LECTURAS MORTALES

Los libros envenenados que han aparecido en una biblioteca

El pigmento verde con el que se tintaban muchos libros en los siglos XVI y XVII tiene un compuesto químico bastante peligroso para la salud: el arsénico

Foto: Foto: iStock.
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En la flamante novela 'El Nombre de la Rosa' de Umberto Eco, existe un libro mortal de Aristóteles que juega un papel vital en la trama de la historia. Envenenado por un monje benedictino loco, el libro causa estragos en un monasterio italiano del siglo XV y mata a todos los lectores que de forma accidental se lamen los dedos al pasar por sus páginas tóxicas. ¿Podría suceder algo así en la realidad o es mera ficción? ¿Se puede morir envenenado por un libro?

Como en tantas ocasiones, la respuesta es afirmativa: sí, la realidad supera a la ficción. Un nuevo estudio reciente lo demuestra. En la Universidad del Sur de Dinamarca, se encuentran tres libros muy extraños sobre varios temas históricos que contienen grandes concentraciones de arsénico en sus cubiertas. Los libros provienen del siglo XVI y XVII.

Los textos latinos de las tapas de los libros eran difíciles de leer debido a una extensa capa de pintura verde que oscurecía las letras

Las cualidades venenosas de estos libros se detectaron mediante la realización de una serie de análisis de fluorescencia de rayos X. Esta tecnología muestra el espectro químico de un material al analizar la radiación "secundaria" característica que se emite desde el material durante un bombardeo de rayos X de alta energía. Dicha tecnología se utiliza en el sector de la arqueología y del arte, como por ejemplo cuando se investigan los elementos químicos de la cerámica y las pinturas.

Pero, ¿por qué fueron llevados al laboratorio tan alegremente? "La razón es que la biblioteca había descubierto previamente fragmentos de manuscritos medievales, como copias de la ley romana y la ley canónica, que se usaron para hacer sus portadas", explican Jakob Povl Holck y Kaare Lund Rasmussen, autores de la investigación, a 'The New York Post'. "Está bien documentado que los encuadernadores europeos del siglo XVI y XVII solían reciclar pergaminos más antiguos para ponerlos en las portadas".

De esta forma, "intentamos identificar los textos latinos utilizados, o al menos leer parte de su contenido". Sin embargo, los investigadores descubrieron más tarde que "los textos latinos en las tapas de los tres volúmenes eran difíciles de leer debido a una extensa capa de pintura verde que oscurecía las viejas letras manuscritas". Por ello, los llevaron inmediatamente al laboratorio. La idea era sortear esa capa de pintura usando micro-XRF y después enfocarse en los elementos químicos de la tinta, como hierro y calcio, con la esperanza de hacer legible el documento.

Sin embargo, el análisis de rayos X reveló que la capa de pigmento verde se trataba de arsénico. Este elemento químico se encuentra entre las sustancias más tóxicas del mundo y la exposición puede provocar diversos síntomas de intoxicación, desarrollar cáncer e, incluso, la muerte. El arsénico (As, en nomenclatura química), es un metaloide natural que está presente en todas partes. En la naturaleza, el arsénico se combina típicamente con otros elementos como el carbono y el hidrógeno, lo que se conoce como arsénico orgánico.

Foto: iStock.
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Según el tipo y la duración de la exposición, los síntomas de intoxicación con arsénico incluyen irritación de estómago e intestino, náuseas, diarrea, cambios de piel e irritación de pulmones. El pigmento verde que contiene el arsénico de la cubierta de estos tres libros viene de París y su nombre técnico es triarsenito de acetato de cobre (II) o acetoarsenita de cobre (II). Esto también se conoce como "verde esmeralda", debido a sus tonos verdes llamativos, similares a los de la popular piedra preciosa.

La producción industrial de este pigmento verde se inició en Europa a principios del siglo XIX. Los pintores impresionistas y postimpresionistas usaron diferentes versiones del mismo para crear sus obras maestras. Esto puede significar que muchas de estas piezas de museo pueden contener el veneno a día de hoy.

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