LLEVÁBAMOS EL INFIERNO DENTRO SIN SABERLO

Las verdades del barquero sobre el rol de España en México

¿Pedir perdón por lo que hizo Hernán Cortes hace quinientos años? ¿Por qué? ¿Por qué desempolvar este tema cuando está más que enterrado por el tiempo?

Foto: Estatua de Hernán Cortés en Medellín (Extremadura). (iStock)
Estatua de Hernán Cortés en Medellín (Extremadura). (iStock)

Desde la perspectiva de situar a los pueblos ante la verdad de su propia identidad y con la idea de exponer la verdad a las revisiones que sean necesarias para que ese mismo revisionismo no se quede en anquilosados falsetes, medias verdades o calumnias es que este amante de la historia en su verdad más accesible –que no acérrima ni incuestionable, sino discutible y enriquecedora–, desearía aportar una reflexión necesaria ante el gran pueblo mexicano, que es ante todo hermano, además del estandarte a nivel mundial del idioma español, el segundo más hablado del mundo si sumamos las segundas lenguas de estudio en las universidades de todo el globo.

Y no solo eso, los españoles de bien amamos a los mexicanos porque han sido nuestra segunda madre ante situaciones adversas para nuestro país, siendo ellos por propia iniciativa los que se han ofrecido a ayudarnos en esos momento críticos –léase emigraciones de principios del siglo XX, la Guerra Civil española con el auxilio de Lázaro Cárdenas y otras coyunturas desfavorables para nuestra nación–, algo por lo que debemos a Méjico respeto y agradecimiento eternos.

Sin comerlo ni beberlo nos encontramos de bruces con el Holocausto Azteca, formas de canibalismo y sacrificios que rondaban las fronteras de la locura

Ahora bien, ¿pedir perdón por lo que hizo Hernán Cortes hace quinientos años? ¿Por qué? ¿Por qué desempolvar este tema cuando está más que enterrado por el tiempo? ¿Qué odio subyace ante el mestizaje mejor resuelto de la historia de la humanidad? Puede que haya motivos para no estar orgullosos de cómo se condujeron los acontecimientos, pero se hace necesario mirar hacia adelante y construir entre todos un mundo visionario y quizás con más razón, entre los hispanohablantes entre otras cosas, por ser comunidades con afinidades culturales y por las sinergias del idioma común que compartimos y nos hace más fáciles las cosas en nuestra comunicación ante el idioma preponderante en la era de la globalización, el inglés.

Hernán Cortes, como muchos otros españoles, en un principio, iba con la clara idea de buscar una ruta para acercarse al mercado de la especias (Catay y Cipango, India y Japón), lo mismo que hizo Magallanes –al servicio de la Corona española- o antes el escribano de Sevilla, Bastida y después Balboa.

Pero ocurrió que sin comerlo ni beberlo -algo que no menciona una persona de la talla y cultura de Obrador-, nos encontramos de bruces con el Holocausto Azteca; esto es, formas de canibalismo y sacrificios que rondaban las fronteras de la locura o de la barbarie simplemente. Cifras muy controvertidas por los picos y valles de datos (según oficien historiadores ingleses, franceses, españoles o mexicanos) en lo tocante a las masacres causadas por los aztecas contra los pueblos sometidos en su entorno mesoamericano –Totonacas, Txitximecas, Txascaltecas, etc–, causan pavor incluso si las comparamos con genocidios más recientes. No es cuestión de poner en el plano comparativo los ríos de sangre vertidos en las grandes masacres que a lo largo de la historia han sido efectuadas, pero sí es cierto que el pueblo azteca estaba en primera línea en lo tocante a este tema.

Teniendo en cuenta que los españoles en todas sus batallas contra los aztecas o mexicas, jamás en todo el periodo de conquista, ocupación, colonización, invasión, descubrimiento o como quiera que se le llame, eliminaron en combate más de 55.000 soldados adversarios incluyendo la batalla más salvaje librada en toda la historia militar en el continente americano –Otumba-, jamás podríamos apelar al concepto de masacre o genocidio. Ahora bien, si recurrimos a las enfermedades de trasmisión vírica como el sarampión o la varicela por ejemplo, hemos de entonar el mea culpa con acompañamiento de cilicios y flagelos, porque ignorábamos que llevábamos el infierno dentro. ¿Somos responsables de los más de entre ocho y diez millones de muertos ocasionados por esta tragedia microdemoniaca? Sí. ¿Sabíamos que éramos portadores del Apocalipsis, del Armagedón o del Ragnarök? Pues no, señor López Obrador.

La burguesía criolla sí suma cifras escandalosas y fue responsable de carnicerías sobre los mayas tardíos, los Yaquis y otras comunidades indígenas

Cuando la Peste Negra entra en Europa y diezma hasta casi la mitad la población continental provocando un colapso demográfico y 25.000.000 de muertos, ¿se les puede adjudicar a las ratas o a los productos estibados en las bodegas de los barcos genoveses o a los mercaderes que los venden, o a los que los compran? Creo que lo honesto es primero ser autocríticos y luego críticos por aquello de la paja en el ojo ajeno.

Más de 60.000 cráneos

El brutal sometimiento al que intimidaban los aztecas a los pueblos periféricos con los consabidos impuestos en carne humana para el sacrificio, canibalismo y los brutales rituales y torturas a los que sometían a los interfectos, ¿hacen mejores a los mexicas en comparación a los españoles? ¿Hay una autoridad moral suprema que dictamine que aquellos excesos eran comparables o determinaban que eran hechos culturales aceptables por el mero hecho de serlo? Más de 200.000 prisioneros anualmente cedidos “voluntariamente” por los pueblos limítrofes eran pasados por la “piedra” sin muchos miramientos. Al menos, nuestra denostada Inquisición tenía unos tribunales en los que el acusado podía defenderse y nunca jamás desde su nacimiento hasta su caducidad dictaminó cadalso o fuego a más de 30.000 interfectos.

Por ello, señor Obrador y por su distinguida trayectoria política, se le pide respetuosamente que sea un estadista y no un político vulgar y corriente. Estamos hablando de naciones hermanas con muchísimos mimbres en común elaborados a lo largo del tiempo.

Chamán azteca en México D.F. (iStock)
Chamán azteca en México D.F. (iStock)

Por lo tanto, con un currículum como el de usted, que con una honestidad garante de su integridad como persona, siendo alguien que roza la excelencia como humanista que es y así le consideramos muchos españoles –incluido este escribano–, por favor, deje de marear este tema sacado de quicio pues no conduce a nada, sino a enfrentar o confrontar las emociones de dos pueblos con tan buena sintonía, puesto que eso equivale a hacer humo con hierba húmeda y a magnificar, distorsionar y demonizar tratamientos y negligencias cometidos por la burguesía criolla afín en apellidos y hábitos a la española, quienes sí suman cifras escandalosas y fueron responsables de carnicerías sin cuento sobre los mayas tardíos, los Yaquis y otras muchas comunidades indígenas e incluso las comunidades chinas instaladas en el oeste del país en la época del Porfiriato e incluso durante la liberadora Revolución Mexicana. ¿Se imagina usted que ahora llegara China y pusiera patas arriba las relaciones diplomáticas basándose en las matanzas de su conciudadanos en aquella época negra?

Sostengo hasta donde le he seguido en la reciente historia política de esa enorme y vital nación que preside, que el pueblo mexicano está en buenas manos y que el Señor Presidente no va a decepcionar las expectativas depositadas en su persona por ese magnífico y sufrido pueblo que espera soluciones de alcance y un tratamiento más digno del que ha venido recibiendo hasta hoy. Usted está sobradamente capacitado para darle una nueva orientación hacia el futuro a la formidable nación que preside, pero no agite fantasmas y rodéese de diplomáticos profesionales que son los que saben embridar estas situaciones antes de que se desboquen.

Tras extraerles el corazón, se les rebanaba la cabeza y la ensartaban en un palo que se sumaba a otros varios centenares anteriores

Los números del conocido como 'Holocausto Azteca' (sería más correcto decir mexica) son pavorosos, no solo por el montante contable de las masacres, sino por la crueldad con que se ejecutaron incluyendo en el sumatorio a mujeres y niños de muy corta edad que poco o nada tenían que ver con los rituales y peculiaridades de la Guerra Florida sino que en adición había muchos elementos de canibalismo que acentuaban el horror hasta cotas insoportables. Muchos historiadores han negado que existieran hechos relacionados con la antropofagia, pero las Crónicas de Relación que acompañaron a Hernán Cortés contrastadas todas ellas por especialistas no españoles o los llamados hispanistas ingleses como Gibson o Preston, dejan claro que estos terribles episodios eran más que frecuentes.

Entiendo que antes de pedir cuentas a terceros por la violencia –lamentable por otra parte– que emana de la acción derivada de la guerra, sería bueno evitar la catarata anual de asesinatos (una media de 30.000 al año en todo el estado mexicano, cifra que decuplica la existente en Europa incluyendo a la población rusa) que inunda y concierne a lo cotidiano convirtiéndolo en insoportable. Por ahí se debería de comenzar antes de recordar que un ejército de poco más de un millar de hombres decididos concitó con la ayuda de los pueblos oprimidos por los mexicas una gran venganza, quizás merecida por la barbarie que derramó durante su el ejercicio de su tiranía. En realidad, si buscamos la objetividad, aquello fue una tremenda guerra civil y no otra cosa como se ha hecho creer al respetable. Le recomiendo a usted como historiador –pues considero que tiene una laguna sobre este particular–, que se deje asesorar por los excelentes historiadores que tiene Méjico para que le expliquen que Cortés pasaba por allí y se le sumaron millones de seguidores de los pueblos masacrados por el hegemón mexica, lo que nos conduce a reconocer que lo ocurrido no fue otra cosa que una guerra civil descomunal.

Foto: Reuters/Henry Romero.
Foto: Reuters/Henry Romero.

Las hileras de calaveras de mujeres y niños encontradas en el Gran Tzompantli (estructura circular configurada por cráneos humanos unidos solapados con argamasa de cal, arena y gravilla de tezontle), de lo que fue la grandiosa Tenochtitlan –una auténtica obra de ingeniería civil de la época implementada sobre el lago Texcoco– ponen en entredicho que los sacrificios sobre los guerreros vencidos afectara solamente a combatientes para convertirlos como ofrendas al voraz Huitzilopochtli que a juzgar por el impronunciable nombre da la impresión de que estuviera siempre atragantado con la ingesta de ofrendas de los desgraciados que caían en manos de sus crueles adoradores. Así informó la solvente agencia de noticias 'Reuters' a través de la 'BBC' un día uno de julio del año 2015. Pero ya en el año 1521 en los registros del soldado y cronista español Andrés de Tapia el Gran Templo del terror contaba con más de 60.000 cráneos en su estructura.

Bernal Díaz del Castillo (1492-1584) y el franciscano Bernardino de Sahagún (1499-1590) dejaron constancia fehaciente del trazado macabro que recorría el interfecto una vez eviscerado y pasaportado desde el altar, hasta que acababa sazonado en pinchitos morunos y otros derivados. Tras extraerles el corazón en medio de un griterío infernal en el que la víctima interpretaba los solos, allá abajo donde acababan las infinitas escaleras de aquellos templos donde se ceremoniaba el terror más puro, se les rebanaba la cabeza y ensartándola en un palo que sumado a otros varios centenares ornamentados con aquella dantesca visión, configuraban los famosos Tzompantzil. El trayecto para aquellos desgraciados acababa en una especie de mercado -el Calpul -de abastos donde la carne residual de los mutilados hacía las delicias de los ávidos comensales.

El reinado de terror mexica abarcaba amplísimas regiones que padecían aquella maldición humana en remotas zonas de Mesoamérica

¿Cuándo los “malos” combaten contra los más “malos”, los segundos convierten en buenos a los primeros? No, no lo creo así. Quizás una forma de venganza poética cayera como una plaga sobre aquel imperio del terror y Hernán Cortés y los suyos solo fueran la herramienta que la historia eligió para esa tarea. La guerra es el oficio más ingrato e inhumano que existe en el mundo de lo manifestado y como la sentencia bíblica reza, el que a hierro mata a hierro muere.

Las arqueólogas Lorena Vázquez y Sandra Ramírez han comprobado que los cráneos descubiertos pertenecieron a un enorme victimario de amplia localización geográfica; o lo que es lo mismo, que el reinado de terror Mexica abarcaba amplísimas regiones que padecían aquella maldición humana en remotas zonas de Mesoamérica.

En consecuencia, Hernán Cortes, “el malo de la película” se enfrentó a un reinado del terror pocas veces conocido antes en la humanidad. Sus exiguas fuerzas y la obligatoriedad de una supervivencia imperativa e inasequible al desaliento convirtió a una partida de soldados con un entrenamiento formidable en una arma de guerra letal a la que se sumaron encantados varios cientos de miles de Totonacas, Txitximecas y Txascaltecas que le siguieron como si del flautista de Hamelín se tratara, con la diferencia de que estos seguidores de Cortés iban llenos de odio y también como los mexicas, eran habitantes de aquellas tierras, o lo que es lo mismo, del actual estado configurado por la República de México.

¿Porque no se habla de una Guerra Civil en toda regla? ¿O es mejor culpar que entonar el mea culpa? Creo que con el memorial de agravios y ofensas provenientes del coloso que tienen como vecino en el norte, podría emplearse más a fondo en meter horas extra en el presente que en el pasado que ya no tiene solución.

Señor Obrador por favor, apartemos estas disquisiciones que solo siembran discordia y vámonos a tomar todos juntos y en unión unas Coronitas regadas con abundante tequila de ese que nos obliga a celebrar la vida.

Alma, Corazón, Vida

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