el cambio de los tiempos

10 trabajos habituales que han desaparecido (y era previsible)

Repartidor de leche, vendedor de periódicos, buscador de sanguijuelas... Con el paso del tiempo desaparecen muchos oficios que, a día de hoy, ni nos creemos que existieran

Foto: Charlie Chaplin en 'Tiempos modernos'.
Charlie Chaplin en 'Tiempos modernos'.
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Hubo un tiempo en que los niños vendían periódicos por las calles y los pianistas ambientaban con su música las películas mudas en salas oscuras y pegajosas. Por supuesto, todo eso quedó atrás, y ahora el trabajo infantil está prohibido en Occidente y los músicos se dedican a otras cosas pero es un ejemplo perfecto del paso del tiempo y cómo, nos guste o no, tenemos que adaptarnos a las circunstancias y a los cambios.

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando oímos que para 2030 muchos trabajos desaparecerán por culpa de la automatización. "¿Estará el mío entre ellos?" pensamos con cierta aprehensión. Sin embargo, la perspectiva no es del todo mala: solo el 5% de los empleos actuales se eliminarán por completo en el futuro si se adopta la tecnología actual, mientras que la mayoría de los otros trabajos solo incorporarán algunos aspectos de la automatización. Respiremos tranquilos.

¿Cuántos trabajos han desaparecido a lo largo del tiempo? Más que estrellas en el cielo. Ya no hay oráculos que nos adivinen el futuro ni individuos que señalen los rasgos más extraños de nuestra personalidad midiéndonos la cabeza, por lo que podemos colegir que han cambiado mucho las cosas. Quizá tú has conocido alguno de ellos o quizá ni siquiera te suenan, quién sabe.

Sereno

Hace mucho tiempo existía una persona que se encargaba de recordarte que tenías que dormir. Y no eran los programas de televisión acabándose a altas horas de la noche. El sereno era el encargado nocturno de vigilar las calles y regular el alumbrado público y, en determinadas ciudades o barrios, de abrir las puertas.​ Era habitual que fuesen armados con una garrota, y usasen un silbato para dar la alarma en caso necesario.

El repartidor de leche

Nos suena mucho a película americana, pero en realidad en nuestro país también existían. Y no solo se encargaban de repartirla por barrios o pueblos, motorizados o en bicicleta, sino que también ordeñaban al animal antes. Se trabajaba de lunes a domingo, y en invierno no debía ser el trabajo soñado de nadie.

En los años 60, con la llegada de las industrias lácteas y la entrada en vigor de una normativa de salud pública, estos trabajadores tuvieron que renunciar a su modo de vida.

La chica de los cigarrillos

En los años 20 proliferaron en los clubes y los bares unas mujeres que se encargaban de entregar una selección de cigarros a los clientes potenciales. Llevaban las muestras es una bandeja con un cordel que se ataba a su cuello. A día de hoy, con los cambios de mentalidad debido a los efectos perjudiciales del tabaco, este tipo de oficio parece casi una leyenda.

Catador de comida

Suena a una época muy lejana, en la que los reyes y los emperadores temían por su vida y necesitaban que personas con estómagos de hierro probasen sus platos. La práctica de emplear a alguien para que catase la comida de las figuras importantes y garantizase que no estuviera envenenada se remonta al antiguo Egipto y a Roma, pero como el cianuro es el unico veneno que actúa de inmediato, probablemente se cansaron de tener que comer siempre los platos fríos.

Frenólogo

A estas alturas solo el señor Burns cree realmente que la frenología pueda tomarse en serio. Desarrollada hacia 1800, afirmaba la posible determinación del carácter y los rasgos de la personalidad, así como las tendencias criminales, basándose en la forma del cráneo, cabeza y facciones.

El racismo imperante de la época también se dejaba entrever entre aquellos que apoyaban la frenología. De hecho, en la obra 'A system of Prenology', que recogía los postulados del doctor Franz Joseph Gall al respecto, se señala que: "el aspecto de los nativos americanos es todavía más deplorable. Envueltos durante siglos por el conocimiento, emprendimiento, energía y la incitación a la mejora de las instituciones europeas. Permanecen, en el tiempo presente, tan miserables, nómadas, sin hogar y sin ley como lo eran sus ancestros cuando Colón puso pie en su suelo".

Castrato

Es la denominación que se utiliza para referirse al cantante sometido de niño a una castración para conservar su voz aguda (de soprano, mezzo-soprano o contralto). Los "castrati" estaban de moda y eran extremadamente populares en la ópera italiana y con frecuencia alcanzaban el estatus de celebridad. Sin embargo, la práctica era ilegal e inhumana, y afortunadamente se extinguió.

Mecanógrafa

En femenino, porque la mayoría de estos puestos estaban pensados para mujeres. ¿Su función? Tenían que ser expertas en máquinas de escribir y saber escribir muy, pero que muy rápido, con el fin de crear una variedad de documentos. Las que tenían más talento podían ser ascendidas a secretarias.

Recolector de sanguijuelas

Nada mejor cuando te encuentras mal que una buena sanguijuela chupándote la sangre. A mediados de 1800 existía esta profesión, y los recolectores eran responsables de recuperar estos bichos de su hábitat natural para que los médicos los usaran. La medicina desde entonces ha avanzado un poquito y, por suerte, ya no se requieren trabajadores en este ámbito.

Doctor de plaga

Decíamos que, por suerte, la medicina ha avanzado un poco, y si no que se lo digan a los médicos que tenían que atreverse a luchar contras las plagas. En el siglo XIV, a medida que la peste bubónica se afianzaba y se propagaba rápidamente, las aldeas contrataban médicos para tratar a las personas infectadas.

Racismo, machismo, explotación infantil... muchos de estos trabajos serían de todo menos políticamente correctos en la actualidad

Los médicos de la plaga inventaron máscaras para protegerse del "aire contagioso", y muchos llevaban un bastón de madera para poder examinar a los pacientes sin tocarlos. Estos doctores generalmente intentaban tratar la plaga a través de derramar sangre o hacer que el paciente tome un jugo con rosa mosqueta.

Ya lo explica Albert Camus en 'La Peste': "todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no se escapaban realmente a su suerte sino a esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente".

Ascensorista

Decimos que nos hemos vuelto más vagos, pero por lo menos ahora somos nosotros los que apretamos el botón del ascensor cuando queremos subir a algún piso. Hace apenas un siglo (que se lo digan a Billy Wilder con 'El apartamento') el oficio de ascensorista consistía justamente en eso que mencionamos, cerrar las puertas de los ascensores y señalar los botones de los pisos a los que la gente quería ir. El pasado siempre tiene algo de romántico y nostálgico.

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