UNA MEDIDA DEL MOVIMIENTO 5 ESTRELLAS

La 'renta básica' italiana de 780 euros ya está en vigor, pero tiene un lado oscuro

Con el objetivo de reducir el alarmante número de ciudadanos bajo el nivel de pobreza, el Movimiento 5 Estrellas ha planteado una medida vista con preocupación desde Europa

Foto: Solo para productos de primera necesidad. (iStock)
Solo para productos de primera necesidad. (iStock)

El pasado 27 de febrero, Luigi Di Maio, vicepresidente italiano y ministro de Desarrollo Económico, Trabajo y Políticas Sociales, anunció a sus compatriotas que era un día histórico. Su partido, el Movimiento 5 Estrellas, había iniciado una “revolución” en la cual “el Estado por fin se hará cargo de las personas invisibles”. Hacía referencia a la implantación del Reddito di Cittadinanza, un subsidio que llegará a millones de italianos y que muchos lo consideran la renta básica italiana. Se trata, más bien, de una renta básica condicionada a los ingresos y al comportamiento, según la clasificación de Juan Torres en su libro 'La renta básica'. Es una de las medidas económicas estrella de la legislatura que comenzó el pasado junio. El objetivo, “erradicar la pobreza”.

¿Quién puede optar a los 780 euros mensuales? Como explica la página web del Reddito, criticada por no estar activa hasta muy poco tiempo antes de su implantación esta misma semana, está dirigida a todos aquellos ciudadanos europeos que hayan vivido en Italia al menos 10 años (los dos últimos sin interrupción), con un patrimonio inmobiliario inferior a 30.000 euros y financiero inferior a 6.000 y, sobre todo, unos ingresos en el hogar no superiores a los 9.360 euros anuales. Según los cálculos del Gobierno, más de un millón de familias se verán beneficiadas por este subsidio. “Los que se han quedado en las cunetas del país y del debate político”, en palabras de Di Maio.

El primer día se recibieron 35.653 solicitudes en las oficinas y 8.492 de manera telemática

El pasado miércoles 6 de marzo comenzó el plazo de inscripción en las oficinas de empleo, con una afluencia mucho menor de la esperada. 'The Economist' señalaba que la inundación esperada se había quedado en un goteo continuo: 35.653 solicitudes de forma personal y 8.492 de manera telemática. “Esperábamos más gente”, confesaba una funcionaria pública a la delegación italiana de 'The Local'. “Pero hay que traer los documentos preparados para cursar la petición, y muchos aún no los tienen todos”.

Las escenas descritas por el medio eran las del previsible desconcierto que suele producir una medida de este tipo. Por ejemplo, para evitar aglomeraciones, el primer día solo se admitían peticiones de aquellos cuyos apellidos comenzasen por A o por B, así que un tal Pinzón lamentaba tener que volver otro día para pedir su subsidio. Este comenzará a ser transferido entre finales de abril y principios de mayo. Como han recordado algunos medios, apenas unas semanas antes de las elecciones europeas, en las que el partido promotor, el Movimiento 5 Estrellas, se juega el liderazgo italiano frente a la Lega de Matteo Salvini.

Una tarjeta para unirlos a todos

Aquel cuya solicitud sea aprobada recibirá una tarjeta de débito con el dinero precargado que le permitirá costear tan solo sus necesidades básicas. “Se carga en una tarjeta que puede ser utilizada en las tiendas italianas”, explicó el propio Di Maio en la televisión italiana el pasado mes de octubre. En principio, servirá tan solo para comprar comida y medicinas, pero entre los objetivos de este programa de renta básica se encuentra estimular el consumo y favorecer el crecimiento del producto interior bruto y, ante todo, reducir los números de la pobreza entre la población, que se ha disparado durante la última década: 5,1 millones de ciudadanos (un 8,4%) se encuentran por debajo del umbral de la pobreza.

(Reuters)
(Reuters)

El programa costará este año al Gobierno italiano alrededor de 7.100 millones de euros, aunque la partida presupuestada es de 10.000 millones, de los que parte se destinará a modernizar las oficinas de empleo y a la contratación de 6.000 agentes. Una cifra vista con desconfianza por la Unión Europea, con la que Italia ha tenido encontronazos frecuentes en materia económica desde el pasado verano: es el segundo país de la eurozona con una mayor deuda después de Grecia, pero planea aumentar el gasto público en un 2,4% durante los próximos tres años. El programa tiene como objetivo poner freno a otros dos grandes récords negativos del país transalpino: el paro, que ronda el 10,5%, y el desempleo juvenil, que alcanza casi a un tercio de la población.

Para los críticos, programas como este son meras soluciones temporales que provocarán que los que perciban el ingreso dejen de buscar trabajo —uno de los grandes mitos que suelen rodear los distintos tipos de renta básica— y que evitan que se acometa una reforma profunda del mercado laboral. Los receptores (exceptuando los pensionistas) deben realizar ocho horas de trabajo comunitario a la semana, comprometerse a buscar empleo y aceptar una de las tres primeras ofertas que reciban. Aquellos que intenten defraudar al programa pueden enfrentarse a penas de hasta seis años de cárcel. Sin embargo, como recuerdan los detractores de la medida, son exigencias difíciles de controlar.

¿Servirá para algo?

Como suele ocurrir con estas propuestas, los críticos han encontrado toda clase de fallos en una medida que consideran cara y contraproducente, haciendo hincapié en que es una medida tan “populista” como el propio Movimiento 5 Estrellas. 'The New York Times' titulaba “Los populistas italianos lanzan un programa de ayuda para los pobres sin trabajo” y 'The Economist', “El 'programa para los ciudadanos' de Italia puede ser caro e ineficaz”, en un artículo en el que afirma que el gasto realizado por el Estado tan solo beneficiará políticamente a sus impulsores.

La obligatoriedad de aceptar un empleo elimina una de las ventajas de la renta básica, que es garantizar una mayor libertad de elección para el trabajador

El periodista Ferdinando Giguliano recordaba en Bloomberg que, de entrada, esta medida podría ser atractiva tanto para la izquierda como para la derecha, puesto que permite reducir la pobreza al mismo tiempo que desmonta el sistema de prestaciones vigente, algo que suele resultar atractivo para los conservadores. Sin embargo, la realidad es distinta: más que una renta básica, es un subsidio a gran escala. Por ejemplo, la obligatoriedad de aceptar un empleo elimina una de las ventajas que proporciona la renta básica universal, que es garantizar una mayor libertad para los trabajadores a la hora de seleccionar su empleo.

Se trata, además, de una medida discriminatoria que deja fuera los dos grupos de población más vulnerables, los inmigrantes y las familias con un mayor número de hijos. Los primeros no pueden acceder al subsidio hasta que pasan al menos 10 años en el país, y el montante total percibido es de 1.300 euros para las familias con dos hijos; la cantidad no aumenta de manera proporcional al número de bocas que alimentar. Y, como recuerda Giguliano, normalmente unos y otros suelen ser los mismos. La medida puede ensanchar aún más la brecha entre los inmigrantes pobres y el resto de la sociedad italiana.

Los detractores también recuerdan que Italia padece un grave problema en su mercado laboral, y que esta medida no hará nada por aliviarlo. En 'The Guardian', el antiguo viceministro de Trabajo y Bienestar Michel Martone consideraba que sería útil a la hora de combatir la pobreza, pero no para mejorar la empleabilidad. “No se ha implementado la estructura administrativa adecuada para que la gente encuentre trabajo”, señalaba. “Otro problema, especialmente en el sur, es que no hay empleo”. Es una región donde abunda el trabajo en negro, y medidas como esta pueden provocar que la economía sumergida aumente aún más. Para evitar el fraude, el Estado necesita realizar una gran inversión en medidas de control y supervisión. Es posible que, por lo tanto, esta renta deje insatisfechos tanto a izquierdas como a derechas, ya que es demasiado progresista para los conservadores, demasiado timorata para los progresistas y demasiado cara para los economistas, especialmente los que otean el horizonte italiano desde Bruselas.

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