las particularidades del amor-odio

Por qué seguimos siendo amigos de gente que en verdad nos cae muy mal

A veces seguimos manteniendo relaciones con gente a la que hace mucho tiempo dejamos de apreciar, ¿a qué se debe?

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.
Autor
Tiempo de lectura4 min

Lo cantaba la triste voz de Morrissey en una de sus canciones más conocidas: "In my life / why do I give valuable time / to people who don't care if I live or die", es decir, ¿por qué paso tiempo de mi vida con gente a la que no le importo nada? Quizá te identifiques con esa frase, todos nos hemos encontrado en alguna ocasión rodeados de un grupo de personas sintiéndonos totalmente solos y vacíos. "¿Qué hago aquí?", nos preguntamos, de golpe.

A veces sucede algo parecido en las relaciones de pareja. No sabemos muy bien qué buscamos en nuestra media naranja, pero según los estudios el verdadero amor (ese que consigue que de tus ojos salgan chiribitas y te encoge el corazón) no dura más de tres años, por lo que lo mejor es que una vez que acabe la pasión, por lo menos aguantemos a nuestra pareja. En muchas ocasiones quizá es más una mezcla de miedo a estar solos y costumbre lo que nos hace seguir con alguien, pero ¿qué buscamos realmente en los demás?

Tanto en las relaciones de amor como en las amistosas buscamos familiaridad

Menciona la periodista Brianna Wiest 'Medium' las palabras del investigador estadounidesne John Gottman, que asegura que el hecho de encontrar a tu alma gemela no es una casualidad totalmente aleatoria en la vida, sino que normalmente verás en tu pareja ideal a aquella que más "puntos" consiga en tu "mapa del amor": tu subconsciente ha forjado con el paso del tiempo lo que es un/a compañero/a ideal. La estabilidad financiera, una buena comunicación o el atractivo físico son vitales, por ejemplo, para que nos fijemos en unos individuos y no en otros.

Lo que viene a decir es que al final buscamos familiaridad, tanto en el amor como en los amigos. Algunas teorías apuntan a que nos interesan más unos rasgos físicos que otros porque estamos acostumbrados a ellos, nos recuerdan de alguna manera a nuestra niñez. Seguro que conoces a alguien cuya pareja se parece misteriosamente a su padre o su madre (he aquí un bonito caso de síndrome de Edipo o Electra). Con los amigos pasa algo parecido. En la mayoría de los casos, tienes más en común con ellos de lo que piensas. Y esto no significa algo bueno. Solemos acercarnos a personas que tienen problemas parecidos a nosotros y que no sabemos muy bien cómo resolver.

Nos acercamos a personas que tienen problemas parecidos a los nuestros, que no hemos sabido cómo arreglar

Cuando esas relaciones se frustran y acabas odiando lo que amabas, es decir, no te gustan sus patrones de comportamiento (pero sigues siendo su amigo de todos modos, por simple costumbre) a menudo el problema es que estás observando maneras de actuar que también están arraigados en ti y no te gustan. Solo que no te percatas de ello.

Amistades tóxicas

Por ello muchas personas se encuentran atrapadas en este tipo de amistades. No se sienten atraídas por las personas con las que tienen intereses compartidos o respeto mutuo, sino por aquellas cuyos peores comportamientos son solo un reflejo de lo de cada cual, es como mirarse en un espejo que nos devuelve lo peor de nosotros. En lugar de darse cuenta de que cada persona es responsable de sus actos, estos amigos proyectan los problemas entre sí y se vigilan mutuamente. Controlan el comportamiento en los demás para crear el cambio que realmente desean. ¿Suena enrevesado? Pues quizá no lo sea tanto.

Tratar de arreglar los problemas de los demás no ayuda ni mejora, claro. Por ello acabamos atrapados en relaciones amorosas o de amistad que no nos aportan nada, con personas con las que no tenemos nada en común. "¿Qué podía ver en ti?", piensas. Y suena Morrissey de nuevo en tus oídos: "In my life..."

Hay millones de personas en el mundo pero, sorprendentemente, casi todos terminamos con un círculo pequeño de amistades. No es casualidad. Las relaciones que establecemos nos ayudan a conocernos mejor, día tras día. Por ello quizá en lugar de juzgar a las personas por sus actos o tratar de arreglar sus problemas, deberíamos ver cuánto hay de eso que tanto nos molesta en nosotros mismos. Quizá, y solo quizá, lo que normalmente dices sobre alguien es lo que quieres decirle a tu persona y no te atreves.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios