con una combinación de comida sana y ejercicio

Adelgazar 50 kilos sin dejar de comer es posible: así lo hizo esta mujer de 60 años

La historia de una mujer que adelgazó 53 kilos a los 61 años nos permite pensar que todo es posible si se sustituyen algunos hábitos dañinos para nuestra salud por otros más saludables

Foto: El antes y el después de Greta Ross en sólo 16 meses (Foto: Facebook)
El antes y el después de Greta Ross en sólo 16 meses (Foto: Facebook)

Adelgazar es posible y no hace falta dejar de comer. Es la máxima que podemos aprender de la historia de Greta Ross, una mujer de 61 años y 107 kilos que vivía en Texas. Su peso le había llevado a una situación en la que tuvo que elegir: o medicinas de su médico para superar múltiples problemas de salud o cambiar radicalmente de hábitos para llevar una vida sana y saludable que le permitiera adelgazar. Optó por la segunda opción.

Greta fue consciente de que sus 157 centímetros no se correspondían con los 107 kilos que señalaba la báscula y decidió cambiar su vida de manera radical. Su médico le recetó pastillas para combatir el reflujo gástrico que le impedía dormir y para combatir sus altos niveles de colesterol, pero ella sabía que todo pasaba por adelgazar. Nunca llegó a tomar los medicamentos que le recetó su doctor, sino que cambió de hábitos. Tenía sus propios trucos para adelgazar.

Lo primero que hizo fue comenzar a andar, lo más sencillo, algo que está a la mano de cualquiera que se proponga perder algunos kilos. Lo hizo junto a su marido y comenzaron fuerte, andando unas diez millas diarias, aproximadamente unos 16 kilómetros. La inactividad había sido su seña de identidad hasta el momento: era una persona que apenas se movía y eso iba a cambiar.

No se pueden saltar comidas

Los paseos no tardaron en dar sus frutos: desde muy pronto comenzó a notar en su cuerpo que algo estaba cambiando y la báscula empezó a devolver unas cifras que cada vez eran menores: estaba perdiendo peso. Greta fue consciente de que iba por el buen camino para adelgazar, pero sabía que sólo con eso no iba a conseguir su objetivo de tener un cuerpo acorde a su estatura. Por eso, también introdujo cambios en su alimentación.

Greta Ross, con la magnífica silueta que luce tras adelgazar (Foto: Facebook)
Greta Ross, con la magnífica silueta que luce tras adelgazar (Foto: Facebook)

Hasta entonces, Greta comía cuando tenía hambre, se saltaba comidas cuando le apetecía y no seguía ningún plan preestablecido. Decidió cambiarlo y comer a las horas programadas para que el metabolismo se activara y comenzara a quemar calorías: "Tuve que cambiar mi pasado comiendo al menos seis veces al día", reconoce al digital Today.

Desde entonces su vida ha cambiado: come frutas y verduras regularmente y ha dejado la carne roja a un lado. Cuando le entra hambre entre comidas fuertes, prefiere tomar algunos batidos verdes o ‘smoothies’ o simplemente nueces y frutos secos. Así llegó al momento en el que se dio cuenta que tenía que dar un paso más: estaba adelgazando kilos de verdad y su piel comenzaba a notarlo. Otro problema a solucionar.

El gimnasio, un amigo

Cuando Greta fue consciente de que, en vez de andar, tenía que hacer otro tipo de ejercicios, el paso natural fue apuntarse al gimnasio. La piel se le estaba empezando a quedar suelta, algo muy habitual en las personas que pierden mucho peso, y sabía las dos soluciones que se le presentaban: gimnasio o cirugía estética para eliminar la piel sobrante. Decidió no operarse.

Primero identifiqué la fuente de mi problema, que era el estrés; después, ya me encargué de centrarme en mi peso

Greta se apuntó al gimnasio y empezó a hacer pesas, el ejercicio perfecto según ella para combinarlo con los largos paseos que daba con su marido. Los kilos siguieron bajando a una velocidad de vértigo hasta que, a los 16 meses, la cifra alcanzada la dejó sin habla: había pasado en menos de año y medio de 107 kilos a pesar 54. Adelgazó 53 kilos, la mitad de lo que pesaba.

Han pasado cuatro años desde entonces y Greta se ha mantenido en su peso: sigue anclada en los mismos dígitos en la báscula y sigue con los mismos hábitos saludables: comida sana y ejercicio regularmente. Asegura que va al gimnasio seis días a la semana y que ahora es una persona feliz.

Sin embargo, Greta no se olvida de por qué empezó todo: “Primero identifiqué la fuente de mi problema, que era el estrés; después, ya me encargué de centrarme en mi peso”. Dejó su trabajo como consultora y eliminó el estrés de su vida. Ahora se dedica a ayudar a otras personas para que sigan un estilo de vida saludable: “El objetivo de mi vida es que la gente entienda que puedes estar bien. Se trata de vivir una vida larga y saludable”.

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