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Las 8 cosas que solo puedes entender si eres el hermano pequeño

Eres el último en elegir programa de televisión, llevas ropa reciclada y tu familia no te toma en serio... pero algo positivo hay en ser el vástago menor

Foto: Foto: iStock.
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Ser el hermano pequeño no siempre es fácil. Se tiene la idea general de que el menor de la familia implica ser el mimado, pero usar los juguetes y la ropa de los que llegaron antes que tú y, además, aguantar con buen tipo todas las comparaciones con el resto no es un camino de rosas precisamente. Leer que "el hermano mayor suele ser el más inteligente" o que nosotros somos 'pequeños tiranos' que precisamos atención continua, más inmaduros, inseguros y celosos le amarga el café a cualquiera.

Además hay un cúmulo de cosas con las que probablemente te sentirás identificado si te ha tocado ser el 'pequeñín'. Nadie te toma en serio en tu familia aunque tengas cuarenta años, asúmelo, para ellos serás siempre el niño. Y ya que es imposible cambiar el orden genealógico y nuestras raíces están muy afianzadas, te dejamos aquí algunas de las causas que te demostrarán que no estás solo en el mundo.

¿Quién sabe? Quizá te inspire para crear una Asociación de Hermanos Pequeños con la que luchar por tus derechos de cara a tus padres. Cosas más raras se han visto ¿no?

No tienes nombre

Vale, asúmelo. El favorito de tus abuelos será probablemente alguno de tus hermanos mayores. Y no pasa nada, si no fuera por el hecho de que cuando hablaban de ti con tus padres, o cuando tus padres hablaban entre ellos, o cuando tus tíos entraban en escena, eras siempre "el niño" o cualquier otro pseudónimo cariñoso que te privaba de tu propia identidad. Con tres años y con sesenta, el nombre con el que decidieron bautizarte y que figura en tu carnet, ese con el que te presentas al mundo, poco importa realmente en el ámbito familiar. No pasa nada, repetimos.

No tienes fotografías de cuando eras un bebé

Esto se incrementará en función de tu puesto en la familia. Vamos, que si eres el quinto Beatle olvídate de encontrar alguna foto en pañales. No eres adoptado y lo sabes, porque se te está cayendo el pelo igual que se le cayó a tu padre o tienes la forma de la nariz de tu madre, sin embargo, cuando vas a su casa a comer olvídate de ver algún retrato tuyo colgado en la pared con dos años de edad. No eras la novedad y no molabas tanto, además tus padres tenían que encargarse de que tus otros cuatro hermanos no tiraran la estantería mientras jugaban a que "el suelo es lava" y saltaban por los sillones. No había tiempo de fotos. Quizá te encuentres en algún álbum familiar, por casualidad, en la comunión de alguno de tus hermanos.

No recuerdas muchas anécdotas

"¿Os acordáis cuando fuimos a Santander en el 83?". Todo el mundo asiente con la cabeza. Todo el mundo menos tú, claro, que no habías nacido o igual eras un ser sin capacidad para generar recuerdos. Según los estudios no comenzamos a tenerlos hasta los tres años, así que esas vacaciones en familia en las que tu hermana se rompió un diente en los coches de choque son para ti una nebulosa, por mucho que le cueste entenderlo al resto de tu familia, que no comprenden cómo no te acuerdas de la anécdota más divertida de la historia.

Y te has perdido muchas películas

Están reponiendo en la televisión 'Atrapado en el tiempo', película que jamás has visto, y tienes muchas ganas de verla porque tus amigos dicen que es lo mejor que se ha hecho en la historia. No importa, cuanto antes asumas que jamás verás esa película, mejor. Toda tu familia pondrá mala cara y dirá: "Esta la hemos visto mil veces", sin entender que tú, esa persona única e irrepetible sobre la faz de la tierra, jamás ha visto ni un mero fotograma del filme en cuestión.

Tu familia no entiende que tú, esa persona única e irrepetible sobre la faz de la tierra, no ha vivido esas cosas de las que hablan

Qué más da. En el hipotético caso de que consigas el mando por una fracción de segundo, alguno de tus hermanos te lo quitará en el acto para cambiar de canal.

No recuerdas ningún regalo memorable

¿Cómo vas a recordarlo si toda tu vida infantil la pasaste vistiendo el jersey de rombos de tu hermano, que ya no se llevaba, y la chaqueta militar que tu hermana desdeñó tres años antes? Para ti lo vintage existe antes de que se pusiera de moda. Tu bicicleta pasó por seis manos antes y hasta ese videojuego especial que pediste unas navidades acabó echando polvo en la habitación de tu hermana. Comprendes a la perfección el concepto de propiedad privada y lo adoras.

No sabes lo que es la privacidad

Tus amigos que eran hijos únicos se cerraban en el baño con pestillo para cambiarse de camiseta en el gimnasio. Tú nunca lo entendiste. A la larga esto puede ser algo bueno, aunque no lo creas, además, por mucho que les envidiases porque no tenían con quién compartir sus juguetes, también es verdad que se aburrían como monos en los restaurantes, mientras sus padres hablaban de un sinfin de conceptos inteligibles para una cabeza infantil. Tú nunca has tenido ese problema.

Sabías muchas más cosas que el resto

No solo le confesaste a tus amigos, con cierta maldad, cómo se hacían los niños, porque tus hermanos mayores te lo habían explicado esa mañana, sino que escuchabas a 'Nirvana' cuando el gusto musical del resto de la clase todavía estaba estancado en la cabecera de 'Barrio Sésamo'. No podía ser todo malo ¿no?

Eres el protegido

Aquí llega la mejor parte. No tenías nombre, llevabas una camiseta de 'Bola de dragón' tan raída que podría haber pertenecido al tatarabuelo de alguien y jamás verás un montón de películas fundamentales para el crecimiento espiritual de cualquier individuo, pero ¿y qué? En cuanto comenzabas a berrear y a hacer teatro tus padres te defendían, y, sobre todo, nadie te tocó un pelo en el colegio porque sabía que eras "el hermano de Fulanito". Eso también es una ventaja ¿no?

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