Y NO ES POR SU TALENTO

La verdad sobre cómo se hace famosa la gente

Un estudio realizado en la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia no ha encontrado ninguna relación entre la creatividad y la fama, pero sí con la red de contactos

Foto: Rosalía, uno de los últimos fenómenos de masa españoles, representa la autenticidad en la posmodernidad. (Reuters/Mario Anzuoni)
Rosalía, uno de los últimos fenómenos de masa españoles, representa la autenticidad en la posmodernidad. (Reuters/Mario Anzuoni)

“Llegué por primera vez a Chicago en los años 20 para presenciar un combate de boxeo. Ernest Hemingway estaba conmigo y ambos nos hospedamos en el campo de entrenamiento de Jack Dempsey. Hemingway acababa de terminar dos cuentos sobre boxeo y, si bien Gertrude Stein y yo pensamos que eran bastante potables, creíamos que aún necesitaban cierta elaboración. En invierno, Alice Toldas, Picasso y yo alquilamos una villa en el sur de Francia. Ese año fui por segunda vez a París. Me hospedé en casa de Man Ray, donde Salvador Dalí iba a cenar a menudo”.

Este fragmento de 'Cómo acabar de una vez por todas con la cultura' de Woody Allen parodia los libros de memorias ambientados en los rugientes años 20, cuando poetas, pintores, músicos y escritores se codeaban en los bistrós de París o en los tugurios de Chicago. El propio Allen retrató la fascinación que produce dicho período en 'Medianoche en París', en la que su protagonista anhelaba volver a dicha era y presenciar en primera persona tal concentración de talento. Una vez llegaba allí, no obstante, se encontraba con que lo que de verdad deseaban esos artistas era volver a la era de los postimpresionistas. El pasado siempre es un lugar mejor.

Tus conocidos determinan cómo te ven los demás. Cuanto más cosmopolitas sean tus redes, más creativo te percibirán

Un estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia elaborado a partir de la información recogida por el Moma de los artistas de los años 10 y 20 del siglo XX muestra que, en realidad, la creatividad tiene poco o nada que ver con el reconocimiento. Lo dicen tal cual los autores, Paul Ingram y Mitali Banerjee, en su trabajo: “Sorprendentemente, dada la literatura previa, no hemos encontrado ningún apoyo estadístico a una relación entre la creatividad y la fama”. Sin embargo, sí han hallado otra relación que explica por qué alguien es más famoso que otro. Se trata de su red de contactos.

“Una mayor creatividad no se traduce en una mayor fama”, añaden los autores. “Esta se relaciona estadísticamente con la diversidad de tus redes profesionales y personales, se basa en la gente a la que conoces, no en tu producto”. En parte, porque conocer un mayor número de personas multiplica exponencialmente tu red de relaciones personales o la posibilidad de disfrutar de más oportunidades, pero también porque tener contactos en todas partes provoca que los demás te consideren una persona cosmopolita y, por lo tanto, más deseable.

Gertrude Stein, una de las grandes coleccionistas de arte moderno.
Gertrude Stein, una de las grandes coleccionistas de arte moderno.

“Tus conocidos determinan cómo te ve la gente”, explican los autores. “Cuanto más cosmopolitas sean tus redes, la gente te percibirá como más creativo, legitimizándote como un innovador y abriendo las puertas a una fama aún mayor”. Los autores recuerdan que en el contexto que analizan, en el que la vanguardia le había comido la tostada al academicismo, el eclecticismo y la capacidad de salirse de los cánones impuestos eran esenciales en la reputación de un artista. Sin embargo, es una visión que sigue vigente hoy en día, no solo en el arte sino también en la música popular o el cine, cuyo cosmopolitismo es esencial para triunfar en el mercado global.

Es posible que la relación entre causa y efecto sea la contraria a lo que solemos pensar. “Lo que sabemos de las distintas investigaciones es que la diversidad en las redes alimenta la creatividad, que también es importante”, reconocen. Estas redes “te ayudan a posicionarte en el mercado, y pueden provocar que seas más interesante y merecedor de atención si estás conectado con un grupo diverso de personas”. La clave no se encontraba tanto en el número de contactos como en la diversidad entre los mismos. Aquellos artistas con contactos más diversos eran percibidos por sus iguales como personas más creativas.

Kandinsky, el alma de la fiesta

¿Por qué terminaban siendo más famosos los artistas cosmopolitas? En primer lugar, porque su identidad “es congruente con las preferencias estéticas de los coleccionistas y tratantes de arte que se veían a sí mismos como impulsores de un credo estético que valoraba el arte por el arte”. Por otra, porque esto influía en su autenticidad, un valor cuya importancia fue en aumento desde el Renacimiento, y según el cual la capacidad de integrar diversas influencias (el arte primitivo entre los vanguardistas, por ejemplo) era clave en la conformación de la identidad única del artista todoterreno.

La autenticidad en la posmodernidad no es otra cosa que la habilidad para crear algo propio a partir de la diversidad y el mestizaje

Algo semejante ocurre con la música pop de éxito de las últimas décadas, donde se une lo hiperlocal con lo global. Es lo que diferencia a Rosalía de otras artistas de flamenco como Rocío Márquez: su colaboración con artistas de otros terrenos –desde el trap de C. Tangana o J. Balvin hasta la electrónica tropical de El Guincho– ha colaborado en su ascenso a la fama frente a otros artistas de nicho. Como recuerda Sergio Cabello de la Universidad de La Rioja al hablar de Rosalía, “ha sumado influencias y ha generado un cóctel interesante y atractivo para un público muy amplio, con un sello propio basado en las líneas que determinan la autenticidad en la posmodernidad que no es otra que seguramente la habilidad para crear algo propio a partir de la diversidad y el mestizaje”.

En el centro de esa hoguera de vanidades que era el arte de vanguardia, se encuentra el ruso Vasily Kandinsky, alrededor del cual gravitan el resto de artistas que aparecen en la investigación. Formó parte del Jinete Azul en Múnich, fue profesor en la Bauhaus, pasó por la Rusia posrevolucionaria y volvió a París para inventar la abstracción. Con un recorrido así, no es de extrañar que tuviese amigos en todas partes. También Pablo Picasso, quien pasó por sus etapas azul, rosa (más realistas) y negra (más africana), antes de inventar el cubismo. Las obras de ambos artistas reflejan ese eclecticismo y ampliación de horizontes a medida que sus vidas viajeras les hacían granjearse nuevos contactos.

Kandinsky, el Rosalía de la abstracción.
Kandinsky, el Rosalía de la abstracción.

Ello los convierte en los artistas de red abierta por excelencia. El estudio los contrapone a los de red cerrada. Estos últimos son aquellos que, a pesar de ser bien conocidos entre sus compañeros de escena, apenas tienen contactos fuera de esta; los de red abierta tienen amigos hasta en el infierno. El ejemplo que utilizan los autores es el de Suzanne Duchamp y Vanessa Bell, dos artistas con un semejante nivel de creatividad. La primera, hermana de Marcel, era conocida entre los dadaístas, pero apenas fuera de ellos. La hermana de Virgina Woolf era parte del grupo de Bloomsbury, pero también del de Londres y era afín a Gertrude Stein. Que, como bien recordaba Woody Allen, era otro de esos soles alrededor de los cuales giraba todo.

La pescadilla que se muerde la cola

Cabe otra posibilidad, que es que si bien no es la creatividad lo que garantice la fama per se, sí es bastante probable que poseer una mayor red de contactos fomente la creatividad. Los autores recuerdan que los “intermediadores” con muchos contactos tienen acceso tanto a nuevas oportunidades de promoción como a influencias que estimulen su creatividad. Por otra parte, los que viven en un círculo más cerrado suelen estar expuestos a ideas mucho redundantes; es lo que ocurre cuando ves siempre las mismas caras día tras día.

Las personas con una red de contactos más amplia suelen crear obras con las que se identifica un mayor espectro del público

Estas redes amplias no son solo geográficas, sino que también pueden formarse entre distintas disciplinas, formas de expresión o nacionalidades. Los autores recuerdan que “el acceso a diversos reinos sociales expone al ego a un rango más amplio de ideas y prácticas”. Algo que, como hemos visto, puede estimular la creatividad, pero que también puede provocar “obras con las que se identifique un espectro mayor del público”. Es lo que ocurre con la música pop, como hemos visto. La interacción con distintas formas de expresión suele conformar lenguajes más universales.

La moraleja, aplicada a nuestra era, parece clara: si quieres tener éxito, debes hacer muchos amigos, pero sobre todo, muy distintos. Y en todas partes. Es la era del 'networking extremo'. Los autores recuerdan que hoy, la lucha por la fama es más intensa y compleja que nunca debido a que nos desenvolvemos en un mundo digital. La economía de la atención ha provocado que la lucha por destacar en un mundo en el que la competencia ya no se limita al entorno inmediato, sino que es potencialmente global, sea aún más encarnizada. Y ya lo sospechábamos, pero ahora estamos más seguros de que la creatividad no importa si no conoces a las personas adecuadas.

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