EL MUNDO DE LOS MUERTOS

El túnel al inframundo descubierto bajo una pirámide mexicana

Un equipo de arqueólogos descubre una cámara alojada en una de las monumentales construcciones de Teotihuacán mientras hacían pruebas de resistencia eléctrica

Foto: La Pirámide de la Luna, en Teotihuacán. (EFE/ Mauricio Marat)
La Pirámide de la Luna, en Teotihuacán. (EFE/ Mauricio Marat)

¿Cómo es el infierno? Este término ha estado presente en casi todas las culturas antiguas y, bajo una connotación negativa que lo separa del cielo, ha poblado los relatos bíblicos y ancestrales de nuestros antepasados. La preocupación por él viene a raíz directamente de la obsesión con lo que hay después de la muerte, de ahí que los ritos funerarios sean tan importantes en las culturas egipcias, mesopotámicas o mayas. Ahora, un equipo de científicos parecen haber dado con una nueva entrada a ese lugar de ultratumba.

Este nuevo acceso a la tierra de los muertos se halla bajo la Pirámide de la Luna, en el sitio arqueológico de Teotihuacán, en México. Un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH), en colaboración con el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma (UNAM), realizó el descubrimiento durante el estudio de resistencia eléctrica del monumento, el cual cuantifica la fuerza con la que se opone un material dado al flujo de una corriente, según informa 'Efe'.

Los arquéologos hallaron un túnel y una cámara bajo esta pirámide y creen que era usada en rituales relacionados con lo que en aquella época llamaban "el inframundo". La estancia posee 15 metros de diámetro y se encuentra a 8 metros de profundidad, así como un pasillo que se extiende hacia el sur de la Plaza de la Luna en la ciudad de Teotihuacán, según un comunicado del INAH.

"Es probable que haya otra entrada en el este, por lo que es fundamental contar con una radiografía completa para saber cuáles son sus accesos", explica Verónica Ortega, directora del Proyecto de Conservación Integral de la Plaza de la Luna, a 'Newsweek'. Los primeros indicios de la fosa surgieron durante estudios realizados en 2017, pero hasta ahora su existencia no había sido confirmada.

Estos grandes complejos de ofrenda constituyen el núcleo sagrado de la ciudad de Teotihuacán

La Plaza de la Luna es el remate norte de la Calzada de los Muertos, la avenida procesional hasta la pirámide. La investigación de los arquéologos "gira en torno al espacio ritual vinculado con el infierno que le dio sacralidad a la antigua urbe", asegura Ortega en la 'BBC'. "Estos grandes complejos de ofrenda constituyen el núcleo sagrado de la ciudad, por lo que toda la gente la consideraba la meca de la civilización". Estos descubrimientos podrían confirmar que los teotihuacanos reprodujeron el mismo patrón de túneles asociados a sus grandes monumentos, cuya función emulaba la del inframundo.

"En las exploraciones efectuadas a finales de los años 80, a través de túneles excavados en el cuerpo de la pirámide, los arqueólogos Rubén Cabrera y Saburo Sugiyama encontraron esqueletos de individuos con deformación craneal y diversos objetos de piedra verde (collares, figuras antropomorfas...), por lo que no es difícil pensar que algo similar se podría encontrar en el subsuelo", informa Ortega. El apogeo de la ciudadela de Teotihuacán, localizada a unos 50 kilómetros de la Ciudad de México, tuvo lugar desde los siglos III y VIII.

La ciudad fue uno de los más importantes centros políticos y comerciales de Mesoamérica con una población de 100.000 a 200.000 habitantes. Una exploración de la cámara recién descubierta podría demostrar si cada uno de los edificios centrales del complejo tuvo contacto específico con alguna otra región de la zona. Ortega avisa que en el Templo de la Serpiente Emplumada, por ejemplo, se encontraron materiales marinos que muestran una relación con el Caribe.

Las primeras excavaciones en Teotihuacán fueron realizadas por el arqueólogo Jorge Acosta en 1954. En los años 60, el área fue estudiada por el arqueólogo Ponciano Salazar, quien descubrió tres etapas constructivas del edificio, corroboradas y ampliadas por las excavaciones de los arqueólogos Saburo Sugiyama y Rubén Cabrera, quienes identificaron otras siete etapas constructivas, según apunta Ortega. "En cada una de ellas había ofrendas conmemorativas con restos humanos y de animales sacrificados como jaguares, pumas, coyotes, lobos y águilas", concluye.

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