LOS GANADORES DE LA GUERRA CULTURAL

Cómo ganar un millón de euros al año siendo un intelectual (oscuro)

Durante los últimos meses han saltado a la fama varias figuras que, según sus seguidores, dicen lo que nadie más se atreve a decir y que han dado lugar a un culto millonario

Foto: Eric Weinstein, Dave Rubin y Jordan Peterson.
Eric Weinstein, Dave Rubin y Jordan Peterson.

A estas alturas, quien más o quien menos ya conocerá a Jordan Peterson, el profesor y psicólogo canadiense que pasó de ser un docente cualquiera en la Universidad de Toronto a convertirse en un icono y carne de meme en la red, cuyo predicamento ha llegado incluso a la portada de los periódicos españoles. Aunque parezca un francotirador cultural, no está solo, ni mucho menos. El próximo mes de julio, aparecerá en el escenario del O2 Arena de Londres junto a Douglas Murray, autor de 'La extraña muerte de Europa', y el neurocientífico Sam Harris, autor de 'El fin de la fe'. Para que se hagan una idea, es el mismo lugar que Led Zeppelin eligió para dar sus conciertos de reunión en 2007.

No es casualidad que los títulos de sus libros suenen apocalípticos. La mayoría de representantes de este pseudomovimiento, agrupado de forma artificial bajo el concepto de la “intelectualidad oscura” (al que a veces se le añade “de la red”, aunque su presencia en medios convencionales es cada vez mayor), suele coincidir en su advertencia sobre la peligrosa deriva de los debates contemporáneos, en los que determinadas ideas relacionadas con temas espinosos como la religión, la inmigración o la evolución humana han sido vetados. Y, por lo tanto, aquellos que se atreven a defenderlas son perseguidos, insultados o expulsados de sus trabajos. Aunque, en realidad, podría argumentarse que despiertan tantas pasiones como odios, y sus seguidores se cuentan por millones.

Jordan Peterson dijo había descubierto cómo monetizar a los guerreros de la justicia social. Sus ingresos oscilan entre 25.000 y 80.000 al mes

El creador del término fue el matemático Eric Weinstein, director de Thiel Capital, la firma de inversión de Peter Thiel, aunque ha sido un polémico reportaje de Bari Weiss publicado en la sección de opinión de 'The New York Times' el que ha popularizado el término y ha abierto un debate sobre el rol y las intenciones de dicho grupo. Para la columnista, se trata de una “colección de pensadores iconoclastas, renegados académicos y personalidades de los medios de comunicación que mantienen opiniones –en podcasts, YouTube y Twitter, y en pabellones llenos– que no se parecen a nada que estemos escuchando en la cultura, al menos de forma pública”. Para 'The Guardian', sin embargo, se trata de “el ala supuestamente pensante de la derecha alternativa”.

Una de las respuestas al artículo provenía del Premio Nobel Paul Krugman, que en un sarcástico tuit reconocía que hasta el momento no se había dado cuenta de lo oprimido que estaba: “Claro, escribo para el Times, me pagan muy bien y me invitan en todo el mundo, pero a veces la gente me critica a mí y a mis ideas. ¡Que estalinista!”. El popular economista ironizaba con la supuesta persecución que, en teoría, sufren estas figuras, y que se refleja visualmente en las oscuras fotografías del reportaje, en el que Harris, Weinstein y otros iconos aparecen retratados en la penumbra, como si se tratase de los protagonistas de una película de espías, perseguidos por saber algo que nadie más conoce.

Este es mi número de cuenta

De lo que no cabe duda es de que muchos de estos personajes, entre los que se suele clasificar al cómico Dave Rubin, el biólogo evolucionista Bret Weinstein (hermano de Eric) o Ben Shapiro, antiguo director de Breitbart News hasta que lo abandonó por haberse convertido en “el 'Pravda' de Trump” eran prácticamente anónimos hace relativamente poco. El caso más evidente es el de Peterson, cuyo 'Las 12 reglas de la vida' se ha convertido en un superventas. Según el artículo, recibe unos 80.000 dólares al mes (unos 70.000 euros) en las suscripciones a su Patreon, es decir, más de un millón de dólares anuales a través de 'crowdfunding'. Aunque los datos exactos no son públicos, sus casi 10.000 seguidores le reportan entre 20.000 y 85.000 dólares al mes. Rubin gana unos 30.000 dólares al mes con su canal de YouTube (tiene 700.000 seguidores) y Peterson dijo en su día que había “descubierto cómo monetizar a los guerreros de la justicia social”.

Se suele clasificar entre ellos a figuras como Camille Paglia, Steven Pinker o James Damore, el ingeniero despedido por su manifiesto “machista”

Con sus particularidades, responden a las mismas lógicas del mercado de los 'youtubers' y los 'influencers', solo que sustituyendo las videorreseñas por diatribas denunciando el ataque a la libertad de expresión perpetrado día tras día por la izquierda biempensante, el peligro inherente a las políticas de identidad que han arrasado en las universidades occidentales o las explicaciones biológicas que subyacen a gran número de desigualdades sociales. Weiss sugiere que es un negocio poco rentable, porque muchos de ellos caen en el ostracismo, apartados por sus universidades o sus compañías. Pero la alternativa, plataformas de 'crowdfunding' como Patreon y eventos puntuales como el que tendrá lugar en julio del próximo año, puede ser económica y publicitariamente muy rentables.

Desde luego, la etiqueta “intelectuales oscuros”, que los asemeja a una especie de Darth Vaders de la incorrección política, les ha venido tan bien como a un grupo de Seattle aparecer clasificados bajo la etiqueta grunge a principios de los 90. Por ejemplo, dándoles promoción en artículos como el de 'The New York Times'. Aunque, como ocurre con las escenas musicales, se trata de una clasificación laxa. Según la página 'Intellectual Dark', también lo son viejos conocidos como la escritora Camille Paglia, Steven Pinker o James Damore, el hombre despedido de Google después de enviar a sus compañeros un célebre manifiesto antidiversidad. Como 'Los vengadores', versión políticamente incorrecta.

Para Weiss, todos ellos tienen tres cosas en común: hablan civilizadamente sobre temas controvertidos; no se adaptan a las ideas políticamente convenientes en un entorno en el que los sentimientos y los dogmas han sustituido a los hechos; y algunos han sido “purgados” por las instituciones “hostiles a los pensamientos no ortodoxos”. Sin embargo, como ella misma admite, las ideas de esta “alianza de herejes” han terminado penetrando en los debates de los medios tradicionales, donde cada vez aparecen con mayor frecuencia, aunque sea para ser criticados. Para otros, simplemente, no son más que una nueva manifestación de líneas de pensamiento ya conocidas.

El fascinante lado oscuro

Hay otra posibilidad, que es que estos nuevos “intelectuales” –como hemos visto, algunos son profesores académicos, pero otros son humoristas o periodistas– estén recuperando el terreno perdido durante las últimas décadas frente a los liberales y la izquierda que, como señala Angela Nagle, han marcado la agenda desde los años 60. Como Trump en política, han descubierto cómo rentabilizar su resentimiento y frustración por haberse quedado fuera del debate público a través de nuevos modelos de negocio surgidos en internet. Políticamente, son eclécticos –votan a Bernie Sanders, a Hillary Clinton o a Trump, o a ninguno–, pero estos “polemistas profesionales” se adscriben a cierto libertarismo de línea dura, como sugiere 'The Guardian'.

Sus principios son aceptar otros puntos de vista, rechazar las políticas de identidad y honrar la libertad de expresión por encima de todo

Una de las grandes preguntas que surgen en este nuevo panorama de la cultura global –y que también afecta a España: ¿es Forocoches nuestro 4Chan? ¿Quién sería nuestro Jordan Peterson?– es en qué punto exacto se debe situar a estos nuevos intelectuales heterodoxos. Para sus defensores, son un soplo de aire fresco en un panorama monopolizado durante la última década por el pensamiento buenista y la censura de ideas complejas. Para sus detractores, al igual que ocurre con otras subculturas surgidas en los últimos años, “también piensan que su cultura ha sido invadida por las mujeres y las minorías” y han transformado su resentimiento en “la racionalización de sus deseos políticos menos saludables”, como sugiere Henry Farrell en 'Vox'.

El periodista recuerda que si estos nuevos pensadores han irrumpido con tanta fuerza es porque “hemos olvidado lo malas que eran las cosas antes”. Se refiere a un pasado no tan lejano en el que aún se debatían (o se daban por hecho) las diferencias genéticas entre razas y el feminismo era atacado por sistema. Muchos de los representantes de esta nueva intelectualidad sintonizan, aunque no las defiendan, con determinadas ideas queridas por la derecha pastilla roja, como el rechazo a la multiculturalidad como fuente de problemas. A tal respecto, Weinstein recordó en su día que “hay que entender que la IDW ('intellectual dark web') emergió como respuesta a un mundo donde intelectuales completamente razonables eran acusados de ser 'islamófobos' o 'nazis' por activistas, instituciones y periodistas generalistas”.

Mientras cada cual toma posición en esta flamante guerra cultural, quizá pueda orientarse (o convertirse en uno de ellos) gracias a la guía para convertirse en un intelectual oscuro. ¿Qué se necesita? Según el periodista David Fuller, director de 'A Glitch in the Matrix', un documental sobre la IDW, se trata de abrazar una nueva consciencia más allá de las burbujas de internet. El hombre que viajó a casa de Peterson para grabar el primer documental sobre él recomienda empezar por las charlas entre Ben Shapiro y Peterson y entre los hermanos Weinstein, Eric y Bret. Entre sus principios inamovibles, aceptar otros puntos de vista, rechazar las políticas de identidad (y ser conscientes de que estas son la ideología mayoritaria), admitir que las cosas no son ni negras ni blancas y honrar la libertad de expresión por encima de todo. Eso y, añadimos nosotros, abrirte un Patreon.

Alma, Corazón, Vida

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