¿QUIÉN ES JHO LOW Y DÓNDE ESTÁ?

El juerguista que engañó a todos: de ligar con Paris Hilton a hacer caer un Gobierno

Aún nadie sabe dónde está, pero el Gobierno de Malasia está dispuesto a negociar con quien lo sepa. No hace tanto tiempo, alternaba con DiCaprio, Kate Upton o Kim Kardashian

Foto: Manifestación en Kuala Lumpur contra el 'pirata' Low. (EFE)
Manifestación en Kuala Lumpur contra el 'pirata' Low. (EFE)

Las Vegas, noviembre de 2012. Leonardo DiCaprio, apreciablemente borracho, salta al escenario para rapear junto a Q-Tip, al que los 'gourmets' del hip-hop recordarán por 'A Tribe Called Quest'. Son tan solo los teloneros del plato fuerte de la noche: una tarta gigante de la que sale Britney Spears cantando 'Feliz cumpleaños', vestida con un conjunto dorado que deja poco a la imaginación. El agasajado, que ha pagado una cifra astronómica por la actuación de la cantante, es un misterioso joven malasio que acaba de cumplir 31 años y responde al nombre de Low Taek Jho, Jho Low para los amigos. Nadie podría saberlo si hubiese leído los periódicos al día siguiente, aunque todos hablasen de la fiesta: uno de los requisitos para entrar era no dar el nombre del organizador.

No fueron las fiestas desenfrenadas las que hicieron que Jho Low saltase a la fama internacional. Tampoco su peculiar relación con celebridades como Martin Scorsese, Bradley Cooper, Jamie Foxx, o sus escarceos amorosos (consumados o no) con Paris Hilton, Miranda Kerr o Kate Upton, o sus amistades peligrosas con popes de las finanzas como Tim Leissner, de Goldman Sachs. No, el espaldarazo definitivo fue ser acusado de llevarse alrededor de 5.000 millones de dólares —4.322 millones de euros, pero ¿qué más da?: son cifras monstruosas— a través del fondo malasio 1MDB, lo que terminaría haciendo caer al primer ministro Najib Razak.

Regaló un Ferrari a Kim Kardashian, un 'picasso' y un 'basquiat' a Leonardo DiCaprio y diamantes valorados en ocho millones a Miranda Kerr

Lo fascinante de Jho Low no era solo que fuese uno de los grandes estafadores de la historia —hay quien afirma que nunca ningún hombre ha dispuesto de tanto dinero en metálico como él— ni tampoco un 'playboy' que durante unos años frecuentó el papel cuché, sino que fuese ambas cosas al mismo tiempo y a algunas de las mentes preclaras de la sociedad occidental les diese exactamente igual, cegadas por regalos y promesas. Basta con echar un vistazo a los créditos de 'El lobo de Wall Street' para descubrir que sin la participación de Jho Low a través de la misteriosa productora Red Granite Pictures, la película no habría salido adelante.

Ahora, Jho Low ha sido retratado para la posteridad en 'Billion Dollar Whale: the Man Who Fooled Wall Street, Hollywood and the World' ('La ballena del millón de dólares: el hombre que engañó a Wall Street, Hollywood y al mundo': las 'ballenas' son los juerguistas que se gastan dinero a espuertas en las discotecas de alto postín), escrito por Tom Wright y Bradley Hope y que ha saltado a los primeros puestos de las listas de ventas en EEUU. Quizá también haya llegado a Malasia, donde millones de personas tal vez quieran saber cómo era la vida de ese compatriota que se ventiló gran parte de los fondos del país en juergas y compadreo. Es posible que otro ejemplar haya volado a algún rincón desconocido de Asia donde Jho Low se oculta: a día de hoy, se desconoce su paradero.

El 'chino' del millón de dólares

Cuando uno tiene dinero para quemar, da igual de dónde venga. De ahí que muchos pensasen que Low era chino —en realidad, se había criado en la isla de Penang, descendiente de empresarios de éxito en Guandong (China), Tailandia y Hong Kong— y que no les importase mucho de dónde sacaba el dinero. Que si era un traficante de armas asiático, que si había heredado una brutal fortuna de su abuelo, que si era la mano derecha del primer ministro de Malasia. Bueno, quizás en este último caso no estuviesen tan desencaminados. Para los autores, se trata ante todo de “un cuentista en serie que descubrió cómo funcionaba realmente el mundo”.

El Equanimity, el barco incautado a Low. (EFE)
El Equanimity, el barco incautado a Low. (EFE)

Este mecanismo está puesto en marcha por el dinero y el éxito, en un juego de espejos en el que cualquiera puede ser lo que desee si es capaz de aparentarlo. Y, desde luego, Low daba la talla. El ejemplo más claro son los presentes que entregaba a celebridades de todo pelaje. Se dice que regaló un Ferrari de alrededor de 300.000 euros a Kim Kardashian por su enlace con el jugador de la NBA Kris Humphries. También, la estatuilla del Oscar a mejor actor a Marlon Brando por 'La ley del silencio', un 'picasso' y un 'basquiat' a DiCaprio (los ha devuelto), diamantes por valor de ocho millones de dólares a Miranda Kerr, 23 botellas de Cristal Champagne a Lindsay Lohan para agasajarla por su cumpleaños y un exclusivo bolso 'birkin' de Hermès a Kate Upton. Escalones en su ascenso a Hollywood, como recordaba un reportaje de 'Page Six': “Nadie gastaba dinero como él”.

Una serie de fotografías lo retratan junto a Paris Hilton. En una de ellas, aparecen abrazados a una botella de champán gigante, en otra, casi acaramelados. En una última, el malasio apoya su cabeza en el hombro de la heredera como un bebé en el regazo de su madre. Según 'Gawker', la relación con Hilton era “romántico-financiera”, bello eufemismo donde los haya, ya que en teoría le había pagado un millón de dólares para pasar un fin de semana con él en Saint Tropez, algo que la joven negó. Bueno, negó que le hubiesen pagado por ello —“aunque es extremadamente generoso”, matizó el publicista de Hilton—, no que estuviese de fiesta con Low. Unas instantáneas en 'topless' tomadas en la Costa Azul lo acreditan.

El laberinto de compañías 'offshore', cuentas bancarias y empresas es tan complejo que el FBI aún está intentando darle sentido

A medida que pasaban los años, el tren de vida de Jho Low era cada vez más sospechoso. Lo terminó de ver 'The New York Times', que en 2015 ya dedicó un largo artículo a retratar a ese “joven malasio que sentía hambre por Nueva York”. Se decía de él que “sus fastuosos gastos han hecho alzar las cejas desde Kuala Lumpur hasta Nueva York” o que su imagen era la de “un joven con cara de bebé y gafas sin montura y polo negro con una copa de Cristal en la mano, rodeado de famosos”. El reportaje prendió la mecha recogiendo los indicios de los delitos que terminarían haciendo que la Interpol le pusiese en busca y captura.

Amistades peligrosas

Todo parece comenzar en las aulas de la Harrow School, un centro de élite de Londres, donde Low conoció a Riza Aziz, el hijastro del que pocos años después sería el primer ministro de Malasia, Najib Razak. Poco a poco, Low comenzaría a erigirse en administrador de grandes fortunas, a través de un fondo de inversión que tenía raíces en Malasia, Kuwait y los Emiratos Árabes. Pero el más importante de sus clientes fue 1MdB, el brazo de inversión del Estado malasio, para el que trabajó como consultor en la sombra. Y algo más: a día de hoy, el Departamento de Justicia de EEUU calcula que unos 4.500 millones de dólares fueron desviados del fondo, una gran cantidad de los cuales (1.000 millones) fue blanqueada a través de la compra de yates, cuadros, automóviles y joyas. Ejem.

Najib Razak, a la salida de los juzgados de Kuala Lumpur. (Reuters)
Najib Razak, a la salida de los juzgados de Kuala Lumpur. (Reuters)

Como escriben en el libro Wright y Hope, “el plan de Low implicaba la compra de viejas empresas, amistades con las personas más celebradas del mundo, encuentros amorosos con mujeres increíblemente bellas e incluso una visita a la Casa Blanca”. Una red tan compleja que el FBI aún está intentando darle sentido. Entre estos contactos se encuentra Tim Leissner, el antiguo director de la división del sudeste asiático de Goldman Sachs. Mientras tanto, en Malasia, el primer ministro Najib Razak tuvo que enfrentarse a las protestas ante la apropiación indebida de alrededor de 700 millones, que le han hecho perder las elecciones de este año. El nuevo Gobierno ha vuelto a reabrir el caso, y Razak fue detenido el pasado 19 de septiembre imputado con 25 cargos de corrupción. Razak siempre ha aducido que se trataba de una venganza política, una maniobra para apartarle del poder.

¿Y Low? Se sabe que está en algún lugar de Asia, pero pocos saben dónde. El pasado sábado, el primer ministro malayo, Mahathir bin Mohamad, anunció la posibilidad de llevar a cabo negociaciones privadas con el país donde se esconda para conseguir la deportación. “Si lo sabéis, decidlo y actuaremos”, anunció. “Díganos exactamente dónde y negociaremos con el país implicado”. ¿Quizás en China? Bin Mohamad no puede asegurarlo: “Nos han dicho que estaba ahí, entre otros lugares. También en Bangkok. Pero tiene la capacidad de anticiparse a nuestros movimientos y desaparecer”. Quizás en la oscuridad del reservado de algún lujoso y secreto club de una gran metrópoli.

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