CONVERGENCE 2018

"Los trabajos de 8 horas diarias, de lunes a viernes, están obsoletos. Van a desaparecer"

Un congreso celebrado en Londres analiza cuál será el futuro del empleo y las enormes transformaciones que se van a producir en la gestión de capital humano

Foto: Adam Miller, CEO de Cornerstone, durante su conferencia.
Adam Miller, CEO de Cornerstone, durante su conferencia.

El empleado en el centro. La 'cultura de la curiosidad'. El fin del trabajo tal y como lo conocemos. Estas son algunas de las ideas extraídas del Convergence EMEA 2018, celebrado estos últimos días en Londres. Cerca de 1.500 personas de todos los países y nacionalidades abarrotaron estos últimos días el hotel Intercontinental The O2, bajo un cielo particularmente soleado y frente a la deslumbrante City. Entre rascacielos y junto a la orilla del río Tamésis, arrancó uno de los eventos empresariales más importantes y relevantes del mundo, en gestión de capital humano y del aprendizaje.

El hangar principal y las salas se llenaron de pufs, cócteles, gafas de realidad virtual, talleres de masaje, ordenadores con los sistemas operativos más actuales del mercado, carteles de "inspírate", "relájate" o "sonríe", paneles táctiles de grandes dimensiones, test de 'brain training' y, por supuesto, charlas y conferencias con tono distendido. Pasadas las seis y media de la tarde, los presentes fueron conducidos en autobús hacia el misterioso enclave The Hawker House, cerca de la parada de metro de Canada Water, donde había preparada una gran fiesta con motivos circenses, tiovivo, malabaristas, payasos, saltimbanquis, equilibristas y contorsionistas. Un gran cabaret bailó al ritmo de una orquesta de gala a medida que la comitiva entraba. La diversión, siempre en el centro.

Lo único que quiero es que salgáis ahí y os divirtáis, que conozcáis gente nueva y estrechéis lazos de colaboración


Las compañías del futuro ya están aquí. Y con ellas, el germen de una nueva sociedad en la que las nociones de trabajo y empresa son completamente nuevas y radicales. Tal y como asegura a este diario Marc Altimiras, vicepresidente regional del sur de Europa de Cornerstone, “llegará un día en el que posiblemente los salarios más altos estarán en el nivel más bajo de la pirámide empresarial”. Esta frase tan lapidaria y a simple vista imposible de pensar se sostiene a partir de una urgente transformación en funciones como el liderazgo o la definición de objetivos, la apuesta por el trabajo en grupos y la formación continua del trabajador, que acabará desempeñando todas las funciones de una empresa, alternándose entre ellas.

“Un tercio de los trabajos que realizaremos en el futuro no existe en la actualidad”. Así abrió su intervención Adam Miller, CEO de la firma, nada más subir al escenario en un trepidante 'opening' al son de la banda de rock australiano ACDC. “Pretender siempre buscar a la gente adecuada para desempeñar un puesto es como encontrar una aguja en un pajar”, anunció. Por ello, abogó por la formación continua del trabajador antes que por una frenética y desesperada búsqueda del talento: “La gente de hoy está destinada a resolver los problemas del mañana, pero solo podrán hacerlo si se les instruye en las habilidades adecuadas para responder a los tiempos”, agregó.

Miller hizo un breve repaso histórico deteniéndose en las tres revoluciones industriales y en los cambios que produjeron en sus respectivas épocas. Al mencionar la cuarta, referida a la era digital e internet, dejó claro que todavía está por llegar, ya que “la tecnología nunca es el fin, sino la herramienta con la que buscar el cambio en la sociedad”. Por ello, defendió la teoría de una economía colaborativa en la que las empresas sean el motor y centro de la vida en común, la flexibilidad como garantía de la conciliación laboral y familiar, la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente, así como una notable mejora de la productividad, al contar con un equipo motivado, fuerte, unido y siempre dispuesto a crecer y desarrollarse dentro de su organización. Una suerte de humanismo tecnológico aplicado a los negocios donde el pilar fundamental sean las personas y su manera de relacionarse y organizarse.

Según Vincent Belliveau, director general de EMEA, “lo único que quiero es que salgáis ahí y os divirtáis, conozcáis a gente nueva y estrechéis lazos de colaboración”. Con esta frase, emitida nada más salir al escenario, arengó a las masas, dejando claro que el objetivo principal de este multitudinario encuentro no era otro que hacer 'networking' entre trabajadores y jefes ejecutivos de empresas diferentes entre sí, así como presentar nuevos proyectos y crear sinergias entre compañías de distintos ámbitos profesionales.

Las empresas están obsesionadas con reclutar talento. No saben que tienen a las personas adecuadas, solo hay que formarlas

“Soy canadiense, vivo en París desde hace más de 16 años y me apasiona el desarrollo de las personas hacia el éxito”. Su proyecto desde hace 11 años consiste, afirma, en "cambiar el mundo de los recursos humanos y adoptar un enfoque revolucionario en los ambientes de trabajo".

El trabajador, en el centro

Sin embargo, esta visión no es nada nueva. Al menos para los visionarios tecnológicos de Silicon Valley. Desde hace unos años, las empresas más punteras, como Google, Amazon o Facebook, vienen demandando un tipo de perfil profesional nada especializado. Las 'soft skills' o habilidades blandas se basan en la facultad de un empleado para trabajar en equipo, ser empático, curioso, resiliente y adaptado a los cambios bruscos, siempre en busca de nuevas ideas para hacer crecer las compañías. Esto ha traído consigo una revolución en las nociones de liderazgo y en la propia estructura de las organizaciones, ya trasnochada, compuesta de manera jerárquica y dividida en puestos estancos.

“Las empresas están obsesionadas con reclutar talento”, apunta Belliveau. “Es un problema imposible de resolver, cada compañía posee a las personas adecuadas para hacer frente a las competencias del mañana. Tienen que ofrecerles las herramientas y oportunidades para avanzar en su carrera. La formación debe ser continua y los empleados tienen que ir cambiándose los puestos”.

Desde hace unos años, los recursos humanos han pasado a desempeñar un rol estratégico y no meramente administrativo

“Desde hace unos años”, prosigue, “la mayoría de las grandes empresas quieren emprender este cambio, por el cual los recursos humanos pasan a desempeñar un rol estratégico y no meramente administrativo. La tecnología de hoy en día puede ayudar a crear una cultura empresarial distinta. Por un lado, los empleados adquieren mayor flexibilidad y se reduce el trabajo burocrático del equipo; por otro, el 'big data' y el uso de la inteligencia artificial personalizan la experiencia y el perfil del empleado. Esto, sin duda, produce un impacto en el negocio sin precedentes”.

En España, todo el mundo tiene 'titulitis', y eso ya no cuenta para nada. Tan solo las 'soft skills' y la experiencia acumulada

Pero ¿cómo se define la inteligencia artificial de manera concreta y cómo se aplica al día a día de una compañía? Altimiras tiene algunas respuestas. “Esta tecnología se basa en la creación de modelos predictivos realizados en base a todos los datos e información de los empleados que se aplican a determinadas situaciones. Por ejemplo, voy a comparar el modelo de tal año con el posterior… De tal forma que sé y conozco de primera mano el grado de acierto del modelo o si realmente funciona. Simplemente se trata de tener muchísima información bien estructurada y analizarla para crear un modelo predictivo y ver cómo se aplica”. Por ello, la parte burocrática se reduce y las decisiones ya no se sustentan en lo intuitivo o lo meramente emocional. “Se enriquece el proceso de toma de decisiones. Al fin y al cabo, es un criterio científico basado en datos. Pero la última decisión recae siempre en el ser humano, esto solo te da más fichas para jugar”.

La 'cultura de la curiosidad'

La digitalización ha generado una gran aceleración en la cultura empresarial española. Ahora, las compañías han cambiado de perspectiva y quieren modernizarse. Hace 40 años, todos los activos de una empresa eran tangibles. En la actualidad, esto ha cambiado, y "la mayoría del valor de una empresa son sus activos intangibles, es decir, las personas”, explica Altimiras. “Falta talento en Europa y recursos. Hay una guerra increíble ahora mismo por el reclutamiento. En España, todo el mundo tiene ‘titulitis’, quien no tiene un máster tiene 30, y eso ya no cuenta para nada. Ahora, lo único que cuenta son las 'soft skills' y la experiencia acumulada”, sentencia.

“Muchas escuelas españolas ya trabajan por proyectos. El alumno debe descubrir el conocimiento, no imponérselo”, asevera. “Cada empresa tiene a un gran número de personas capaces de hacer frente a los retos del mañana. Solo hay que ofrecerles las herramientas y oportunidades adecuadas para avanzar en su carrera. La educación debe ser continua. Si eres capaz de conseguir que una persona de tu organización haga carrera, le retienes y te ahorras un nuevo proceso de contratación. Debes entender las necesidades de tus empleados, si no saltarán a otra compañía que les dé lo que la tuya no puede”.

Las capas más altas están ciegas, no saben lo que ocurre. Antes, el poder estaba arriba, ahora está debajo de la pirámide empresarial

“¿Quién descubre que hay una nueva necesidad que cubrir dentro de una empresa?”, se pregunta Altimiras. “¿El presidente? No, jamás. La descubre quien está inmerso en un proyecto y ve con sus propios ojos que falta algo. Antes, el poder estaba arriba, y ahora las capas más altas de la organización están ciegas, no saben lo que ocurre en las bases. Todo esto hace que cambie la posición de la empresa. Todavía no somos conscientes de las últimas consecuencias de este hecho. No sé si estamos preparados”.

El fin del trabajo tal y como lo conocemos

A mayor flexibilidad laboral, mayor gestión del tiempo de los trabajadores. Mediante la organización en torno a una serie de objetivos claros y determinados, los directivos verán un aumento de la confianza en sus empleados. Así lo cree Altimiras, quien ya reconoce que el trabajo de ocho horas diarias de lunes a viernes es algo completamente obsoleto. “No tiene sentido que una persona gaste hora y media o dos de su tiempo para ir al trabajo cada día, ni desde el punto de vista del tiempo ni del coste”.

En el futuro, el teletrabajo será toda una realidad. “Desde el punto de vista empresarial, si tienes a la gente más motivada y más feliz, los resultados que obtendrás obviamente serán mucho mejores. Qué sentido tiene el querer que la gente viaje todos los días de un sitio a otro, solo para fines de control, para asegurarte que de verdad están calentando el sillón… Sería mejor que la gente trabajara por proyectos y objetivos a que se sienta controlada en base a su presencia en el lugar de trabajo. Creo que es un tema de desconfianza, más que otra cosa. Son hechos que poco a poco irán cayendo por su propio peso”.

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