cincuenta sombras de donah

Eran modernos y querían experimentarcon el poliamor y el sado: qué pasó

Donah era una joven atrevida que sentía mucha curiosidad por el mundo de las relaciones alternativas. Un día conoció a Mark y esto es lo que pasó

Foto: Foto: iStock.
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"Dime si esto que siento es amor, mi amor / o es un reflejo de lo que podríamos sentir", canta el músico asturiano Nacho Vegas en una de sus últimas canciones, "Ideología". La monogamia pasa sus peores momentos. Cada vez son más las parejas que apuestan por modelos alternativos de relaciones, tanto desde un punto de vista meramente sexual como afectivo. Y no será, como se pregunta Vegas, si de alguna forma, el binomio amoroso es una convención absurda propia del pasado.

Esta es la historia de Donah, una joven veinteañera que llegó a Nueva York como cualquier otra joven, "con los ojos abiertos como platos y sin nadie con quien salir". Donah fantaseaba con realizar sesiones de BDSM, aunque nunca jamás lo había experimentado más allá de su historial de búsqueda de páginas porno sobre esta práctica sexual. Una fría tarde de otoño quedó con una de las pocas amigas que tenía en la ciudad, Sarah, y después de varias copas decidieron meterse en una tienda de lencería para probarse ropa. Al final, todo le llevó a Mark, un chico adinerado de Brooklyn que no creía para nada en las relaciones monógamas. El problema de Donah fue hacerse creer a sí misma que podría soportarlo. Pero al final todo salió mal.

A Mark le gustan las chicas dulces como tú: buenas, novatas y sumisas

"Estás genial. Deberías enviársela a Mark", le dijo Sarah, arqueando una ceja desde el hueco que dejaba la cortina del vestidor. "Sácate un selfie y enviáselo. Estás muy sexy, créeme". Donah llevaba puesto un mono negro esbelto de encaje profundo y con cuello en forma de V, el clásico atuendo de una cita de lujuria sadomasoquista. "Todo podía pasar", narra Donah en la revista 'NY Mag'.

"Cuando le comenté que me interesaba el sado, Sarah reaccionó como si le hubiera preguntado dónde encontrar un buen lugar para comer sushi", relata. "Ella ya había experimentado con mazmorras en la Universidad y ahora tenía un perfil en FetLife, la red social para masoquistas autoconcienciados. Ella y su novio también tenían una relación abierta y compañeros con los que solían jugar". Evidentemente, Donah no lo había probado y sintió mucha curiosidad. Siempre se había sentido atraída por el mundo de las fustas, los potros y los azotes.

'Shiny, shiny... shiny boots of leather'. (iStock)
'Shiny, shiny... shiny boots of leather'. (iStock)

Sarah le enseñó el perfil de Mark en FetLife, un chico musculado con pinta de chulo que había mantenido una relación con ella en el pasado. "Él y yo solíamos jugar juntos, pero en realidad ha pasado mucho tiempo desde eso", le dijo Sarah a Donah, intentándola convencer para que le conociera y tuvieran una cita. "Es muy dulce y tú eres exactamente su tipo", le confesó. "¿Qué tipo?", preguntó Donah intrigada. "Buena, novata y sumisa", contestó Sarah. "Debería recibir una compensación económica por presentártelo porque es un gran tío".

Mark tenía el pelo oscuro y un acento de Brooklyn bastante particuar. "Él y yo cenamos juntos. Luego quedamos de nuevo. Y otra vez. Me llamó 'Señora' y me llevó a hombros a la cama como si fuera un caballero", explica Donah. Él le puso las correas alrededor de sus muñecas y la ató a la cama. Después, le repitió suavemente al oído todas las palabras de seguridad antes de comenzar para verificar y asegurarse de que se estaba divirtiendo. Luego, comenzó a azotarla hasta que su piel se quedó rojiza por los golpes.

Solo era una chica de 22 años que oyó la palabra "poliamor" y automáticamente pensó en "desafío"

"A medida que pasaron las semanas, caímos en las costumbres de las parejas monógamas: cenas, pasar la noche en su casa, planificar viajes o llamarse 'cariño' el uno al otro", comenta Donah. "Lo que más disfrutaba, sin embargo, era su atención, la forma en que sus ojos marrones miraban a los míos y luego se volvían hambrientos cuando recorrían mi cuerpo desnudo. Me gustaba que me dominara porque significaba que me quería, que pensaba en mí y hacía el esfuerzo de imaginar nuevas y diversas formas de torturarme y someterme. De buena gana me habría convertido en un objeto mientras fuera el de sus afectos", explica.

Pero Mark no solo era un fanático del BDSM. También de las relaciones abiertas. Al cabo de los meses le advirtió de que no se imaginaba una relación exclusiva con ella, pero Donah no sabía exactamente a qué se refería ni dónde se estaba metiendo. "Solo era una chica demasiado confiada de 22 años que oyó la palabra poliamor y automáticamente pensó: "desafío".

Una tarde en una tienda de muebles mientras caía una copiosa tormenta de nieve sobre la ciudad, todo saltó por los aires. Donah le propuso adquirir una estantería por piezas y le pidió que la instalara en casa. Él accedió y justo cuando estaban llevándose las vigas y estantes de la futura estantería que montarían los dos en la intimidad del hogar, Mark le anunció sus planes para esa noche a Donah: "Voy a ir a cenar con alguien esta noche". Donah se quedó perpleja. "Con una amiga. Ella y yo quedamos desde hace semanas y no lo puedo cancelar".

"¿Una chica con la que te acuestas", preguntó Donah. Mark asintió. "¿Vais en serio? ¿Estás saliendo con ella?". Ella había fantaseado con la idea de pasar la noche los dos juntos, acurrucados en el sofá, bebiendo chocolate caliente y vino tinto, pasando todo el día siguiente viendo películas en su apartamento. "Ya he quedado, lo siento", le respondió. "No me gusta. Quería pasar la noche contigo", le espetó ella, a punto de llorar. Él ni siquiera le respondió, simplemente se limitó a mirarla como si fuera un "niño malcriado". Finalmente, se ofreció a acompañarla hasta el metro y despedirse.

A veces, tres son multitud. (iStock)
A veces, tres son multitud. (iStock)

"Él rompió conmigo unas semanas más tarde a través de Facebook Messenger mientras yo estaba en el trabajo", cuenta Donah. "Dijo que estaba demasiado celosa. Lloré en el baño de la oficina mientras respondía diciéndole que lo sentía una y otra vez". El mayor error de Donah fue tal y como ella mismo reconoce: "Había sido una ingenua al suponer que nuestra conexión en la cama era tan eléctrica e intensa que él nunca podría interesarse por alguien más. En segundo lugar, confundí la sumisión sexual con el masoquismo emocional".

Al final, la noche en la que Mark se fue con su amiga, Donah regresó a su piso y compartió unas copas de vino con su compañera de piso. "No le dije que Mark me había echado de forma indirecta de su apartamento", confiesa. "Cuando me preguntó qué hacía toda esa madera en el piso le dije que nos iba a construir una estantería y que estaba muy enamorada de él". Al final, parece que Donah cayó en el autoengaño creyendo que podría soportarlo. Pero no, no todas las personas están preparadas para enfrentarse a algo así.

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