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Los cinco ‘pecados capitales’: los grandes errores que llevan a las empresas a la ruina

Las quiebras de algunas compañías de gran tamaño tienen que ver con un puñado de equivocaciones de subdirectivos que se repiten hasta acabar con su salud financiera

Foto: Cinco errores que conducen a la ruina. (iStock)
Cinco errores que conducen a la ruina. (iStock)

El hecho de que algunas empresas reporten, de vez en cuando, fortunas más que envidiables a sus responsables, no es garantía de que estos sepan gestionarlas de manera correcta. Y es que, a pesar de que las grandes compañías cuentan con ejecutivos y asesores tan bien preparados como remunerados, las compañías suelen tomar decisiones desconcertantes y no del todo acertadas que, en un descuido, pueden conducir a la ruina. La pregunta que se puede lanzar ante esta situación es la siguiente: ¿Cómo puede una gran organización, que cuenta con los mejores profesionales, el capital necesario para contratar a quien haga falta y unas instalaciones que quitan el hipo, meterse en semejante naufragio económico?

A juzgar por el amplio catálogo de compañías que no han sabido gestionar su inmensa fortuna, parece que la pregunta planteada no tiene respuesta. Sin embargo, hay en casi todas las empresas que se han ido a pique ciertos comportamientos que trazan el camino directo a la bancarrota. Un artículo publicado en la 'BBC' recuerda la memorable crisis que sufrió la empresa Carillion, un gigante de la construcción en Reino Unido, cuando, abrumada por sus problemas económicos y al no llegar a un acuerdo con los prestamistas y el Gobierno, se vio obligada a cerrar con una deuda de un millón y medio de dólares.

Carillion puso fin a su actividad a principios de este año y, con ella, la fortuna de sus responsables y miles de puestos de trabajo se fueron por la borda. ¿Su error? Dicen los que entienden de economía que la empresa creyó que firmando contratos con un pequeñísimo margen de ganancia se haría de oro. Se equivocó y en cuanto los cobros empezaron a no ser puntuales, la compañía registró una deuda imposible de salvar.

La altanería, la arrogancia y la soberbia de los directivos pueden, a veces, tumbar un negocio

Otro ejemplo de mala gestión es el de la empresa telefónica Nokia. ¿Quién se acuerda hoy de sus indestructibles móviles y del eslogan de la compañía? “Connecting people”, decía. Pero a pesar de sus aparatos preparados para sobrevivir a un ataque nuclear y de la originalidad de sus campañas publicitarias, la marca no supo mantener su dominio cuando otros gigantes, iPhone por ejemplo, le pegaron un bocado.

Existen, como decíamos antes, trampas, tentaciones y errores que vuelven vulnerables a algunas firmas. Y los que vienen a continuación son, en definitiva, los ‘pecados capitales’ del mundo empresarial que pueden dinamitar las marcas corporativas y fortunas más estables.

1. La arrogancia

La altanería, la arrogancia y la soberbia de los directivos pueden, a veces, tumbar un negocio. En una de las declaraciones recogidas en el artículo de la 'BBC', el empresario Gary Hoffmann cuenta que, cuando llegó en el año 2008 a las oficinas del banco británico Northern Rock para ocupar el cargo de director corporativo, observó que las ansias de liderazgo de la compañía iban a ser el peor enemigo de la misma.

Y así fue. Poco después de la llegada de Hoffman el gobierno se hizo cargo de la entidad para tratar de solucionar el colapso económico que sufría. Sin embargo, y a pesar de sus problemas de solvencia, el banco quiso seguir aparentando que todo iba bien. Hoffman explica que lo que más le impresionó al llegar fue el aspecto “palaciego” de las oficinas y la escasa sensación de equipo que había en ellas. “Cegado por el ansia de liderazgo el banco quiso crecer y terminó perdiendo la conexión con el mundo real hasta llegar a la ruina”, explica. El error de este grupo, que experimentó un meteórico enriquecimiento al ofrecer atractivas ofertas hipotecarias y financiarlas mediante préstamos a corto plazo, fue “caer en la arrogancia y ambiciones personales y corporativas que acabaron con los beneficios”,comenta.

2. El miedo

Hay quien piensa que el miedo es un acicate para los empleados y que bajo presión se trabaja mejor. Nada más lejos de la realidad. La experiencia del empresario Bill Grimsey así lo demuestra. En la década de los noventa, ocupó el cargo de director ejecutivo en la cadena de bricolaje Wickes y fue testigo de los problemas financieros que sufrió la compañía por un escándalo de fraude en la contabilidad. Los malos tratos a sus trabajadores y la política del miedo llevada a cabo por sus responsables también avivaron el caos de la empresa.

Una de las prácticas más ruinosas de las empresas es la de contratar a asesores para mejorar su imagen corporativa

Consiguió sacar a flote a la compañía gracias a una nueva vía de financiación y a una curiosa estrategia. Durante semanas habló con todos los empleados y se interesó por los problemas que tenían. Llegó a la conclusión de que el miedo al despido era la principal preocupación de todos ellos y descubrió que en esa sensación estaba el origen de los problemas económicos de la empresa. Muchos empleados habían falsificado las cifras de los ingresos y beneficios como medida desesperada para evitar problemas con los responsables. Por todo ello, Grimsey y Hoffman subrayan en sus declaraciones la importancia que tiene la comunicación y la buena relación entre jefes y empleados.

3. Deseo de crecimiento

La codicia desmedida es otro de los vicios de las grandes empresas. En este sentido, el empresario y analista explica que “las compañías tienen que frenar sus ganas de crecimiento para no asumir demasiados riesgos”. Y pone como ejemplo el erróneo modelo de negocio de algunas aerolíneas de bajo coste. Sin ir más lejos, el año pasado Monarch Airlines y Air Berlín registraron grandes pérdidas al reducir sus márgenes de ganancia con jugosas ofertas para atraer a los clientes. A la larga, dice Hoffman, esa estrategia es ruinosa ya que las empresas, cegadas por los ingresos, no saben implementar principios básicos de rentabilidad. “Crecer por crecer es una obsesión de muchos jefes, pero no siempre conduce al éxito”, añade.

4. La codicia de los directivos

El éxito de una empresa depende de la capacidad que tengan sus responsables para equilibrar los sueldos y repartir las ganancias. En este sentido, Grimsey considera que las juntas directivas “son un problema para todas las compañías” porque “están excesivamente pendientes de los sueldos de los altos ejecutivos”. La desigualdad en las retribuciones y las comisiones que muchos directivos perciben son, en ocasiones, un motivo de quiebra.

5. Las falsas apariencias

Muchas empresas se esfuerzan en aparentar de cara al público que todo va bien, pero la realidad económica puede ser muy diferente. Debido a esa simulación las compañías caen en gastos excesivos, en ofertas y campañas publicitarias que aumentan, todavía más, sus deudas. Hoffman subraya que una de las prácticas más ruinosas de las empresas es la de contratar a asesores para mejorar su imagen y, al mismo tiempo, externalizar la responsabilidad financiera. Todos los expertos coinciden en que estas tendencias, a la larga, contribuyen a aumentar los problemas económicos de las compañías y, para demostrarlo, ponen como ejemplo el caso de Enron, la compañía energética líder en Estados Unidos que, bajo una aparente fachada de bienestar corporativo, ocultó durante años deudas millonarias que desembocaron en una crisis imparable y posterior cierre. Su caso fue uno de los mayores fraudes empresariales de la historia reciente del país.

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