¿EPIFANÍA O RADICALIZACIÓN?

Así es la derecha “pastilla roja”: “El mundo no es un lugar seguro para los hombres”

La sociedad ha decidido tomar la píldora azul, y vivir feliz a espaldas de la verdad. Los que se han decantado por la roja han visto la luz: las mujeres les oprimen

Foto: La elección de Neo: ¿quieres saber la verdad o no?
La elección de Neo: ¿quieres saber la verdad o no?

En una de las secuencias más celebres de 'Matrix', Morfeo, el personaje interpretado por Laurence Fishbourne, obligaba a Neo (Keanu Reeves) a elegir: ¿prefería la pastilla azul, que le haría vivir feliz al olvidarse de todo lo que había descubierto –básicamente, que hemos sido engañados y que somos víctimas de una conspiración que nos impide acceder a la terrible verdad–, o se decantaba por la roja, que le haría introducirse por la madriguera del conejo y descubrir lo que nos están ocultando? “Recuerda, tan solo te estoy ofreciendo la verdad”, le recordaba Morfeo mientras Neo se echaba al gaznate la cápsula roja.

El concepto “pastilla roja” ('red pill') aparece cada vez con mayor frecuencia en los debates políticos globales (sobre todo en los estadounidenses, pero no únicamente) como una manera de referirse a aquellos que han visto la luz y han descubierto que la realidad no es como nos la han contado. ¿Quiénes son exactamente, y qué han descubierto? Se trata, por lo general, de una nueva corriente de derechas, limítrofe con movimientos como la alt-right o los incel, aunque el concepto abarque desde los partidarios de Donald Trump hasta los luchadores por los derechos de los hombres. En el subforo de Reddit The Red Pill Right se defininen como “antifeministas, porque no existe no puede existir el pastilla roja feminista”. No son “ni igualitaristas, ni humanistas ni utilitaristas” y su filosofía es “tan elitista como la de Aristóteles, Thomas Jefferson o Nietzsche”.

Cuando se retira el velo que oculta la realidad, los “redpillers” descubren una conspiración feminista en contra de los hombres blancos

La realidad, claro, es más compleja, y dependiendo de si preguntas a uno de ellos o a sus detractores, el resultado puede ser muy diferente. Como recordaba un reciente reportaje de 'Wired', los conservadores que se definen como 'redpillers' se ven como Neo en 'Matrix', es decir, como si “hubiesen despertado”. Para sus críticos de izquierdas, es un sinónimo de “radicalización”. En los últimos días, el término ha sido utilizado para describir el apoyo de Kanye West a Trump, como si de repente el rapero hubiese visto la luz y finalmente se hubiese sacudido de encima el yugo de la corrección política. Como recuerda Angela Nagle en 'Muerte a los normies', la metáfora de la pastilla roja pasó a formar parte del imaginario de la derecha trumpiana gracias al supremacista blanco Richard Spencer.

Si el velo de la realidad se ha levantado, ¿qué es exactamente lo que se oculta debajo? Para los que han tomado la píldora roja –la mayoría, hombres blancos que se definen como libertarios–, se trata de una flagrante desigualdad inherente a la sociedad moderna que beneficia a las mujeres y perjudica a los hombres. En otras palabras, como recuerda la guía diseñada por Jay Allen, han descubierto que “son los progresistas quienes controlan de forma secreta la sociedad”. En un alto grado forman parte de lo que se conoce como la “manosphere”, esa esfera de hombres capaces de publicar mensajes como el siguiente: “Odias a las mujeres porque mantienes expectativas equivocadas hacia ellas: son, por naturaleza, manipuladoras, inconsistentes, emocionales e hípergamas. Acepta esta verdad”.

Uno de los memes 'red pill': pastillas para las feministas.
Uno de los memes 'red pill': pastillas para las feministas.

Ese desprecio que durante muchos años infectaba foros como el propio Reddit o, sobre todo, 4Chan, terminó tomando forma en un nuevo conservadurismo intolerante, que se apropia de la terminología progresista para promover opiniones misóginas o racistas, eso sí, convenientemente racionalizadas a partir de retórica cientifista. En una de las primeras tesis doctorales en analizar el fenómeno de la “manosfera”, Lilly Mary, de la Universidad de Otawa, explica que lo que la mayoría de estos movimientos tienen en común es su supuesta lucha contra la desigualdad y a favor de la igualdad, que suele traducirse en la defensa de los “derechos de los hombres”, el rechazo de la existencia del patriarcado y la teoría (conspirativa) de que el feminismo se ha extendido gracias al marxismo cultural.

El paradigma cambia por completo

Habitualmente, la relación entre izquierda y derecha solía ser la opuesta: el conservadurismo defendía el 'statu quo', la tradición y las costumbres, mientras que la teoría marxista desvelaba que la relación de fuerzas que se ocultaba tras ese entramado social daba lugar a la desigualdad económica, la explotación o la marginación de las minorías. Nagle sugiere en su libro que esta inversión se debe a la habilidad de esta nueva derecha de “apropiarse de la estética de la contracultura, las trangresiones y el inconformismo, que se define en contra del establishment progresista”. En las guerras culturales que han propiciado el auge de los pastilla roja, el progresismo socialdemócrata que ha impuesto su visión desde los años sesenta es visto como un movimiento que oculta las verdaderas dinámicas de la sociedad.

Algunos hablan de la “industria de la violencia doméstica”, un entramado que sirve para que “mujeres mentirosas roben dinero de sus maridos”

“Casi ningún hombre violaría, pero casi cualquier mujer haría de Fausto y vendería su alma barata manchada de polla por un poco de atención” es uno de los mensajes que reproduce Lilly Mary. Otro escribe que, debido a las falsas acusaciones de violación, “el mundo no es seguro para los hombres”, que es precisamente el título de su tesis. Palabras como “puta” o “zorra” (por lo general, referidas a feministas) aparecen obsesivamente. Algunos llegan a hablar de la “industria de la violencia doméstica”, en la cual, supuestamente, “jueces, abogados, oficiales de policía e investigadores feministas respaldan a las mujeres que mienten sobre los abusos domésticos para robar dinero de sus maridos y obtener la custodia de sus hijos”. Los pastilleros rojos engloban a subtribus como los MGTOW (“hombres que van a su bola”, que rechazan todo contacto con las mujeres) o los seguidores de los expertos en ligoteo, que comparten “esa visión de que los hombres están oprimidos y que las mujeres disfrutan de privilegios injustos”.

Otros van un poco más lejos. Es lo que ocurre en el subforo de 'redpillers' de derechas de Reddit, donde se propone abolir el voto femenino (“desde los años 20, han echado todo a perder”), volver a recurrir a los duelos para resolver las disputas personales –y si no, eres un macho beta– y acabar con la propaganda igualitaria en los currículos educativos. Ese es otro de los rasgos esenciales de estas nuevas subculturas, como recuerda Nagle: que las bromas, la ironía y la autorreferencialidad aportan una distancia que dificulta saber si su racismo y misoginia son ciertas o no son más que una pesada broma. Aunque, como resumía otro forero de Reddit, “el racismo irónico de 4chan es indistinguible del racismo real”.

'Esa sensación cuando le das la píldora roja a un liberal'.
'Esa sensación cuando le das la píldora roja a un liberal'.

El sociólogo estadounidense Michael Kimmel intentó explicar en su libro 'Angry White Men' por qué el movimiento por los derechos de los hombres, que emergió entre los ochenta y los noventa, había eclosionado de forma tan furiosa justo ahora. En su opinión, había tres factores. En primer lugar, las desigualdades económicas que han favorecido a las capas más ricas de la sociedad y que han “minado las identidades de los hombres de clase media”; en segundo lugar, el auge de los movimientos por los derechos de los padres, que han otorgado cierta legitimidad a dichas reivindicaciones. Por último, y más importante, el crecimiento de la red, que ha producido un efecto bola de nieve en el que lo que antes eran meras ideas aisladas han terminado conformando foros, grupos solidarios e ideologías que han trascendido al debate público.

Los aliados se multiplican

Los nombres de sus enemigos mortales no son sorprendentes. Se trata del marxismo cultural, de la corrección política, del feminismo radical y de los guerreros de la justicia social, ese término cuñado para ridiculizar a aquellos que defienden ideas progresistas y promueven el multiculturalismo o los derechos de las minorías. Esa conspiración progresista ha dañado a los hombres blancos: a diferencia de los incel, que son más de píldoras negras, no se consideran machos beta, sino elegidos que se merecen algo mejor. Su retórica se basa en cierto “ciencismo”, como lo denomina Allen, es decir, un desprecio hacia aquellos saberes –como la filosofía– que no se basan en la observación empírica, al mismo tiempo que abrazan el evolucionismo y el biologismo para justificar sus puntos de vista discriminatorios.

La píldora roja te puede despertar a cualquier clase de nueva realidad, siempre y cuando se comparta el enemigo común: la izquierda

Así visto, sería lógico pensar que, como ocurre en el caso de los incel, no tiene sentido que entre sus filas haya ni mujeres ni personas de color. Pero no es así. La directora del documental 'The Red Pill' (2016) es Cassie Jaye. En su película, esta detalla su recorrido personal desde feminista escéptica a mujer preocupada por la igualdad para ambos géneros. Por el camino, da voz a los luchadores por los derechos de los hombres o a figuras como el psicólogo Paul Elam, fundador de A Voice For Men. “Pensaba que dirían cosas chocantes, que sería como escudriñar dentro de una comunidad misógina”, explicaba en una entrevista. “Pero cuando los empecé a escuchar, empaticé con muchos de sus problemas”. Jaye siempre ha defendido que su objetivo con la película era “mostrar al público los problemas a los que tienen que enfrentarse hombres y niños en nuestra sociedad y analizar por qué el debate actual sobre género no es completamente inclusivo”.

El pasado 21 de abril, Kanye West publicó un tuit en el que decía “me encanta cómo piensa Candace Owens”. Se refería a la tertuliana y simpatizante republicana responsable de un canal de YouTube llamado Red Pill Black (“píldora roja negra”), célebre por recetar “pastillas rojas” a la “izquierda alternativa”. Un artículo de 'Salon' la definía como “la nueva estrella afroamericana de la derecha tóxica”. La tesis principal de Owens es que la población negra ha sido traicionada por los demócratas, que la han embaucado una y otra vez con sus falsas promesas. En una entrevista con 'Fox News' recordaba que “la izquierda quiere atar a los negros a la idea de que son víctimas. No quiere que piensen en su futuro, sino en su pasado. No desean negros librepensadores e independientes. Y eso es lo que Kanye West y yo representamos para la comunidad negra”.

Cassie Jaye, directora de 'The Red Pill'.
Cassie Jaye, directora de 'The Red Pill'.

En una reciente entrevista, Bret Easton Ellis, autor de 'American Psycho' –uno de los libros más citados en estas comunidades–, a quien se la ha considerado parte de la 'alt-right hipster', advertía que es tan solo el principio. Es cuestión de tiempo, señalaba, que más y más famosos se suban a este carro debido a “la histeria de la izquierda”. “Hollywood está atrapado en una gran hipocresía”, explicaba a 'The Observer'. “Se pone histéricamente sensiblera con su liberalismo, pero no utiliza personajes homosexuales en sus películas porque su mercado es global y en algunos países no las estrenarían”. Esa es la ironía final: la píldora roja te puede despertar a cualquier clase de nueva realidad, siempre y cuando se comparta el enemigo común, que son la izquierda y los valores progresistas.

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