BUSCA SU RECONOCIMIENTO EN ESPAÑA

Las guerras de la quiropráctica, el polémico tratamiento que defendió Pedro Duque

Muchas personas recurren a ella para aliviar sus dolores de espalda u otras dolencias, pero el debate sobre su utilidad no está cerrado. Los quiroprácticos exigen una mayor regulación

Foto: Duque defendió la utilidad de la quiropráctica en la introducción de un libro de 2004. (EFE)
Duque defendió la utilidad de la quiropráctica en la introducción de un libro de 2004. (EFE)

Juguemos a las adivinanzas: ¿quién escribió estas palabras en defensa de la quiropráctica? “Leo con cierta sorpresa que ha habido verdaderas guerras corporativistas entre los médicos y los quiroprácticos. Lo que yo pensaba que era una rama imprescindible de la medicina resulta que en realidad es una carrera aparte que solamente en pocos países está ya reconocida por los autoridades sanitarias. Me parece una barbaridad que haya países del mundo en donde no se permita a la gente disfrutar de un tratamiento rápido y efectivo contra dolencias típicas de la persona sedentaria, como son ciertos dolores de espalda”.

Lo ha adivinado. El autor es Pedro Duque, actual ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, en el prólogo del libro 'Quiropráctica' de David Chapman-Smith, editado en España en 2004. “Tengo que reconocer que inicialmente me asaltó la duda, no fuéramos a estar ante un tipo de curanderismo”, desvelaba en el mismo texto, en el que reconoce que, a través de sus padres, quedó convencido de “la seriedad de ese señor” que “tenía una carrera similar a la de medicina”: “De hecho, un par de veces que tuve problemas de desplazamiento de vértebras lumbares acudí al tratamiento yo mismo. Por lo tanto, cuando mi madre tuvo una lesión de lumbago muy aguda que le incapacitaba para moverse de la cama, vi normal que en cuanto pudo fuera al quiropráctico –entró en un grito y salió andando normalmente–. Y doy fe de que la cosa no era psicológica”.

A menudo se les considera una pseudociencia: “Nos están metiendo en el mismo saco que el reiki, la homeopatía y las flores de Bach”

Estas dos páginas que prologaban un volumen ya descatalogado sobre la quiropráctica –para sus profesionales, una “profesión sanitaria”, y para sus detractores, una “pseudociencia”– resumen bien la controvertida situación de esta clase de terapias en nuestro país, donde no tienen ninguna clase de reconocimiento oficial. Los quiroprácticos utilizan a Duque para defender que incluso un ministro de Ciencia reivindicó la utilidad de este método que “manipula” el sistema musculoesquelético, especialmente la columna vertebral, para “devolver a los huesos su posición relativa original, aliviando la presión que un desplazamiento de las vértebras produce sobre los innumerables nervios que salen de ellas”, en palabras del propio astronauta.

Para sus detractores, es un ejemplo más de los espejismos de esta clase de tratamientos, donde se confunden causas y efectos. Rubén Tovar, 'fisio' y profesor de fisioterapia neuromusculoesquelética en la Universidad Internacional de la Rioja, explica que aunque “la historia tiene sentido, lo que dice está equivocado”. “Un dolor de codo puede mejorar tratando el cuello, claro, la inervación del codo corresponde a segmentos del cuello muy específicos (C5-C6) y claro que puede mejorarse, pero se equivoca en el razonamiento, que es de los quiroprácticos”, señala a este periódico. “El concepto de subluxación que utilizan y sobre el que se sustenta toda la quiropráctica no se sostiene. Un fisioterapeuta puede llegar a la conclusión de que lo que necesita un paciente con dolor de codo es tratamiento cervical, pero no necesitamos a los quiroprácticos para decir eso”.

Un enfrentamiento que viene de lejos

Las quejas por parte de organizaciones de quiroprácticos como la Asociación Española de Quiropráctica (AEQ) es, por una parte, la nula regulación de su actividad en nuestro país y, por otra, la persecución por parte de aquellos que los clasifican como una pseudociencia. “Nos están metiendo en el mismo saco que el reiki, la homeopatía y las flores de Bach”, lamenta el quiropráctico estadounidense Chad Liggin, que se formó en su país natal pero lleva varias décadas en España. Liggin recuerda que Duque fue uno de los invitados estrella a dar una charla en un congreso internacional de quiropráctica de cuya organización él se encargó, pero que en los últimos tiempos parece haberse distanciado de esta práctica, quizá por razones de imagen.

Tan solo ha asomado tímidamente en la discusión política de manera ocasional, como cuando en 2011 Leire Pajín comunicó su intención de regularla

¿Cuál es exactamente la situación legal de la quiropráctica en nuestro país? Básicamente, la inexistencia a nivel legal, un vacío enorme que estas organizaciones están intentando llenar. El proceso, recuerdan, está bastante parado, aunque los primeros contactos se remonten a tiempos del 'aznarismo'. “Nos van dando largas desde Sanidad”, explica Liggin, que recuerda que en otros países de nuestro entorno sí está regulado, como ocurre en naciones nórdicas como Dinamarca, Finlandia o Noruega, así como en Portugal, Francia (con distintos niveles de desarrollo), Reino Unido o su cuna natal, EEUU, donde fue inventada en 1895 por Daniel David Palmer. Tovar recuerda, por su parte, que en España “por suerte” la quiropráctica apenas tiene historia y no está muy integrada. Tan solo ha asomado tímidamente en la discusión política, por ejemplo, en 2011, cuando a instancias de Iñaki Anasagasti, la socialista Leire Pajín comunicó su intención de regularla junto a otras terapias naturales.

La única referencia en nuestro país se encuentra en una orden CIN publicada en el BOE el 19 de julio de 2008 en la que explicitaba la “quiropraxia” (que no quiropráctica) como parte de las competencias que deben formar parte del título universitario oficial que habilite para la profesión de fisioterapeuta. Curiosamente, este punto pone de acuerdo tanto a los profesionales de esta práctica como a sus detractores: a los primeros, porque consideran que es una manera que han tenido los fisioterapeutas de adueñarse de algo que, señalan, “equivale a una licenciatura, no una asignatura”; y los segundos, como Tovar, porque lo califican de decisión “política” para actuar frente a la competencia, pero que al mismo tiempo “desacredita nuestra profesión”. Este periódico ha intentado ponerse en contacto con el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España, pero no ha obtenido respuesta.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Sea como sea, lo que está claro es que esta situación de desregulación abre las puertas a que casi cualquiera pueda presentarse como un quiropráctico abriendo su propia clínica, de semejante manera a como ocurre con la osteopatía. “Pero no podemos decirle nada a nadie porque ni existe ni está reconocido, hay mucho fisio y osteópata que lo hace, pero es como reducir la titulación de un médico a la de un enfermero”, lamenta Liggin, que añade que su título está homologado al de licenciado por la Subdirección General de Títulos y Reconocimiento de Cualificaciones, como ha podido comprobar este periódico. No obstante, y debido a que la quiropráctica no existe, no está homologado a ningún título concreto del catálogo oficial.

Batalla de estudios

Cada año, la Asociación Española de Quiropráctica publica un dosier –que puede descargarse aquí– en el que recopila la evidencia científica relacionada con su práctica, y en la que figuran revisiones publicadas por organizaciones como Cochrane. Son su principal aporte de pruebas para defender su postura, junto a otros trabajos de índole más legal como un informe encargado en 2015 al despacho Llorente y Cuenca que reivindica que es una profesión sanitaria independiente y que no está relacionada ni con la osteopatía, fisioterapia, quiropraxia (el término utilizado en el BOE) ni tampoco con las terapias naturales, además de una norma de Aenor (Asociación Española de Normalización y Certificación).

Los detractores de la práctica suelen recordar casos como el de la modelo Katie May, que falleció tras una visita a un quiropráctico

Uno de los puntos críticos de la discusión en España es el de la formación. Actualmente, la quiropráctica se imparte en el Real Centro Universitario María Cristina de San Lorenzo del Escorial y en el Barcelona College of Chiropractic, en colaboración con la Pompeu Fabra. Son títulos reconocidos por el Consejo Europeo de Educación Quiropráctica, que homologa los planes de estudios en el Viejo Continente, pero no por el plan de estudios español que, como ya hemos dicho, no lo reconoce como tal. Una de las peleas de los quiroprácticos es intentar que, puesto que ya existe la profesión, se reconozca la formación, pero como explica Liggin, “Sanidad siempre le tira la pelota a Educación y Educación a Sanidad”.

Otro argumento esgrimido suele ser el reconocimiento de la quiropráctica por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que publicó unas directrices sobre formación básica e inocuidad en quiropráctica y que definen “los requisitos para los profesionales de la quiropráctica” con el objetivo de que el auge de las medicinas tradicionales y alternativas se realice “ajustada a criterios de seguridad, eficacia y calidad”. Tovar, no obstante, recuerda que esta aceptación implícita de la práctica quiropráctica forma parte de la política de la OMS de “no criticar nada”, y que también hace lo propio con la acupuntura, por ejemplo. Los detractores de la práctica suelen recordar casos como el de la modelo Katie May, que falleció tras una visita a un quiropráctico, o los peligrosos efectos secundarios que han reportado algunas investigaciones.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Antonio Colmeiro Vega, quiropráctico que analizó su marco jurídico en un artículo publicado en el 'Anuario Jurídico y Económico Escurialense', añade que “la actual ausencia de regulación no es un hándicap, sino un riesgo para los pacientes que desean un tratamiento quiropráctico, y que pueden quedar en manos de profesionales no cualificados sobre los que no se ejerce ningún tipo de regulación sanitaria o ética”. Ello, señala, implica también la indefensión jurídica de los titulados o la fuga de profesionales. En su opinión, debería establecerse un registro, la protección del título, ajustarse a los procedimientos de ejercicio de la profesión o crear un Colegio Profesional de Quiropráctica, así como “el reconocimiento oficial de los títulos de Grado o Licenciado en Quiropráctica”.

Liggin recuerda, además, que la quiropráctica es cada vez más atractiva para mutuas y seguros, porque los estudios revelan que el coste es menor y el paciente vuelve antes el trabajo. Sin embargo, nuevos frentes siguen abriéndose ante ellos: el último, Hacienda, que considera que se trata de una práctica parasanitaria y, en la que, por lo tanto, los pacientes tienen que pagar IVA, al contrario que los servicios de médicos o fisioterapeutas que van exentos y solo han de pagar el IRPF. Otra situación que, en opinión de los prácticos, es discriminatoria y una vulneración del régimen de neutralidad fiscal de la UE. Los enanos siguen creciendo.

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