mala sangre

"Mi novio me contagió una enfermedad grave. Así me vengué de él"

Lo que parecía un cuento de hadas acabó siendo un 'thriller' de terror. Pero esta historia demuestra que aunque la vida te dé limones puedes acabar tomándote un tequila con ellos

Foto: Foto:iStock
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Algo tienen las historias sobre venganza que llaman la atención del ser humano desde el principio de los tiempos. Que se lo digan si no al Conde de Montecristo, que tardó más de diez años en urdir el famoso desquite con el que Alejandro Dumas (padre) se convirtió en auténtico autor superventas en su época. Desde telenovelas a los autores de la generación del 14, todos han querido aportar algo sobre uno de los deseos más difíciles de combatir del mundo.

La venganza se sirve fría, o al menos eso dicen. No sabemos si es más divertido urdir el plan que llevarlo a cabo, pero desde luego requiere de una mente calculadora y algo rencorosa, porque si no puede acabar aburriéndose con el paso del tiempo de su propia idea. Y esto nos lleva a la historia de Diane Reeve, tan impactante que sin duda es de esas que emocionarían a Spielberg. Una historia desgarradora con la que es imposible no empatizar.

El príncipe que se convirtió en rana

En 2002, cuando Reeve tenía cincuenta años, no se podía decir que hubiera tenido excesivo éxito en el amor. Tras 18 años de matrimonio, se encontraba de nuevo "en el mercado". Sus conocidos le decían que era demasiado joven para abandonarse, por lo que le sugirieron apuntarse a un chat de citas. Así fue como conoció al que pensaba que sería el hombre de su vida: Philippe Padieu.

Era francés y muy guapo. Diane cayó en la trampa. La historia tampoco fue especialmente original, quedaron en una escuela de artes marciales (él era profesor), salieron a cenar, compartieron historias... lo típico. Eran compatibles y comenzaron a salir.

Y así pasaron cuatro años de aparente felicidad y exclusividad absoluta. En 2006 la hija de Diane se casó y Philippe fue el encargado de hacer las fotos y el video para la familia, pero en mitad de la ceremonia se marchó sin dar explicaciones y llamó desde un teléfono que no era el suyo para decir que no podría ir a la cena del convite, que no se encontraba bien.

Diane es ahora asistente motivacional y ha escrito un libro. (Diane Reeve)
Diane es ahora asistente motivacional y ha escrito un libro. (Diane Reeve)

Aquello hizo sospechar a Diane, volvió a casa para velar por su chico y, al llegar, descubrió que todo se encontraba a oscuras y el coche ya no estaba. Se sentó en el suelo a llorar. Como le pagaba la línea telefónica a Philippe, llamó al propio buzón de voz del susodicho y encontró mensajes de varias mujeres. Cuando, finalmente, volvió de su cita con alguna de esas chicas descubrió que Diane le estaba esperando. ¿Cuál fue su reacción al haber sido pillado? Gritarle. Acusarle de espiar su buzón de voz. Incluso llegó a golpear el coche, lo que hizo que Diane se asustase y finalmente se rindiera.

Rompieron un sábado. Ese lunes Diane se sometió a unas pruebas médicas con las que descubrió que algo no iba bien. Había contraído el virus del papiloma humano. Eso activó una alarma en su cabeza y decidió contactar con las otras chicas con las que su ex pareja había estado viéndose.

Hubo una mujer a la que Diane nunca olvidará. Era una de las tantas con las que Philippe se había estado viendo a lo largo de aquel año. Se conocieron en un club de jazz, por aquel entonces Diane llevaba seis meses encontrándose un poco mal, aunque achacándolo a cambios de la edad. Aquella mujer le abrió los ojos: "Me preocupé hace poco por las enfermedades de transmisión sexual" explicó, "me he hecho la prueba y soy seropositiva. Quería que lo supieras".

Aquello pareció encajar como la última pieza de un rompecabezas. Diane no tardó ni un día en visitar a su ginecólogo para que le hiciera unas pruebas. Al día siguiente ya tenía los resultados: "Lo siento, Diane, es positivo". Tras escuchar esas palabras se cayó de rodillas y se echó a llorar desconsoladamente.

Las pruebas del ginecólogo fueron tajantes: "Lo siento, Diane, es positivo"

Diane no solo descubrió que tenía SIDA sino que, además, no podía pagar el tratamiento. Su seguro no cubría los 2000 dólares que costaban los medicamentos. Llamó a la mujer del club de jazz y ambas lloraron juntas, ella le contó que cuando había llamado a Philippe para contarle que estaba infectada con el virus, él simplemente había dicho: "Bueno, y qué, todos tenemos que morirnos de algo".

13, el número maldito

Eran 13 el total de mujeres que habían sido infectadas por Philippe. Diane había comenzado a salir con él en 2002 pero ¿cuántas chicas podían estar siendo expuestas ahora mismo?

Diane decidió contactar con la policía. Aquello no podía ser de ninguna manera un descuido o un accidente, sino que parecía algo premeditado. Para intentar demostrar que Philippe sabía que también estaba enfermo realizaron una llamada telefónica grabada desde una comisaría, esperando que confesase, pero la cosa no salió como habían planeado.

Diane y Philippe. (Diane Reeve)
Diane y Philippe. (Diane Reeve)

Pero de repente algo se activó de nuevo en la cabeza de Diane. Otra pieza del rompecabezas. Recordaba que en 2005 había tenido que acudir al médico por, se suponía, cálculos renales. Quizá con esas pruebas, que aún guardaba en casa, podían descubrir algo. Y así fue.

El juicio finalmente comenzó en 2009, tres años después de que Diane y Philippe terminasen y dos desde que le diagnosticaran con VIH. Después de la sentencia nuestra protagonista decidió irse a celebrarlo con un grupo de amigos y familiares.

Philippe, por supuesto, nunca admitió lo que había hecho. Trató de culpar a Diane del hecho, alegando que había sido ella la que le había infectado (lo cual era absurdo pues encontraron a una mujer a la que había infectado con VIH en 1997). También hicieron un estudio de ADN que demostraba que la fuente común de todos los virus era el propio Philippe.

La vida después del engaño

A pesar de que asegura estar en paz consigo misma ("la vida me ha dado limones y he hecho limonada con ellos"), Diane todavía siente cierto rencor hacia Philippe por lo que a ella y a otras mujeres les hizo sentir. "Destruyó nuestra capacidad de confianza e hizo que ahora las relaciones que tenemos con otras personas sean difíciles".

La medicina, por suerte, ha mejorado mucho en ese aspecto y solo necesita tomar una pastilla una vez al día. Además ha conocido a un hombre que la acepta y la quiere, y tiene una relación sincera con él. "Comenzamos a vernos en 2008 y le confesé todo, él me abrazó y me dijo que su hermano había muerto de sida".

Además, sigue en contacto todavía con las mujeres a las que Philippe también engañó. El año pasado, por ejemplo, se fue de vacaciones con una de ellas al Gran Cañón: la mujer del club de jazz: "Si no la hubiera conocido nunca me habría hecho las pruebas. Nos salvamos la una a la otra".

Alma, Corazón, Vida

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