errores suelen ser juzgados con una dureza mucho mayor, y su comportamiento vigilado de forma más estrecha.

La mejor líder, aburrida pero buena. (Reuters)
La mejor líder, aburrida pero buena. (Reuters)

Los rasgos a prori femeninos son aquellos que raramente han sido valorados en las empresas. Es decir, como él mismo explica en 'Financial Times', “son mejores líderes porque tienen mejores habilidades, son más altruistas, y tienen mejores capacidades para controlar sus impulsos”. Por si fuera poco, “sacan mejores notas que los hombres en la universidad y en los cursos anteriores”. Un buen ejemplo, que quizá sorprenda al lector, es Angela Merkel, a la que califica como “la más aburrida pero la mejor”. También tiene buenas palabras para Warren Buffet, un empollón de la economía que fue capaz de aprender a convertirse en un verdadero líder.

Los hombres, que no sufran: tienen margen para la redención. Su alternativa es seguir siendo un poco narcisistas, un poco maquiavélicos y un poco psicópatas, pero en la dosis justa. Es lo que recuerda el autor cuando señala que “un poco de narcisismo no está mal porque puede ser encantador, o le permita tener buenas ideas”. El problema se encuentra cuando se comienza a culpar a los demás por los errores propios, a apropiarse del mérito de los que te rodean, a ponerse a la defensiva cuando son criticados o, en general, a hacer todas esas cosas que suelen repugnar a subalternos y ser aplaudidos por superiores.

La sociedad avanza no a causa de las personas que la lideran, sino a costa de ellas. Encontrar un buen gestor es algo excepcional

“La mayoría de los líderes fracasan”, concluye el autor. “Siempre ha pasado: la mayoría de países, empresas, sociedades y organizaciones están mal gestionadas, como indican su longevidad, ingresos y niveles de aprobación, o por los efectos que tienen en sus ciudadanos, empleados, subordinados o miembros”. La sociedad avanza no a causa de las personas que la lideran, sino a costa de ellas, y un buen gestor es la excepción. La gran pregunta que nos hace Chamorro-Premuzic es si no es hora de que cambiemos eso para siempre, y de una vez por todas. Un buen primer paso podría ser dejar de confundir el carisma con la eficacia.

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