lo que pasamos por alto

Las claves del empleo en el siglo XXI "son aquellas que no estamos teniendo en cuenta"

El escritor Umair Hacque propone un análisis de los empleos de futuro un poco diferente al general mediante la redefinición de las organizaciones actuales

Foto: Foto: IStock.
Foto: IStock.

Nada de coches voladores y robots automatizados que limpien nuestras casas inteligentes. ¿O quizá sí? Se ha teorizado mucho acerca de cómo sera el trabajo del futuro y, por lo menos, hay algo que nos alivia: hasta 2022 aproximadamente no cambiarán sustancialmente. Aunque, pensándolo en frío, 2022 se encuentra a la vuelta de la esquina.

No tendremos la misma suerte en 2035, cuando, al parecer, la mayoría de los trabajos que conocemos habrán desaparecido. Los analistas de big data y de toma de decisiones complejas, los expertos en experiencia con el cliente o los ayudantes de salud preventiva (ayudando a evitar las enfermedades de manera personalizada a sus clientes) serán algunos de los trabajos en alza en un mundo en el que, por otro lado, seguirá creciendo el emprendimiento. Renovarse o morir, dicen. Solo los empleos que requieren mucha especialización o que forman parte de los escalafones superiores de la jerarquía empresarial podrán sobrevivir. El teletrabajo será toda una realidad en un mundo en el que ir a la oficina a pasar ocho horas se habrá convertido en algo totalmente obsoleto.

Si, por otro lado, tenemos que convivir con robots que podrán realizar las tareas más mecánicas y repetitivas, es comprensible pensar cuáles serán nuestros puntos fuertes para poder sobrevivir con esa ley de la selva que se impondrá en el mercado laboral. La creatividad, la inteligencia emocional, el diseño tecnológico o la programación serán también fundamentales en la búsqueda de empleo. Nuestra carta de presentación. Y, sin embargo, parece que nos dejamos algo importante por el camino: si aún no hemos resuelto los problemas actuales, ¿qué nos dice que en el futuro esto habrá cambiado? sobre todo, ¿no es momento de revisar las organizaciones y el orden actual para comprobar si falla algo? Por lo menos eso es lo que dice el escritor Umair Hacque, autor de 'El nuevo manifiesto capitalista: Una apuesta por un capitalismo constructivo'.

Así lo explica el analista en 'Medium', y su postura tiene más que ver con la solución del 'aquí y ahora' que con el mañana. Indica que el trabajo del futuro podrá dividirse en tres niveles. "Nada de cosas como el dominio técnico, las redes sociales o las habilidades analíticas. Todo eso está obsoleto", explica. "El trabajo que vamos a hacer en este siglo es nuevo y a la vez muy antiguo. Es atemporal y oportuno y es profundamente humanizante. Nada de alienación, ya no será explotador o inútil".

Los tres niveles

¿En qué consisten estos tres niveles de los que habla el autor? Señala el primero de ellos. "Antes de nada hay que entender que vivimos una época difícil. El viejo mundo, tal y como lo conocemos, está desapareciendo. He aquí una pequeña lista de problemas actuales: desigualdad, estancamiento, desesperación, soledad, desconexión, desconfianza, desequilibrios en el poder... ¿estamos resoviendo alguno de estos problemas con el trabajo que hacemos? ¿O estamos esperando a que, en un futuro lejano, se reduzcan un poco?". segura que, sin una meta real para resolver todos estos conflictos, estamos destinados al fracaso y al colapso. Es por ello que la resolución de problemas en nuestro propio trabajo debe ser una máxima.

Eso no significa que haya que arreglar el mundo entero, matiza, haciéndolo a pequeña escala vale. Como aquel que decide contribuir por una causa aportando algo, sin importarle si los demás lo hacen también o no. Pero, ¿cuál es el problema segun Hacque? ¿Por qué no podemos resolver estos problemas si es algo que, a la larga, nos ayudaría a todos? "El problema son las organizaciones", asegura, "cuando se crearon en la Revolución Industrial no se pensaba en resolver amenazas concernientes a la humanidad o las especies. Por eso el nivel dos consiste en volver a imaginarlas, reconstruirlas y redefinirlas para resolver problemas reales, de ahora".

Cuando surgieron las organizaciones en la revolución industrial no tenían que resolver los problemas que tenemos ahora


¿Para qué sirven, entonces, las organizaciones? ¿Qué hacen? "La verdad... no mucho. En su mayoría, recompensan a aquellos que tienen la suerte de encontrarse en lo alto de la jerarquía y mantienen a los que están por debajo. Es por ello que el trabajo del nivel dos tiene que encaminarse hacia la resolución de problemas, reconstruir estas organizaciones para que pueda hacerse un trabajo real, genuino, que perdure y resuene a través de la historia".

¿Una utopía?

Construir organizaciones que realmente puedan lidiar con problemas como el estancamiento, el cambio climático o la desconfianza significa construir algo por lo que las personas sean capaces de expandir la empatía, el coraje, la gratitud o el perdón. Un trabajo que libere. "No podemos resolver los problemas de hoy desperdiciando nuestras vidas en hojas de cálculo, jefes, resultados y reuniones" explica. "Por ello el trabajo de nivel dos consiste en evocar la autorrealización en las personas".

"Déjate de diseño tecnológico o conocimiento de redes sociales. Las cualidades como la empatía, la perspicacia, la moral, la sabiduría... eso debería estar en alza. No hay Jefes de Bienestar o Diseñadores de Agencias Humanas... pero debería haberlos con el fin de conseguir organizaciones que se preocupen y trabajen por el bienestar, la vida y las posibilidades".

Por tanto, asegura, el trabajo de nivel tres está relacionado única y exclusivamente contigo y la respuesta está junto a ti. Tienes que crecer. Según Hacque existen dos clases de personas en el mundo, aquellos "agentes de regresión", inamovibles, que tratan de volver al autoritarismo y, en definitiva, al viejo orden, y los que, por el contrario, tratan de crear un futuro mejor para nosotros, nuestros nietos y todos aquellos que heredarán el mundo que dejamos atrás. Este tipo de trabajos conllevan una mayor responsabilidad y un mayor riesgo, pero también ofrecen la autorrealización duradera y el autoconocimiento.

Nada de diseño tecnológico o conocimiento de redes sociales. La empatía, la moral, la sabiduría... eso debería estar en alza

"Tal vez tengas que hacer un viaje espiritual, escribir una novela, fracasar miserablemente como escultor, obtener un doctorado o romperte el corazón cientos de veces. Lo que importa es que, precisamente, ese es el tipo de trabajo que el viejo mundo nos dice que no importa, que es una pérdida de tiempo, inútil y empobrecedor. Esos trabajos del alma nos enseñan de qué está realmente hecha la vida, y cuando lo aprendemos, entonces podemos construir instituciones y organizaciones para crear un mundo mejor".

Quizá estas palabras que parecen sacadas de un manual de autoayuda no anden tan desencaminadas. El ensayista Yuval Noah Harari en una reciente entrevista hablaba de algo parecido alegando que solo hay una posible salida a este escenario tan terrible, y es el de la redistribución de la riqueza: "Que con el dinero obtenido tras la reducción de costes se proporcione a todos servicios básicos y gratuitos que nos permitan tener la oportunidad de perseguir nuestros sueños, ya sea en el campo del arte, la religión o la construcción de comunidades”.

Alma, Corazón, Vida

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