SEGÚN EL ESTUDIO VITAL

Si quieres prevenir cáncer o enfermedades cardíacas, olvídate de omega-3 y vitamina D

El estudio VITAL presentó sus últimos resultados este fin de semana, y puso de manifiesto que la utilidad de estos suplementos es mucho menor de la que esperada

Foto: Foto: iStock.
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“En conclusión, la recomendación general de consumir omega 3 o vitamina D no está apoyada por los datos”. Es la doctora Jane Armitage, de la señera universidad británica de Oxford, quien confirma lo que ha puesto de manifiesto una investigación publicada en el contexto del Congreso de la American Heart Association, que ha tenido lugar en Chicago este fin de semana,. Es, señala la experta independiente, un estudio bien construido, con una amplia muestra (25.871 individuos) que pone en entredicho aquello que se ha mantenido durante las últimas décadas: que tanto el omega-3 como la vitamina D son útiles a la hora de combatir populares enfermedades como las dolencias cardíacas o el cáncer.

El estudio VITAL vuelve a ponerlo en entredicho, ya que la acción de estos suplementos de consumo popular no es más eficaz que el placebo, como se concluyó después de cinco años de seguimiento a los pacientes Se trata del “primer estudio a larga escala de grasa de pescado en prevención primaria, entre la población de riesgo”, como presumió durante la presentación del trabajo JoAnn Manson, de la Escuela Médica de Harvard y el Brigham and Women’s Hospital de Boston. Un resultado, recordaba, que se encuentra en línea con las recientes investigaciones sobre estos dos productos que mueven miles de millones en todo el mundo a lo largo del año: más de la mitad de la población americana los consume.

Aquellos que tomaron placebo tuvieron incluso un menor número de diagnósticos de cáncer que los que sí lo habían consumido

Tras analizar los datos de los participantes en la investigación, un accidente cardíaco de gravedad tuvo lugar entre 386 de los 12.933 participantes por un 419 de los que habían consumido un placebo; el número de diagnósticos de cáncer fue incluso mayor (820) entre los que habían tomado omega-3 (797) que entre el grupo del placebo, lo que pone seriamente en duda la popular relación entre el consumo de este ácido graso que se encuentra en el pescado azul y en otros alimentos como ciertos maricsos o aceites pero que suele consumirse como complemento dietético. Tampoco la vitamina D reporta particulares ventajas a la hora de prevenir el cáncer.

Particularmente duro ha sido el editorial publicado en las páginas de ‘The New England Journal of Medicine’ por Clifford Rosen y John F. Keaney: el primero ha explicado que la idea que debe llevarse la gente a casa es que estos suplementos no mejoran la salud cardíaca o la posibilidad de sufrir cáncer, “y punto”. Respecto al resultado positivo recogido en la investigación (una reducción de un 28% en la posibilidad de sufrir infarto de miocardio), los especialistas también sugieren tomarlo con cuidado, ya que se trata de un punto secundario que, en su opinión, no ha sido medido cuidadosamente.

La industria se hace grietas

La actitud con la que algunos medios locales y especializados recibieron los resultados muestran cierta voluntad por atemperarlos, a pesar de la claridad inequívoca con la que fueron presentados por sus autores ante la prensa en la mañana del día 10, uno de los actos estrella del último congreso AHA. Así, ‘Daily News’, el suplemento diario de la organización, comenzaba resaltando los resultados positivos secundarios bajo el ambiguo titular “la prueba VITAL toma en consideración el omega-3 y la vitamina D en la protección cardiovascular y la mortalidad por el cáncer”.

Un duro artículo acusó a Michael Holick, el padrino de la vitamina D, de haberse vendido a la industria

A lo largo del último año, esta clase de suplementos han recibido serios varapalos, y no únicamente por su utilidad médica. Hace apenas un mes, una investigación publicada en ‘The Lancet Diabetes and Endocrinology’ mostraba que la vitamina D no ayudaba a prevenir fracturas o mejorar la densidad de los huesos, al contrario de lo que han prometido tradicionalmente los comercializadores de dichos suplementos. Este mismo verano, otro trabajo publicado por la organización sin ánimo de lucro Cochraen señalaba que los efectos positivos en el corazón del omega-3 tan solo afectaba a uno de cada 100 casos.

Pero quizá el mayor varapalo fue un demoledor artículo publicado en ‘The New York Times’ sobre Michael Holick, el endocrino estadounidense especializado en vitamina D al que se le acusaba de moverse únicamente por el dinero tras haberse llevado cientos de miles de dólares de dicha industria. Según el reportaje firmado por Liz Szabo, sin su contribución la macroindustria de los suplementos de vitamina D nunca habría alcanzado la popularidad que tiene hoy en día, y que ha saltado de Estados Unidos a otros países como España, debido, entre otras razones, a la carestía de esta vitamina a nivel global.

Es cada vez más evidente la falta de acuerdo sobre la utilidad del omega-3. En España, el Consenso sobre las grasas y Aceites en la Alimentación de la población Española Adulta 2015, de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD), propone como ingesta deseable un 0,1-1,0% de la energía diaria (0,25-2,25 gramos), sobre todo a partir del pescado azul y preferentemente de tamaño pequeño.

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