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Los peligros del ejercicio para el alzhéimer y las enfermedades mentales

Una investigación desvela que los entrenamientos en el gimnasio no reducen el riesgo de padecer alzhéimer o cualquier otra enfermedad senil

Foto: La demencia, una de las más graves enfermedades del mundo contemporáneo. (iStock)
La demencia, una de las más graves enfermedades del mundo contemporáneo. (iStock)

Los ejercicios de intervalos de intensidad no ayudan nada a las personas con alzhéimer y enfermedades mentales, incluso puede empeorar la situación, según un estudio que pretendía demostrar si este tipo de ejercicios ralentizaba el avance de la enfermedad. Se suele creer que el ejercicio regular y la vida activa ayudan a prevenir o retrasar la demencia. De hecho, se han realizado algunos experimentos en pacientes con resultados bastante positivos. Pero un solo ensayo descubrió que el ejercicio en el gimnasio no hizo absolutamente nada para retrasar el avance de la enfermedad.

"Me decepcionaron los resultados, aunque es evidente que quedé bastante sorprendida", afirma la profesora Sarah Lamb para 'The Guardian', autora principal de la investigación publicada en el 'British Medicine Journal'. "Creo que sería justo decir que las enfermedades seniles es un problema muy difícil de solucionar", dijo la profesora, quien trabaja en el Departamento de Ortopedia y Reumatología de Nuffield y da clases en la asignatura de Ciencias Museoesqueléticas de la Universidad de Oxford.

Esto no debería impedir que las personas con alzhéimer salgan a caminar, nadar o realizar actividades suaves

Alrededor de 500 personas se ofrecieron como voluntarias para sumarse a la prueba. De ellas, a 329 se les asignó un régimen de aptitud física seria, mientras que las otras 165 recibieron atención habitual. Aquellas a las que se les encargó cuatro meses de ejercicio físico personalizado a su estado corporal y de resistencia, hicieron dos sesiones de gimnasio por semanas de 60 a 90 minutos, que incluían actividades como andar en la bicicleta estática y usar cinturones de pesas. También se les pidió que hicieran una hora más por semana en casa. El estudio fue aprobado y financiado por el Instituto Nacional de Investigación en Salud, que evalúa las intervenciones que podrían ser útiles para el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS). Sin embargo, los expertos resolvieron que "este nivel de ejercicio especializado no funciona", asegura Lamb.

Los resultados mostraron, de hecho, que aquellos que llevaron a cabo el programa tenían estadísticas cognitivas peores (una medida de sus capacidades de pensamiento y racionalización) que aquellos que no lo hicieron. Consiguió que se encontraran mejor físicamente y en forma, lo que fue útil para su vida diaria, pero no frenó el progreso de la enfermedad. "Esto no debería impedir que las personas con alzhéimer salgan a caminar, nadar o realizar actividades suaves", señala Lamb. "No queremos ser alarmistas. Usamos un programa de ejercicio muy especializado. El ejercicio suave es bueno, no queremos que la gente lo deje", avisa.

Foto: iStock.
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El doctor Brendon Stubbs, fisioterapeuta investigador del King´s College de Londres, afirma que los resultados son asombrosamente importantes. "La búsqueda de intervenciones efectivas en el estilo de vida que puedan retrasar el deterioro cognitivo debe continuar", sentencia. Desde el punto de vista de Rob Howard, profesor de Psiquiatría de la Vejez en la Universidad de Ciencias de Londres, puso en valor que los resultados negativos también fueron importantes.

"Aunque esto solo supuso un pequeño empeoramiento en el funcionamiento cognitivo que no habría sido notorio en un paciente individual, fue estadística y significativamente diferente del resultado observado entre los que no hicieron el ejercicio", opinó. "Todos hubiéramos estado entusiasmados por hallar algo positivo en la lucha contra la demencia, hasta ahora poco fructífera".

El riesgo de alzhéimer se reduce entre las personas mayores adineradas en comparación con las que tienen menos recursos

Un segundo estudio, publicado en la revista 'JAMA Psychiatry', demostró que las personas con ingresos más bajos tienen un mayor riesgo de alzhéimer que las personas que están en una buena posición económica. Los investigadores del University College London analizaron datos de 6.000 adultos nacidos entre 1902 y 1943 y descubrieron que el 20% de los adultos más necesitados tenían un 50% más de probabilidades que el 20% de los adultos menos necesitados. "Nuestro estudio confirma que el riesgo se reduce entre las personas mayores adineradas en comparación con aquellos que tienen menos recursos económicos", argumenta el profesor Andrew Steptoe, autor principal del estudio.

"Muchos factores podrían estar relacionados. Las diferencias en el estilo de vida saludable y los factores de riesgo médicos son más que relevantes", valora. "También puede ser que las personas en mejores condiciones tengan mayores oportunidades sociales y culturales que les permitan mantenerse activamente comprometidos con el mundo".

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