GENERACIÓN 'low cost'

Por qué soy feliz sin tener una casa: el error de firmar una hipoteca

Puede que te estés equivocando. Quizás lo mejor pasa por seguir viviendo de alquiler y dejar de complicarte la vida

Foto: Foto: iStock.
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"No es más rico quien más tiene sino quien menos necesita". Esta frase, de origen incierto y anónimo, parece que tiene mucho de verdad. El "american way of life" penetró tanto en nuestra realidad social que tal vez tengas que replantearte disponer de la barbacoa en el jardín en las noches de verano, un perro que te saque de casa en vez de tú a él, dos hijos a los que educar en paz y armonía y, por supuesto, una buena casa.

O como decía el personaje de Tyler Durden en 'Fight Club', interpretado a la perfección por Brad Pitt: "Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y a medida que lo entendemos, estamos más cabreados". Algo que bien podría aplicarse a esos rasgos que definen la cultura "millennial" o la de los niños nacidos en los 90, en la que parecía que estaba todo hecho.

Mi generación creció suponiendo que la progresión natural era ir a la universidad, tener una carrera profesional, casarse y comprarse una casa

Shannah Compton era una mujer que tuvo todo aquello a lo aspiró en su día. Un buen marido, un trabajo que le generaba grandes ingresos y una casa enorme en la que poder acumular todos los trastos del mundo. Pero un día se despertó con la sensación de que estaba tirando su vida por la borda. Vivía prisionera en la gran ciudad por su empleo en el sector financiero y siempre deseó vivir frente al mar. Muchas veces nos pasamos la vida entera imaginando cómo sería nuestra vida ideal cuando la tenemos en la palma de nuestra mano.

"Mi generación creció entendiendo que la progresión natural en la vida era ir a la universidad, estudiar una carrera, casarse y luego gastar una gran cantidad de dinero para tener el hogar de nuestros sueños", explica en el diario económico 'Banking Rates'. "Yo me he visto en esas, y para ser sincera, estoy feliz de no tener una casa comprada o por pagar".

Decidí vender la casa al divorciarme, y fue una de las mejores decisiones que he tomado

Compton fue madre a la temprana edad de los 24 años. Se casó con el padre de su hijo y juntos formaron una familia. Ambos tenían un buen trabajo que les situaba en una posición económica que muchos envidiarían. Por ello, se compraron un chalé y comenzaron a disfrutar de su vida en familia. Un día, tuvieron que llamar al fontanero para arreglar el sistema de tuberías. "No tenía ni idea de lo costoso que era arreglar algo", comenta. "Tuve que reemplazar todas las tuberías de mi casa hasta la acera".

El gasto en fontanería, evidentemente, fue altísimo: cerca de 25.000 dólares (unos 21.143 euros). "No conozco a mucha gente de 24 años con ese presupuesto", admite. "Fue financieramente devastador para nosotros". Después de esto, su vida continuó como siempre. Iba al trabajo todos los días y volvía a casa para cenar. Una noche se dio cuenta de que ya no amaba más a su marido ni le gustaba la vida que estaba llevando. "Decidí vender mi casa al divorciarme, y fue una de las mejores decisiones que tomé", certifica.

Shannah Compton se pasó definitivamente al alquiler. "Ahora cuando hay una avería o tengo que hacer una reparación, le paso el encargo al propietario y no tengo que preocuparme por arreglarlo", menciona. "He de admitir que la deducción de intereses hipotecarios puede ser significativa cuando se trata de reducir impuestos. Si te encuentras en la encrucijada de no saber qué hacer, si meterte en una hipoteca o pagar un alquiler, consulta con un planificador financiero para comprender los números que hay detrás de la decisión", aconseja.

"El alquiler se me antoja como una gran libertad. Me mudé tres veces desde que vendí mi casa y pude vivir en la playa, cumpliendo mi sueño de toda la vida", analiza Compton. "Me gusta saber que puedo alejarme de donde vivo en cualquier momento si mi contrato de alquiler lo permite. Cuando era más joven, fantaseaba con la idea de tener un lugar donde quedarme, pero ahora me gusta barajar distintas opciones antes de establecerme".

Por ello, ya lo sabes, como dice el dicho popular: "Ni te cases, ni te embarques".

Alma, Corazón, Vida

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