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Así es el nuevo club Playboy (en plena era del feminismo)

Tras la muerte de su fundador, el imperio sigue más vivo que nunca. La fiesta de inauguración del nuevo espacio afincado en Nueva York es una verdadera muestra de ello

Foto: Las clásicas 'conejitas' de la mansión Playboy. (Reuters)
Las clásicas 'conejitas' de la mansión Playboy. (Reuters)

Nadie podría imaginar que una simple revista se convertiría en un gran imperio que va más allá de las páginas de papel. Estrenada en 1953, la Playboy es todo un icono de la sensualidad y de la cultura hedonista del mundo occidental. La actriz más atractiva de todos los tiempos que encandiló a un presidente del gobierno, Marilyn Monroe, fue su primer número hace ya más de sesenta años. Seis más tarde, cuando la publicación se convirtió en un éxito instantáneo entre la población estadounidense, se abrieron sus primeros y exclusivos clubs.

Las chicas Playboy acudieron a la llamada de su fundador, Hugh Hefner, quien falleció en 2017 por causas naturales, para instalarse en una mansión de una lujosa urbanización de Los Angeles. Fue en 2016 cuando dicho inmueble salió a la venta por la desorbitada cifra de 200 millones de dólares, coincidiendo con el cierre definitivo de la revista. Ahora, dos años después, el hijo del creador de la marca, Cooper Hefner, ha vuelto a abrir otra sede, esta vez en el centro de Manhattan y en mitad de la polémica por los escándalos sexuales destapados por el #MeToo.

El club es una imitación del original, "con las típicas trasgresiones de antaño sustituidas por un aire de nostalgia cursi"

Las 'conejitas' han vuelto.Y parece que para quedarse definitivamente. 'The New York Post' documentó la fiesta de inauguración del nuevo espacio hace unos días, de la que destacó la actuación de estrellas pop del momento, como la del rapero Robin Thicke. La cita se llenó de estrellas relacionadas con el mundo Playboy y las camareras sirvieron sushi, champán y manjares gourmet a todos los invitados con sus característicos atuendos.

"De algún modo, el club de 4.267 metros cuadrados sigue siendo el mismo santuario para libertinos que siempre fue: 'conejitas' escasamente vestidas, decoración masculina, bebidas fuertes y ostras Rockefeller", valora el periodista Michael Kaplan, asistente a la fiesta. "Las paredes están recubiertas con fotos de archivo que documentan los días de gloria de la revista. Una toma representa a una mujer semidesnuda sentada a bordo de un yate, mientras que otra muestra a un trío de mujeres espoleadas por el viento posando en la cola de un avión con el logotipo de la marca".

Este es el lugar en el que tanto chicos como chicas cumplen sus fantasías de verse sexys

Pero algo ha cambiado. El lujoso decorado sigue estando presente e inalterable al paso de los años, pero el ambiente ya no es el mismo; afortunadamente. La mansión no es igual desde que la periodista Gloria Steinem se coló como invitada y documentó el abuso recibido de sus inquilinas por parte de los clientes en 1963 para la revista 'Show': desde tocamientos y propinas indeseadas hasta amenazas de muerte. ¿Por qué volver a visitar este negocio en medio de la era del #MeToo?

El director creativo de la compañía, Cooper Hefner, no quiso hacer ningún comentario, pero según Kaplan, el club es una imitación del original, "con las tragresiones sexuales de antaño en gran parte reemplazadas por un aire de nostalgia cursi". Ahora, eso sí, el ambiente es mucho mejor para las chicas y la seguridad de la que disponen es mayor. "Las 'conejitas' se sientan cómodamente en el bar y se acurrucan en pequeños grupos en salas.

Hugh Hefner, en su 71 cumpleaños. (Reuters)
Hugh Hefner, en su 71 cumpleaños. (Reuters)

Tal espectáculo no está dirigido exclusivamente al género masculino. Las chicas también se lo pasan bien y admiran la obra de Hefner. "Es el regreso de lo sexy", admite Dani Epstein, una agente inmobiliaria de la ciudad, que se puso un vestido rojo para la ocasión. "Tanto chicos como chicas quieren sentirse sexys. Este es el lugar para ello". También para Heather, una matemática que dejó su trabajo para ingresar en el prestigioso club y que se negó a dar su apellido al periodista invitado. "Soy una fanática de Playboy. Me gusta la sexualidad de este sitio, y lo abierto que puede llegar a ser", explica.

Una casa de férreas normas

Frente a la imagen de glamour que la cultura popular ha contribuido a crear, las mansiones Playboy esconden realidades mucho más desagradables que el culto al lujo y a la distinción social de la que presumen. Hace tres años, una antigua 'conejita' de la mansión original llamada Holly Madison publicó un libro en el que descibría las indecencias más sorprendentes de tales dependencias. 'Down the Rabbit Hole' narra los ocho años que vivió en aquella casa a la que llamó hogar.

Un artículo de la revista 'Vice' reconoció el mal estado del inmueble, con alfombras manchadas de la orina de los perros de Hefner y dormitorios en una situación deplorable. Pero lo peor, obviamente, no se encontraba en la casa en sí, sino en las rígidas reglas impuestas por el dueño de Playboy y el trato que, en teoría, dispensaba a sus inquilinas. Ahora, esperemos que a raíz de movimientos como el #MeToo las condiciones hayan cambiado y las 'conejitas' se sientan mucho más seguras.

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