SUS AMIGOS LE SUPLICARON QUE ADELGAZARA

Anna demostró que adelgazar 100 kilos es posible: así consiguió su sueño

Recurrió a una entrenadora personal cuando alcanzó los 206 kilos y ha conseguido perder la mitad de su peso en menos de un año

Foto: Perder 100 kilos es posible: sólo hay que estar convencido de hacerlo (Reuters/Lucas Jackson)
Perder 100 kilos es posible: sólo hay que estar convencido de hacerlo (Reuters/Lucas Jackson)

Las Navidades son sinónimo de excesos que, la mayoría de las veces, termina pagando nuestro físico. Las comidas sin fin, los turrones y todo tipo de dulces típicos y las tertulias en las que no falta el alcohol hacen que los kilos se acumulan sin remisión por todos los rincones del cuerpo. Eso le pasó a Anna, pero con la diferencia de que cuando quiso darse cuenta su báscula acababa de batir su propio récord: pesaba 206 kilos.

La alimentación de Anna era caótica: se saltaba el desayuno la mayoría de los días, a veces incluso el almuerzo, pero cuando llegaba la tarde y, sobre todo, la cena, se volvía loca. En pocas horas ingería el doble de las calorías recomendadas para todo el día y nada era capaz de detener su voraz apetito. Las chocolatinas y las bolsas de patatas fritas se vaciaban al mismo ritmo que sus kilos aumentaban y la báscula se acercaba al límite.

Los amigos de Anna se reunieron con ella y le dieron un ultimátum: tenía que poner punto y final a su estilo de vida y ponerse en manos de un profesional. Le buscaron un entrenador personal e hicieron todo lo que estaba a su alcance para ayudar a su amiga: estaban realmente preocupados por ella. Anna les hizo caso, pero casi por hacerles el favor, por las molestias que se habían tomado. Posiblemente, esa decisión le salvó la vida.

Más de 100 kilos en un año

Anna no pensaba que tuviera un problema. Era consciente de que estaba obesa, lo que le llevaba a no querer tener prácticamente vida social. Tal y como reconoce a la revista News “no te pesas cuando eres tan grande. No me veía como una persona poco saludable. He tenido sobrepeso toda mi vida, pero cuando mis amigos hablaron conmigo y comenzaron a llorar porque estaban preocupados algo cambió”.

La mala alimentación llevó a Anna a pesar más de 200 kilos
La mala alimentación llevó a Anna a pesar más de 200 kilos

La protagonista de esta historia, encargada de logística en una empresa de Melbourne, se puso en manos del entrenador personal, que diseñó un cambio radical en su dieta junto a un plan de ejercicios de cuatro días a la semana. Esto, posiblemente, fue lo que más costó a Anna, poco acostumbrada al ejercicio.

"No caminaba mucho porque me mataba la espalda. Me cansaba mucho, así que iba con mi coche hasta a la tienda de la esquina porque no quería andar”, reconoce. Era la pescadilla que se muerde la cola: no andas porque te cansas y te cansas antes de tiempo porque no andas. Lo mismo le pasaba con salir de casa: “No socializaba mucho porque cuando eres tan grande no quieres salir, no sabes qué ponerte. Sientes que estás siendo juzgado, pero nadie te juzgará más que tú misma".

Me siento genial: necesitaba probarme a mí misma que no necesitaba comida basura y lo he hecho después de un año sin probarla

Anna empezó a hacer ejercicio esos cuatro días y poco a poco fue dándose cuenta de que adelgazar era posible. Empezó a salir más a la calle, a socializar más, a ser ella misma. Se dio cuenta que no sólo estaba perdiendo peso: estaba cambiando sus hábitos de vida, convirtiéndose en una persona más sana. Iba por el buen camino y sus amigos se lo hacían saber a diario.

Una dieta equilibrada, nada más

Las dos patas sobre las que se asentaba el plan de Anna eran el ejercicio y la dieta. Si con el primero accedió gracias a sus amigos, el segundo era el paso natural hacia un cuerpo mejor. Anna comenzó a comer sano con una dieta simple y equilibrada, no necesitó nada más. Lo más importante era abandonar los viejos vicios y focalizar su esfuerzo en el objetivo final.

De no desayunar pasó a hacerlo, tomando un batido de proteínas, tostadas o un huevo con aguacate. Entre horas dejó las chocolatinas y las patatas fritas y lo cambió por una fruta o frutos secos (el plátano y las almendras eran sus preferidas). El almuerzo dejó de ser comida rápida para pasar a un menú tipo que contenía arroz con verduras y pollo. Y para cenar, el momento más peligroso del día para Anna hasta ahora, eliminó los fritos y precocinados y lo sustituyó por más proteínas y una ensalada.

El cambio fue radical: los kilos comenzaron a perderse día a día y ahora, un año después de comenzar su dieta, Anna ha bajado por primera vez en muchos años de la barrera de los 100 kilos. Ha pasado tanto tiempo que ni si quiera recuerda cuándo fue la última vez que sucedió. Pesa 98 kilos, lo que significa que ha perdido 108 desde que la báscula marcara su máximo el pasado mes de enero.

Contar con un entrenador personal fue primordial para Anna
Contar con un entrenador personal fue primordial para Anna

"Me siento genial. Necesitaba probarme a mí misma que no necesitaba comida basura y me he pasado un año sin probarla. En mi mente, todavía sigo trabajando para llegar a mi peso y estaré emocionada cuando lo logre”. Ha conseguido bajar 100 kilos, demostrándose a si misma que es posible. Trabajar duro le ayudó a conseguirlo y es la prueba de que todos podemos hacerlo.

Alma, Corazón, Vida

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