camina o revienta

'Jesucristo' Montoya: un día con el hombre dado por muerto (con giro inquietante)

Relato de un preso que estuvo varias horas oficialmente fallecido y metido en una bolsa, 'resucitó', pidió una indemnización al Estado... y tropezó dos veces con la misma piedra/delito

Foto: Gonzalo Montoya y su mujer, Katia, en un parque ovetense. (C. P.)
Gonzalo Montoya y su mujer, Katia, en un parque ovetense. (C. P.)

Para llevar 13 meses muerto, Gonzalo Montoya tiene bastante buen aspecto. Posa junto a su mujer, Katia, mientras sus churumbeles van y vienen pidiendo suelto a sus padres. Estamos en un parque entre bloques del centro de Oviedo, a finales de febrero, en manga corta. Solo hace falta hacerle una pregunta al ‘muerto’ —¿qué pasó el 7 de enero de 2018?— para que se arranque a hablar con gran alboroto. No es para menos: su historia parece una película conjunta de Tarantino y Berlanga.

Carabanchel, La Modelo, Herrera de la Mancha… y Villabona. El Centro Penitenciario de Asturias —popularmente conocido como Villabona (a 15 kilómetros de Gijón)— fue escenario el año pasado de una de las escenas más absurdas de la historia carcelaria española:

Entre la 'muerte' y la 'resurrección' de Gonzalo Montoya pasaron más de cuatro horas

1) Recuento diario de internos: Gonzalo Montoya, preso de la celda 34 del módulo 8, está inconsciente y parece que no respira (en ese momento no lo saben, pero Montoya se ha metido una sobredosis contundente de sustancias variopintas). 2) Tres médicos certifican su muerte. 3) Lo meten en una bolsa para el traslado de cadáveres. Cierran la bolsa. 4) Un vehículo de Funerarias de Santa Teresa lo traslada al Instituto de Medicina Legal de Asturias (el IMLA, en Oviedo) para hacerle la autopsia. 5) La familia de Montoya recibe la noticia de su muerte. 6) Cuando Montoya va a ser colocado en la mesa de autopsias del IMLA “comienza a emitir ronquidos y gruñidos” (según sus abogados). 7) Al personal del IMLA, como es lógico, casi le da un telele.

Entre la muerte y la resurrección de Gonzalo Montoya pasaron más de cuatro horas.

'Jesucristo' Montoya: un día con el hombre dado por muerto (con giro inquietante)

Montoya fue trasladado de urgencia al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Salvó la vida. Volvió a la cárcel. Salió. Y ahora pide una indemnización por negligencia (aunque el Estado se resiste). Pero no se vayan todavía, porque aún hay (mucho) más…

Morir por error

Volvamos al parque. La pareja —de etnia gitana— da su versión de los hechos en modo conversación:

Gonzalo: “Yo no me acuerdo de nada, me lo contaron luego los colegas de la cárcel: fueron a pasar el recuento a las ocho de la mañana, abrieron la puerta y me encontraron tieso. Sacaron a todos los presos a las galerías. Vinieron los médicos. Casi ni me tocaron. Médico, funda y a enterrar. Imagina que me despierto dentro del congelador de los forenses. Si llego a ser consciente de que me habían dado por muerto, hubiera muerto allí mismo… del susto”.

Imagina que me despierto dentro del congelador de los forenses. Si llego a ser consciente de que me habían dado por muerto, hubiera muerto allí mismo… del susto

Katia: “Poco más y lo matan ellos mismos. Ya estaba pintado para hacerle la autopsia”.

Gonzalo: “Pon que me llegan a rajar… madre mía. Cuando me desperté del todo estaba en la UCI. Tenía a mi mujer al lado. '¿Qué pasó aquí?'. Me dijo que había tenido un catarro”.

Katia: “Lo 'engañemos'. Lo 'engañemos”.

Gonzalo: “Me fui enterando poco a poco: por las enfermeras, por la televisión, por mi padre. Lo pasé muy mal”.

Katia: “Lo 'pasemos' todos fatal. Pero bueno, gracias a Dios está aquí, y lo puede estar contando... Cuando una persona fallece, lo primero que tienen que hacer es comprobar...”.

Gonzalo: "Comprobar el pulso y todo".

Poco más y lo matan ellos mismos. Ya estaba pintado para hacer la autopsia

Katia: "No le pusieron la máquina esa que tienen en Villabona para saber si uno está vivo o muerto".

Gonzalo: "El electro".

Katia: "Fueron muchos fallos. Ha quedado tocado".

Gonzalo: "No sé cómo estoy…".

Katia: "Nos dijeron que estaba muerto. Y cuando fuimos a reconocer el cadáver, nos dijeron que estaba vivo. Fue así: me llamó mi crío muy angustiado: ‘Ven 'p'acá', que al papa le pasa algo’. Tiro 'p'allá' y veo a mi hijo llorando de rodillas. Pensaba que su padre se había metido en una pelea en Villabona. Mi cuñada Verónica llamó a la cárcel. Le dijeron: ‘Lo siento, hemos hecho lo imposible por salvar a tu hermano’… Mi cuñada se desplomó. Nos dijeron que Gonzalo estaba muerto, pero algo dentro de mí me decía que estaba vivo...".

Gonzalo y Katia. (C. P.)
Gonzalo y Katia. (C. P.)

Aquí no ha pasado nada

La palabra judicial clave de la conversación es 'electro'. Electrocardiograma. Según el bufete ovetense Luis Tuero Fernández Abogados —representantes legales de Montoya—, "un simple electrocardiograma o una monitorización de la función cardíaca hubieran permitido descartar de inmediato el supuesto fallecimiento y permitido una asistencia médica rápida".

Casualmente, poco tiempo después de la 'muerte' de Gonzalo Montoya, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias emitió una instrucción a todas las cárceles de España que obligaba a hacer electrocardiogramas para certificar muertes en prisión, en lo que podría interpretarse como un reconocimiento indirecto de culpa. “Es una locura que tenga que haber pasado algo así para que se cambie la normativa. Pero es que, además, el dictado por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias de una nueva instrucción relativa al protocolo de pasos a realizar para evitar diagnósticos erróneos de muerte es una demostración implícita de que la Administración reconoce que, efectivamente, ha habido un error”, asegura Iván Cortina, letrado del preso 'resucitado'.

El denunciante se encontraba en situación de muerte aparente. No hay responsabilidad alguna en los profesionales médicos

Los abogados de Montoya se han topado con un muro judicial. Primero denunciaron ante el Juzgado de Instrucción nº1 de Oviedo. Se archivó. Recurrieron ante el mismo juzgado; fue desestimado. El auto de sobreseimiento aseguró lo siguiente: “No aparece debidamente justificada la perpetración del delito (...) como se desprende de la documentación remitida por el HUCA, y en particular, de los análisis [toxicológicos] que le fueron practicados. El ahora denunciante se encontraba en situación de muerte aparente: 'Situación en la que el sujeto está vivo, pero sus funciones vitales, circulatorias, respiratorias, neurológicas, etc. son tan débiles que parece que está muerto', caracterizándose tal situación, por inamovilidad y rigidez muscular, así como una sensibilidad dolorosa reducida o incluso nula, donde el sujeto no responde a estímulos externos, lo que, sin duda, condujo a su estimación como fallecido, no aplicándose responsabilidad alguna en los profesionales médicos intervinientes y menos aún en el director del centro penitenciario”.

El tema incomoda porque podía haber habido un error de Instituciones Penitenciarias

Más tarde, los abogados del preso presentaron recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Oviedo, que aún no se ha manifestado. El recurso critica a la jueza por no entrar al fondo de la cuestión, al "negarse a investigar por qué se declaró erróneamente muerto a Gonzalo Montoya" y "limitar su brevísima instrucción a investigar si estaba o no drogado". Se critica también a la jueza por "tratar de dar carpetazo al asunto a la mayor brevedad"; prisas que fuentes judiciales asturianas conocedoras del caso achacan a un intento de enterrar un asunto delicado: "El tema incomoda porque podía haber habido un error de Instituciones Penitenciarias".

Paralelamente, hace unas semanas, los abogados de Montoya presentaron una reclamación de responsabilidad patrimonial de la Administración "por los graves daños y perjuicios sufridos como consecuencia directa del erróneo diagnóstico de muerte". Piden 50.000 euros. “No sé qué hubiera pasado si Gonzalo no hubiera empezado a emitir ruidos y moverse dentro de la bolsa. Quizá, probablemente, sí estuviéramos hablando de su fallecimiento real", zanja el abogado Iván Cortina.

La sobredosis

Horas antes de sufrir una sobredosis, la familia de Gonzalo Montoya le había visitado en la cárcel. Gonzalo y Katia recuerdan así aquel momento:

Gonzalo: “Yo tengo cinco guajes. Llevaba dos años preso por cuatro hierros. Pedí un vis a vis familiar en Reyes y me lo dieron al día siguiente”.

Katia: “Lo vi muy apagado, muy triste”.

Los guajes me pedían cosas, me decían que me fuera a casa con ellos. Estaba solo en la celda. Con mil cosas en la cabeza. Llorando. Mucha depresión. Nada, yo la palmo. Tomé unas cosillas...

Gonzalo: “Estaba muy mal. Los guajes me pedían cosas, me decían que me fuera a casa con ellos. Estaba solo en la celda. Con mil cosas en la cabeza. Llorando. Mucha depresión. Nada, yo la palmo. Tomé unas cosillas…”.

Katia: “Hay más droga y más delincuencia ahí dentro que aquí en la calle. La gente muere porque no hay control. Tienen que tratar mejor a los presos”.

Gonzalo: “Algunos presos se pasan, eh, pero a otros hay que ayudarles. No les tratan bien. Palizón, aislamiento y cunda”.

Katia: “Ahora estamos buscando trabajo. Nos dicen que sí por teléfono, pero en cuanto nos ven aparecer...”.

Aquí acabó la conversación; que no el quilombo...

El robo

El pasado jueves, tres días después de charlar con los Montoya, Katia y Gonzalo fueron detenidos acusados de "robo con fuerza" en Meres (Pola de Siero, a pocos kilómetros de Oviedo). 'Robo con fuerza' suena fuerte... hasta que bajas al detalle: entraron de noche y se llevaron aluminio y las ruedas y llantas de un BMW. "La detención no tiene por qué afectar ni al actual tema penal [que se encuentra en fase de recurso] ni a la reclamación de responsabilidad patrimonial contra la Administración", cuenta Iván Cortina, abogado del preso 'resucitado'.

No era la primera (ni la segunda) vez que Gonzalo Montoya tropezaba con la misma chatarra. He aquí un patrón y un modo de vida marginal. Montoya entró en prisión la otra vez por robar chatarra valorada en unos pocos euros, como contó 'El Comercio' en su exhaustivo seguimiento del caso Montoya: “La empresa Capsa presentó un informe valorando aquel botín de 20 kilos de chatarra: 3,60 euros... La indemnización que podía lograr era inferior a los posibles costes de pleitearla, por lo que Capsa rehusó emprender acciones legales. La cuantía del golpe contrasta con los dos años de cárcel. Sin embargo, con el Código Penal en la mano, esa era la condena mínima posible dada la calificación jurídica de los hechos: según la sentencia, Gonzalo ‘saltó el muro perimetral’ de la empresa (...) El dato es clave. La ley entiende que ‘robo con fuerza’ es, entre otros, el que se produzca con ‘escalamiento", resumió el rotativo gijonés sobre la condena anterior de Montoya.

Es una locura que tenga que haber pasado algo así para que se cambie la normativa

Gonzalo Montoya podía no haber entrado en prisión, pero tenía antecedentes por conducir sin carné y robar chatarra y cacharros industriales diversos en otras ocasiones. "A sus 29 años, acumula cinco sentencias con un curioso patrón: nunca las recurre, siempre va con abogado de oficio y cuanto mayor es el bien que quería llevarse, menor la condena impuesta", concluía 'El Comercio'.

Conclusiones sobre la carrera criminal de Gonzalo Montoya: ni se va a hacer rico robando ni le van a nombrar ladrón del año.

Biografía acelerada de Montoya

Llegados a este punto, es hora de escribir la biografía acelerada de Gonzalo Montoya con datos sacados de un artículo de Ramón Muñiz en 'El Comercio':

1) Nace en 1988 en una chabola del poblado de Villalegre (Avilés). 2) Nada más nacer, le apodan 'el Chino': como tenía los ojos muy pequeños, su padre dijo en broma que no era hijo suyo sino de un chino. 3) Deja el poblado y pasa a un piso de un programa de integración. 4) Siendo más niño que adulto ayuda a la familia a recoger cartones y chatarra callejera. 5) Coquetea con las drogas y va para bala perdida adolescente. 6) Subsiste mezclando venta de chatarra y salario social. 7) Da pequeños palos. 8) Entra en la cárcel. 9) Muere y resucita. 10) Y vuelta a empezar.

“Yo quiero justicia. Justicia es lo que quiero. No he pedido 300.000 euros. He pedido una respuesta. Una indemnización y un reconocimiento de lo que pasó”, nos contó Montoya poco antes de volver a ser detenido.

'Jesucristo' Montoya: camina o revienta.

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