UN MERCADO QUE NO PARA DE CRECER

Cómo convertirse en una estrella del porno masculina en 2019

Desde hace unos años, los hombres han ido ganando relevancia en las producciones pornográficas. Hoy en día luchan por la normalización total de su trabajo

Foto: Foto: iStock.
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De un tiempo a esta parte, ser actor porno en Estados Unidos ha adquirido un status social que antes bien pasaba por invisible. El auge se debe a un repunte de la categoría 'gay' y a varias figuras de éxito que gracias su carisma han sobresalido en una industria en la cual las mujeres siguen siendo las estrellas, o bien el mayor reclamo de sus consumidores mayoritarios. También por motivos desgraciadamente negativos: la ola del #MeToo que sacudió Hollywood el año pasado también llegó al cine para adultos, y numerosas actrices, como Nikki Benz o Joanna Angel denunciaron haber sido víctimas de abusos sexuales a manos de actores masculinos, como James Deen.

En las galas de premios y convenciones pornográficas, ellos disfrutan de un papel mucho más relevante que el que tenían hace años, y aunque ellas siguen siendo las verdaderas estrellas, los hombres que se dedican a acostarse con otras personas delante de una cámara están cada vez más visibilizados. Benjy Hansen-Bundy, periodista de la revista 'GG', ha realizado un interesante reportaje en el que decide explorar las vidas de los actores pornográficos masculinos, que a pesar de ejercer la misma profesión que sus compañeras cuentan con una serie de peculiaridades, empezando por la retribución: ellas siguen ganando mucho más que ellos.

Para muchos, actuar no genera los ingresos necesarios como para poder vivir solo de ello y tienen que dedicarse a otra cosa paralela

“Tradicionalmente, una película porno nunca trata del chico. Su papel es secundario respecto al de las actrices. En muchas ocasiones, ella es la única a la que la audiencia quiere ver”, advierte Hansen-Bundy, quien se ha infiltrado en las últimas galas de premios AVN (los Óscars del cine para adultos) y la Adult Video News Expo, para conocer y entrevistar de cerca a sus protagonistas masculinos. Su categoría mayoritaria sigue siendo la creación de contenidos de corte cisgénero, escenas heterosexuales en las que él siempre ejerce de dominante. Aunque, como reconoce en su artículo, la diversificación de estilos está creciendo, y ahora hay mucha más demanda de porno transgénero, uno de los tops de búsquedas en páginas web como Pornhub.

Como en la mítica canción de Lou Reed, 'Walk on the wild side', muchas personas que llevaban aparentemente una vida normal y no se sentían a gusto con su cuerpo femenino decidieron llevar a cabo la transmutación de macho a hembra y dejar atrás un pasado convencional. Personas como Eddie Wood, quien se mudó a Los Angeles para realizar un doctorado en Ciencias Políticas en la UCLA, y quien ahora está dentro de la industria después de abandonar su carrera académica. “Mi primera cirugía fue justo seis semanas antes de rodar mi primera escena”, declara. “No quería que nadie viera mis tetas. Pero una vez me operé de forma total y conseguí un pecho masculino liso, fue como quitarme un peso de encima al estar por fin orgulloso de mi cuerpo”. Fue en el ambiente universitario donde conoció una nueva comunidad en la que no se sentía discriminado por su género. “Y fue todo un alivio poder mostrarlo. Me desprendí de la vergüenza que sufrí tanto tiempo al tener que vivir con un cuerpo femenino”.

Me gusta que no haya un componente emocional. Estamos aquí para tener relaciones sexuales, no para hacer el amor

Aún así, el periodista norteamericano denuncia que no hay muchos intérpretes como Wood. El género trans sigue estando infrarrepresentado. “Tiene un trabajo de día a pocos metros del estudio en el que rueda”, informa Hansen-Bundy. “Actuar todavía no le genera los ingresos necesarios como para vivir exclusivamente de ello, pero tiene la intención de cumplir este objetivo. Se trata de un mercado que no para de crecer año tras año, y con él, el nivel de aceptación colectiva hacia los actores trans. Actualmente hay muchos espectadores que están dispuestos a pagar un dinero extra por contenidos así”. Sin embargo, todavía queda mucho por avanzar.

Más visibilización

¿Qué le pasa por la cabeza a un hombre como Wood, quien un buen día decide dedicarse al porno? No solo ha de disponer de unas buenas dotes amatorias, sino también de un sentimiento catártico que les retrotrae a traumas del pasado que anhelan superar algún día. “Con la pornografía puedo establecer límites respecto al sexo que nunca experimenté al crecer”, explica el actor. “Lo que podemos hacer es recrear la violencia y el trauma infantil sufrido en el hogar, pero con límites. En un set porno, puedes reescribir el guión. Suena raro, pero me gusta que las escenas no tengan un componente emocional. Estamos aquí para tener relaciones sexuales, no para hacer el amor”.

Creo que merecemos más atención y visibilidad. El trabajo sexual es una carrera profesional como cualquier otra

Otros, como Johnny Stone, un chico de tan solo 21 años, están esperando el ansiado momento en el que el oficio se normalice y tanto actores como actrices sean vistos de cara a la sociedad como cualquier otro trabajador normal. Él cree que la situación mejorará de aquí a diez años. Ahora, sin embargo, lo más importante es controlar su imagen y marca. “Unas de las cosas que hace más fácil lo que hago es que puedo ser yo mismo”, afirma. “No tengo que ponerme una máscara. Solo tengo que ser yo mismo todo el tiempo. Cuando empecé, me preocupaba en exceso mi imagen y cómo la percibiría la gente. La dirección en la que se está moviendo la sociedad cada vez nos lleva más a la fluidez sexual y a la aceptación del público. Para cuando reciba el reconocimiento que busco, me sentiré más empoderado, no como ahora, haciendo algo que la gente supuestamente rechaza”.

Stone no es un trabajador sexual al uso. Se dedica a bailar y posar en el sitio de “sexcams” Chaturbate, el cual permite una interacción en tiempo real de artistas y usuarios. Pero muy pocas veces aparece desnudo, aunque la página esté destinada al consumo onanista e individual. “En otras palabras”, puntualiza Hansen-Bundy, “Johnny es como cualquier otro joven ambicioso que intenta ingresar en el nuevo ecosistema de la marca profesional y la auto-producción. La única diferencia es que está dispuesto a llevar al espectador a su habitación, algo que a él, no le parece en absoluto importante”. El modelo lo tiene claro: “Quiero ver cómo se da a la industria el respeto y el crédito que se merece. Al fin y al cabo, se trata de entretenimiento. Todo el mundo la mete debajo de la alfombra. Creo que merecemos atención y reconocimiento. El trabajo sexual es una verdadera carrera profesional como cualquier otra. Es una demanda real por la que la gente está dispuesta a pagar”.

¿Hay racismo en el porno? Según rumores, la industria carece de igualdad salarial y a los actores racializados se les paga mucho menos que a los blancos. “Puede que sea cierto”, reconoce Ricky Johnson, otro actor de 27 años. “Es difícil demostrarlo, ya que la mayoría de los chicos negros hacen escenas grupales y en este tipo de grabaciones se paga menos. Hay una dinámica interesante en la pornografía interracial por la que a la mayoría de los consumidores les gusta ver melanina más oscura, o lo que es lo mismo, hombres negros de piel muy oscura que lo hacen con chicas blancas muy pálidas. A veces recibo críticas de los fans porque no soy suficientemente negro. Hay algunas empresas que me han rechazado por mi tono de piel. Me hace sentir como una mierda. Pero también me dan ganas de seguir trabajando más, ya que no es algo que vaya en contra de mi desempeño. En el pasado, el porno era marcadamente racista”, concluye.

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