TODO EL MUNDO QUIERE SER ORGANIZADOR

Los secretos de las Marie Kondo españolas: “Llegué y había una bañera en el patio”

El 'boom' de la serie ha provocado que el trabajo de organizador se ponga de moda, pero hace años que decenas de profesionales se dedican a ordenar los hogares españoles

Foto: Pía Nieto no solo ordena sino que también organiza: si es necesario, forma a los empleados del hogar.
Pía Nieto no solo ordena sino que también organiza: si es necesario, forma a los empleados del hogar.

A Beatriz Martín le apasiona el orden desde la infancia, cuando pasaba horas y horas recogiendo, clasificando y reordenando la ropa de sus familiares. “La increíble sensación de ver todo el cuarto recogido y la felicidad de mi querida abuela me llenaban de satisfacción y alegría”, recuerda. La vida la llevó por otro camino. Tras estudiar Empresariales, encontró trabajo como contable, otro empleo cuadriculado. El gusanillo, no obstante, le llevaba a ordenar las casas de amigos en sus ratos libres, al salir del trabajo. Lo que empezó como afición ha terminado convirtiéndose en un trabajo tras mudarse a Santa Cruz de Tenerife. “Decidí cambiar de vida y me volqué en la profesión para intentar darme a conocer”. Hoy tiene unos cuatro o cinco clientes al mes.

Beatriz es, a través de su empresa Ten Orden, una de los más de 100 organizadores profesionales (PO) que hay ahora mismo en España. O, mejor dicho, organizadoras, pues en su mayoría son mujeres. Una profesión que se ha puesto de moda gracias a Marie Kondo y su serie en Netflix, pero que surgió hace alrededor de tres décadas en Estados Unidos. “Empecé hace más de 25 años, porque en casa de mis padres había mucho orden, y ese orden da bienestar”, recuerda Pía Nieto Villa, que con Pía Organiza viaja por toda España y parte del extranjero organizando armarios, mirando a los ojos a trasteros abarrotados y ordenando vidas, por ejemplo, enseñando a los clientes a hacer una lista de la compra eficiente u organizando el horario de coladas.

Trabajas por horas y vas volando, así que no puedes estar despidiéndote de cada camiseta, el cliente no lo permitiría

La mayoría coincide en que Kondo no ha inventado nada, aunque haya sido la que ha saltado a la fama, quizá por provocar una peculiar mezcla de placer e irritación en el espectador, como si le estuviesen dando un masaje mientras le obligan a ver una película de terror japonés extremo. Ni el doblado vertical es suyo ni es la más veterana. “Lo de saludar a la casa no lo hace nadie”, explica la arquitecta Laura Crespo, organizadora en Valladolid y que decidió dedicarse a ello después de tener que enfrentarse a la compleja ecuación de criar un bebé en una casa pequeña. “Trabajas por horas y vas volando, así que no puedes estar despidiéndote de cada prenda, la realidad es muy diferente”. La mayoría de clientes occidentales no entendería la dilatación artificial de un proceso que se basa en la eficiencia.

Laura Crespo, evaluando un armario.
Laura Crespo, evaluando un armario.

No es un lujo, coinciden. La variedad de perfiles entre sus clientes es llamativa. “Hay desde chicas casi universitarias que viven solas y tienen un presupuesto justito hasta señoras con un nivel más alto”, explica Crespo. Un cliente habitual son los hombres que acaban de divorciarse, y que se encuentran con que, como era su mujer la que organizaba la casa, no saben sobrevivir entre su propio caos, aunque por lo general las que más recurren a estos servicios son mujeres. También “millennials' de 30 años que están hechos un lío”, como desvela Pía, o familias que “trabajan de sol y sol” y que prefieren dedicar a su familia el poco tiempo libre del que gozan. A menudo, es una crisis (divorcio, mudanza) lo que precipita la llamada a uno de estos PO.

En cada casa, un misterio

“Por mucho que cambien las casas, todos tenemos muchas cosas en común, seamos de clase baja o alta”, desvela Cloti Martínez, de Reorganizarte, una de las más veteranas del sector y fundadora de la Asociación de Organizadores Profesionales de Casas (AOPE), que dejó el periodismo para hacer un módulo superior de Asesoría de Imagen. “Te sorprenden sobre todo los casos de acumulación compulsiva”. Hay, sin embargo, una línea que estos profesionales nunca traspasan: la de los casos de síndrome de Diógenes, que requieren tratamiento psicológico. Aunque en ocasiones sea difícil separar la enfermedad del consumo sin freno.

Si no eres capaz de tirar los apuntes de la carrera, llámame que yo lo hago, está más que demostrado que no los vas a volver a mirar

“En estos 15 años, he entrado en muchas casas, cada una es distinta, pero todos tenemos problemas comunes, como el consumismo, la falta de tiempo, no saber decir que no, poner los objetos por encima de las personas o no enseñar a nuestros hijos a ser responsables de las cosas”, explica María Gallay, cofundadora de la AOPE junto a Martínez y Adelaida Gómez, de Orden Studio, en A Coruña. “Lo divertido es la cantidad de excusas que nos ponemos a nosotros mismos, como los 'por si acaso', somos muy creativos creando razones para no enfrentarnos a la realidad de que algo no nos vale, no lo utilizamos o simplemente no nos gusta”. El truco está en ir convenciendo poco a poco al cliente de que quizá no necesita todos esos bolis que no funcionan o la vieja colección de antigüedades de la abuela por la que no darían ni un euro en el Rastro.

Laura Crespo se encontró, por ejemplo, con una bañera en mitad del patio de uno de sus clientes. “Como no encontraba momento, la dejó fuera, y ahí llevaba dos años”. Más: cuando entró en el domicilio de una de sus clientas, se dio cuenta de que la ropa estaba tirada por toda la casa… pero que los armarios estaban vacíos. Otro de los hallazgos habituales es una interminable colección de objetos repetidos o pequeñas fortunas en billetes. “Hace unos días me pasó con un cliente, llegué al botiquín y vi un termómetro”, recuerda Pía. “Luego otro, y otro… hasta seis. Había una familia que cada año, cuando le daban un jamón con la cesta, se compraba un jamonero. Ocho años, ocho jamoneros”.

Cloti Martínez vs. una montaña de ropa.
Cloti Martínez vs. una montaña de ropa.

“Si no eres capaz de tirar los apuntes de la carrera, llámame que yo te los tiro, porque está más que demostrado que en el 90% de casos no los vas a volver a mirar”, añade. Hay algo en lo que todas se ponen de acuerdo, y que las diferencia culturalmente del minimalismo de Kondo: la clave no está necesariamente en tirar, sino en organizar lo que se tiene. Para las sociedades mediterráneas, conservar tan solo 20 libros como propone la japonesa es una locura. “Parece que hay una psicosis por tirar y tirar, pero si tienes espacio, yo te ayudo a guardar”, añade Pía, que afirma que si en una semana no ha revisado las notas que ha tomado en un curso, van a la basura.

Cada maestrillo tiene su librillo, y es frecuente que las organizadoras intercambien cotizados trucos, pero muchos principios organizativos son los mismos. Por ejemplo, guardar las cosas nada más utilizarlas, y buscarles un lugar específico porque, como recuerda Crespo, “cuando sabes dónde está cada cosa, no hay que pensar”. También, decidir qué es lo que sale por la puerta antes de meter algo nuevo en casa. A menudo, basta con cambiar los muebles de lugar. Como recuerda Martín, “en ocasiones nuestras posesiones no están en sintonía con nuestros armarios”. Cualquier cosa para perseguir la anhelada paz mental a través del descanso que produce el orden físico.

Las Freud del siglo XXI

AOPE abrió sus puertas hace un par de años, y hoy cuenta con más de 100 afiliados entre sus filas. Aunque la mayoría son mujeres, su presidente es un hombre, Albert Andrés. Dentro de unos días, el 9 de febrero, celebrarán su tercer congreso. Un 'boom' que, según las organizadoras, se debe a que el consumismo y la falta de tiempo nos sobrepasan y necesitamos una figura externa que nos ayude a salir del agujero. En ese sentido, la profesión de organizadora no es tan diferente del psicoanalista tradicional, que penetraba en lo más profundo de la psique para ordenarla (metafóricamente).

El caos visual te impide ver otra clase de problemas, hasta que no cambias lo externo no puedes solucionar lo interno

El desorden del hogar suele ser indicativo de algo más profundo. “El orden es necesario en todas y cada una de las facetas de nuestra vida”, recuerda Martín. “Tener las cosas estructuradas y claras te facilita ser productivo, mejora tu salud, todo son ventajas”. Una reacción habitual entre las organizadoras es la de ver cómo un cliente triste, agobiado y estresado, de repente parece renacer al comprobar que su casa está ordenada. “El caos visual te impide ver otra clase de problemas, hasta que no cambias lo externo no puedes solucionar lo interno”, relata la organizadora madrileña. “Cada casa dice mucho del interior de la persona y del proceso que está pasando”.

No es un negocio fácil si no estás asentado. Las organizadoras recuerdan que el número de encargos puede variar sensiblemente de un año para otro, y según el momento del año. La temporada baja abarca desde mayo a octubre, con las vacaciones y el retorno a la rutina. Cada empresa ofrece distintas posibilidades, y, por lo general, se adaptan a las necesidades del cliente. Ten Orden, por ejemplo, ofrece “precios ajustados” y tiene cuatro o cinco proyectos mensuales que apenas le dan para sobrevivir; Pía Organiza lleva a cabo entre 10 y 12 al año, pero se trata siempre de proyectos integrales que en algunos casos incluyen mudanzas a ciudades como Oslo y abarcan casi todo el territorio nacional, desde Madrid y Barcelona (las ciudades con más demanda) hasta Valencia, Sevilla o Marbella.

Publicar un libro termina siendo casi imprescindible para dar a conocer la marca. Pía Nieto es la autora de 'Manual para organizar tu casa', Cloti Martínez, de 'Reorganizarte: el arte de ordenar tu casa y llenar de felicidad tu vida', y María Gallay, de 'El poder del orden'. Volúmenes que han contribuido a popularizar esta labor, aunque pueda convertirse en un arma de doble filo. ¿Hay demanda para tanta oferta? “Es más fácil un mercado para dos personas que para 20”, concede Martínez, que a menudo recibe correos de toda clase de trabajadores de todo tipo (como banqueros) que quieren reciclarse como organizadores. Gallay, por su parte, considera que “hay mercado para todos los que tengan las aptitudes y se preparen a fondo, esto no es un 'hobby”.

Otro hándicap es que no existe una preparación concreta para ejercer dicha profesión. Para formar parte de AOPE se exige experiencia demostrable y una página web propia. En Estados Unidos hay formación específica 'online' a través de la NAPO (National Association of Productivity and Organizing Professionals), pero en España apenas hay algún tímido experimento, como la Academia del Orden, de Adelaida Gómez, pero la mayor parte de profesionales son autodidactas que se forman a través de la red y cuya fiabilidad (y un escrupuloso respeto a la privacidad) es su principal tarjeta de presentación. “El mercado se regulará solo”, concluye Gallay. “Perdurarán los más preparados y serán los clientes quienes escojan”.

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