NUEVO LIBRO DE IGNACIO DE LA TORRE

“Que España es un país feliz es un cliché que suele difundir la gente acomodada”

El economista acaba de publicar 'Sobre la felicidad y la desigualdad en España', en el que analiza a partir de datos objetivos el verdadero estado de ánimo de nuestro país

Foto: El economista jefe de Arcano ha trabajado en Deutsche Bank o UBS. (Pablo López Learte)
El economista jefe de Arcano ha trabajado en Deutsche Bank o UBS. (Pablo López Learte)

No hay más que echar un vistazo a cualquier folleto turístico sobre nuestro país para recordar una vez más que somos la nación del sol, la playa, la gastronomía y la felicidad, reflejada en rostros bronceados y sonrientes, generalmente jóvenes. “Es un cliché”, recuerda el economista Ignacio de la Torre en su último libro, 'Sobre la felicidad y la desigualdad en España' (Editorial Dilema), en el que se sumerge en las estadísticas para pintar un retrato riguroso de nuestro país. “En parte, porque mucha gente que lo suele decir es acomodada y extrapola su situación al conjunto de la situación, pero no es un reflejo de la realidad".

Somos un país “moderadamente feliz” en comparación con la media global, pero algo infelices si miramos a otros países occidentales, concluye el socio y economista jefe de Arcano y responsable de los informes 'The Case for Spain'. La situación, obviamente, ha cambiado: ahora nos sentimos mejor que en 1980, pero menos que en 2006, pero entonces se trataba de un espejismo de “endeudamiento masivo, burbuja inmobiliaria y déficit de cuenta corriente”. La crisis posterior dejó heridas que aún no han terminado de curarse. La más evidente, el desempleo, que es el principal generador de desigualdad en nuestro país, aunque la correlación entre esta y la felicidad no parezca relevante.

Si tuviésemos un sistema más productivo, podríamos trabajar menos y dedicarnos a otras actividades que aumentan la felicidad

¿Qué necesita apuntalarse? Quizás, el triunvirato formado por la corrupción, la educación, y la generosidad. Aunque pensemos que somos un país altruista (algo que suele venir avalado por las estadísticas de donaciones), los datos muestran lo contrario. Es otro cliché, explica De la Torre, al menos si atendemos a los factores que tiene en cuenta la ONU en su índice de felicidad mundial, y que valoran la cantidad de tiempo que empleamos en actividades benéficas, en lo que estamos muy atrás: “Dedicar parte de tu tiempo de forma desinteresada genera mucha felicidad”, recuerda el economista.

Por qué no lo hacemos quizá permita entender un poco mejor la raíz de muchos de nuestros males: las larguísimas jornadas laborales. “Trabajamos 1.700 horas al año, los franceses y alemanes, 1.300”, recuerda el profesor de IE Business School. “Con 400 horas más de ocio puedes dedicarte a muchas cosas”. No solo a ayudar a los demás, sino también a pasar tiempo con tu familia y amigos, factores clave para el bienestar. “Si tuviésemos un sistema más productivo, podríamos trabajar menos horas y dedicarnos a otras actividades que aumentan la felicidad”. Pero no es así, y ese es uno de los grandes retos pendientes para España: “Los franceses producen 50 euros por hora trabajada, nosotros estamos en 40”, explica. “Si subimos a 45, podremos trabajar menos y ganar más”.

Una brecha generacional que no se cierra. (iStock)
Una brecha generacional que no se cierra. (iStock)

De la Torre es muy crítico con el marco laboral español, que “está pensado para que sufra el joven”. Por ejemplo, alargando la temporalidad de los contratos: en España se tarda ocho años en pasar a uno fijo, mientras que en el resto de Europa son dos. “Es un sistema que crea ciudadanos de primera y de segunda, y en lugar de centrarnos en los jóvenes y darles lo mejor, les penalizamos”, recuerda el creador de la ONG Financieros sin Fronteras. “Eso lleva a que sientas angustia por tu futuro, a que el empresario no invierta en formación, a que haya menos fertilidad… Hay que dejar de pensar en que los jóvenes son cuatro millones y medio de votos y que los ancianos son nueve, y centrarnos en qué es moral y qué no”.

Seis pilares y tres enemigos

La ONU distingue seis factores indispensables en la fórmula de la felicidad. Se trata de la generosidad, la libertad y la confianza, y el resto pueden sintetizarse en el famoso trío salud, dinero y amor. ¿Pero cuánto dinero? “Hay una relación directa, pero hay un punto a partir del cual esta es cada vez más tenue”, recuerda De la Torre. “A lo mejor, para una persona pobre, el mayor elemento de felicidad marginal es el dinero, porque cuando estás preocupado por tu situación, carecer de él genera mucho sufrimiento”. Sin embargo, cubiertas las necesidades, la situación cambia, ya que nos adaptamos rápidamente a las nuevas situaciones, como les ocurre a los ganadores de la lotería.

Si para comprar un coche le quitas tiempo a tu familia, serás infeliz: dar más importancia a un factor que al resto te hará desgraciado

Uno de los factores principales que conducen a la infelicidad es compararnos con los demás,. Es lo que ocurre con estos deportistas o altos directivos que compiten por ganar cada vez más, aunque su sueldo ya sea astronómico. “Es la paradoja del bronce de Manuel Conthe: cuando analizó la felicidad de los atletas, observó que los que ganaban el bronce eran más felices que los que se alzaban con la plata, porque el de plata se compara con el de oro, y el de bronce con el que no ha llegado al podio”. Es una de las fuentes de infelicidad, junto a las expectativas desmesuradas. “La gente a los 30 es más infeliz que a los 40”, añade el veterano de la banca de inversión. “¿Cómo puede ser, si estás más joven? Porque a los 30 tienes expectativas enormes, pero a los 40 ya no”.

Respecto a la corrupción, De la Torre recuerda que es otro de los factores a mejorar, aunque más bien por una cuestión de percepción: “El principal factor es el PIB per cápita, y España se encuentra en el puesto 23º, mientras que está en el 45º en percepción”, explica, y recuerda que en 2007 estábamos en el puesto 25º. “¿Somos más o menos corruptos que entonces? Creo que mucho menos, porque somos más intolerantes”. Es un aspecto en el que probablemente mejoraremos, siempre y cuando, matiza el autor, seamos capaces de entender que cobrar facturas sin IVA o no pagar la Seguridad Social a un empleado del hogar es también corrupción. El problema, recuerda De la Torre, es que esa percepción lleva a la desconfianza, lo que nos enfrenta a las sociedades nórdicas, “donde hay mucha más confianza entre unos y otros”.

El drama del segundo, la alegría del tercero. (EFE)
El drama del segundo, la alegría del tercero. (EFE)

El equilibrio entre los distintos factores, positivos y negativos, es esencial. “Muchas veces tendemos a compararnos con los demás, lo que lleva a sufrir, y la reacción instintiva es trabajar más horas para ganar más dinero pensando que con un coche nuevo te vas a sentir mejor, pero no es verdad, porque a los tres meses te has adaptado”. Es una de las grandes paradojas de la vida moderna: “Para tener un mayor nivel de renta se lo quitas a tus amigos o familia, y en el agregado lo que resulta es que no eres más feliz, porque si maximizas un factor por encima del resto, serás un desgraciado”.

Una receta de futuro

No es fácil proponer estrategias para el porvenir porque se trata de problemas complejos sin atajos fáciles que pueden conducir al populismo (“pensar que cerrar las fronteras va a acabar con la amenaza de los robots es vivir en el País de las Maravillas”, espeta), pero De la Torre propone algunas claves. La primera y más importante pasa por una educación que prepare a los niños ante la incertidumbre de un futuro en el que, por ejemplo, “una persona que termine Bachillerato en Yakarta hará el mismo trabajo que tú por la cuarta parte de tu sueldo”.

Tenemos grandes virtudes: nuestro sistema de salud, nuestro apoyo social, hemos sido un milagro económico...

Esa formación ya no acabará a los 22, sino que durará de por vida. “Tenemos que pensar cómo reentrenar a la gente para no encontrarnos con situaciones en las que el desempleo sube entre los colectivos más desfavorecidos, ya que los trabajos que desaparecen con la automatización son los menos creativos y de menor formación”. El principal responsable del informe 'La disrupción tecnológica ya está aquí: cómo afecta a las personas, los gobiernos y las empresas' recuerda que aún no es demasiado tarde, pero que no tenemos mucho tiempo para detener esa lacra social que se avecina, y revertirla para ser más productivos, trabajar menos, cobrar más y tener tiempo para los demás.

Un último consejo: hacer caso a Larra en su artículo "En este país" y dejar de negativizar España. “Tenemos grandes virtudes: el sistema de salud es el segundo mejor del mundo, el apoyo social es de los mejores, hemos sido un milagro económico y la renta per cápita ha aumentado de los 5.000 dólares a los 30.000”. No hace falta volver a crear otro espejismo como el de los años de la burbuja y su felicidad real asentada sobre unas bases económicas irreales: “Ahora, la diferencia es que somos un país que está creciendo sin tener que aumentar la deuda a nivel total de hogares, empresas y gobiernos, y sin déficit de cuenta corriente”. Quizá no seamos los más felices del mundo, pero hay algún que otro motivo para sonreír.

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