¿Cuánto cuesta el amor?

Máxima confidencialidad y 10.000 euros para que los ejecutivos encuentren el amor

Si fueras millonario, ¿cuánto dinero te gastarías en la pareja perfecta? El matchmaking pone en contacto a gente pudiente que no quiere airear su nombre. Estas son algunas de sus historias

Foto: Verónica Alcanda. (C. Pastrano)
Verónica Alcanda. (C. Pastrano)

Si fueras millonario, ¿cuánto dinero estarías dispuesto a gastarte en conseguir a tu pareja perfecta? Esa pregunta se la hacen los usuarios del matchmaking, una herramienta para encontrar el amor para directivos y ejecutivos de "alto-standing" que puede llegar a costar hasta 10.000 euros al año.

Pedro, con más de 65 años, buscaba una relación estable, pero no tenía tiempo. Este consultor, que habla varios idiomas, tenía ganas de encontrar una media naranja con la que compartir su tiempo y aficiones. Y el amor le llegó, de manos de la matchmaker Verónica Alcanda, de Alcanda Matchmaking, que le presentó a una de sus clientas de su estilo: cosmopolita, abierta, educada y divertida.

Se gustaron y hubo ‘feeling’. Sin embargo, justo cuando empezaron a salir, Pedro tuvo un problema de salud grave. Ocurrió algo inesperado: “Mi clienta, en vez de parar el proceso y pedir a otro candidato, decidió apoyarle en vez de salir corriendo, que es lo que hubieran hecho muchas personas. Una vez superado el problema, Pedro nos contó que ese apoyo en ese momento tan difícil para él, hizo que desease aún más estar con ella”, comenta Alcanda.

"No quería exponerme demasiado"

La persona que decidió apoyar a Pedro es Silvia. Con 60 años y un puesto de responsabilidad, su agenda no le permitía encontrar a alguien. Por eso contrató los servicios de un ‘matchmaker’. “Las redes sociales y los portales de internet te ayudan a conocer gente, pero son necesarias dos condiciones para que sean de utilidad: dedicar tiempo y darte a conocer. Yo no tenía tiempo y no quería exponerme demasiado”, cuenta.

Verónica Alcanda
Verónica Alcanda

Silvia conoció los servicios de ‘matchmaking’ a través de una revista: “Quedé muy contenta con el servicio: es una actividad compleja, como todas en las que entran en juego factores afectivos y emocionales. Hay que entender eso para no tener falsas expectativas. Creo que el trabajo que hacen es muy de valorar”.

Pero ¿qué es exactamente el matchmaking? Unos profesionales que aplican las técnicas del ‘head hunting’ (búsqueda de talentos para la empresa) a la búsqueda de parejas: o sea, les contratas (ojo, que no es apto para todos los bolsillos), les dices lo que estás buscando y ellos te hacen el trabajo de filtro. Buscan y rebuscan hasta que dan con candidatos/a que cumplan tus requisitos. Pero si ven que te estás pasando y te rebajan las expectativas. Nada hay más eficiente como aterrizar al cliente.

'Headhunter' sentimental

Alcanda fue pionera en introducir este negocio en nuestro país: desde hace seis años, esta headhunter sentimental se ha dedicado a buscar pareja a sus clientes: “La mayoría son empresarios/as o altos ejecutivos/as aunque hemos tenido algún diplomático, deportista de élite e incluso, algún pintor y marchante de arte”, aclara.

Aunque se asimila a otros servicios, tiene algunas peculiaridades: “Lo primero, antes de firmar ningún contrato, es asegurarnos de que podemos ayudar a esa persona que quiere contratar nuestros servicios. Para ello, es necesario mantener un encuentro personal para, en función de su estado emocional, ideas sobre las relaciones y el perfil de su pareja ideal, determinar si podemos ayudarles. Lo que nunca hacemos es crear expectativas que no vamos a poder cumplir”, explica.

El paso siguiente sería la firma del contrato en el que se especifican los requisitos que han de tener los candidatos/as y donde se regulan los derechos y obligaciones de ambas partes. Después se define la estrategia de búsqueda para hallar ese tipo de perfiles. “Una vez definido nos ponemos manos a la obra con la búsqueda a través de varios canales y, tras varias entrevistas, filtramos y seleccionamos a la persona que consideramos mejor para nuestro cliente y se la presentamos. Si hay “match", perfecto, si no, seguimos con el mismo proceso durante la vigencia del contrato hasta hallar su "perfect match"”, explica la emprendedora. ¿Cuánto cuesta esto? Los contratos van de 5.000€ a 10.000€, con una duración de entre 6 y 12 meses dependiendo del cliente y de sus requisitos. En el contrato se estipula también a cuántas presentaciones tiene derecho el cliente.

Sus clientes conocen otras alternativas para encontrar pareja, como pueden ser Tinder o Meetic (esta plataforma, por ejemplo, cobra a sus usuarios 18,99 euros si te abonas medio año, o 36,99 euros si te suscribes un mes), pero solo unos pocos las han usado: “Ellos no quieren/pueden exponerse públicamente debido a su estatus social, pero alguno que otro sí lo ha hecho. La queja siempre es la misma: hay que invertir demasiado tiempo para encontrar en un "mundo virtual” en el que todo vale y en el que el engaño está a la orden del día. Además, está el tema de la confidencialidad que para mis clientes es fundamental”, explica.

Crecimiento imparable

Aunque las apps de dating han vivido una explosión, sobre todo desde la llegada de Tinder, las cifras indican que son los servicios de matchmaking los que más van a crecer: se espera que este sector alcance los 5.521 millones de dólares para 2022, según datos de junio pasado de Statista. De acuerdo con la misma fuente, un 15% de la población mayor de 16 años está utilizando los servicios de dating online y matchmaking en España, frente a más de un 26% en Estados Unidos.

Es decir, la gente está dispuesta a pagar para encontrar pareja y no le importa -al menos los muy adinerados- que el servicio sea caro si el resultado responde a sus demandas: “En el 80-85% de los casos conseguimos emparejar a nuestros clientes. Una vez finaliza el contrato, la duración de esas relaciones depende solo de ellos. Algunos llevan años juntos y otros duran solo algunos meses”, añade Alcanda.

José María también acudió al matchmaking: “Firmé el contrato a principios de 2018 y me presentaron, a lo largo del proceso, un total de cuatro candidatas. Con la primera fue bien pero por motivos laborales tuvimos que separarnos. Con la segunda no hubo ‘feeling’, con la tercera tampoco y finalmente conocí a la cuarta opción, que es mi pareja en la actualidad. Se adapta totalmente a lo que buscaba y estamos muy felices”, aclara este hombre de negocios.

Curiosamente esa cuarta candidata de la que habla no respondía a uno de los requisitos que puso: él buscaba una chica española y María, su pareja, es extranjera, aunque lleva en nuestro país desde la infancia: “Confíe en los profesionales que contraté. Me decían que podía encajar perfectamente conmigo, así que me presté a conocerla”, añade.

José María cuenta que buscaba una mujer económicamente independiente, con personalidad y buena persona. “Quería alguien que quisiera formar una familia, de entre 29 y 34 años, no me importaba excesivamente el físico. Antes había estado en plataformas de dating pero no me gustó: era muy impersonal y mucha gente lo que busca es pasar el rato”, aclara. En lo de formar una familia María, de 30 años, encajó perfectamente porque para ella, tanto el matrimonio como formar una familia son aspiraciones muy importantes en su vida.

Alcanda incide en que cliente y candidato/a deben seguir unas determinadas reglas en la primera cita bastante estrictas: no hablar de dinero, ni de trabajo ni de relaciones anteriores. Ni tampoco intercambiarse el móvil ni, por supuesto, tener relaciones sexuales en esa primera cita. Ella preguntará a su cliente, pasada la cita, si se sintió a gusto con la otra persona, y solamente si hubo feeling, es cuando les pone en contacto telefónicamente.

¿Es más difícil ligar hoy?

Para concluir, la pregunta del millón: ¿De verdad es más difícil encontrar el amor hoy?: “Sí lo es por varios factores. El más importante es que, en general, cada vez somos menos pacientes, somos muy cortoplacistas en busca siempre de satisfacción instantánea. Es la ley del mínimo esfuerzo. Además, está el tema de la de las redes sociales. Es cierto que es una gran ventana al mundo, pero también que el exceso de oferta hace que la demanda se vuelva cada vez más exigente o, simplemente, se banalice. Desde mi punto de vista, considero que las redes sociales nos acercan a muchos desconocidos pero nos alejan de nuestros conocidos lo que resulta en una sociedad cada vez más solitaria pues, en esas relaciones, difícilmente se llega a profundizar”, finaliza Verónica Alcanda.

Alma, Corazón, Vida
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