INCREÍBLE PERO CIERTO

La pareja que intentó montar muebles de Ikea bajo los efectos de las drogas

Una tarde soleada, Giancarlo y Nicole decidieron encerrarse en casa para montar su nuevo armario. Pero para pasarlo mejor, decidieron añadirle algo de emoción lisérgica al asunto

Foto: Giancarlo y Nicole, dispuestos a ejecutar el reto
Giancarlo y Nicole, dispuestos a ejecutar el reto

Piensa en dos palabras: Ikea y LSD. ¿Qué te viene a la cabeza? La primera es la famosa multinacional sueca de equipamientos del hogar y muebles, y la otra… la otra es la droga visionaria más potente jamás creada. Digamos que ambas están muy de moda. Una, por el abaratamiento de los precios y otra, por algo que quizá nunca termine de despertar curiosidad y conmoción entre los seres humanos: porque tiene la capacidad de abrirte las puertas hacia el otro lado si la ingieres.

Como decía el poeta inglés William Blake: “Cuando las puertas de la percepción se depuren, todo aparecería tal y como es: infinito. Pues el hombre se ha enredado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna”. Esta mítica frase inspiró a su vez a bandas de rock, como los Doors de Jim Morrison, que creían en la experimentación con drogas lisérgicas para asomarse a esa supuesta “verdadera realidad” que se esconde tras el mundo de las apariencias.

¿Qué tienen que ver ambas? Un famoso reto que no ha tardado en hacerse viral: montar los famosos muebles de IKEA bajo los turbios y profundos efectos del LSD. Los protagonistas, Giancarlo y Nicole, del canal de YouTube 'Hikea', retransmitieron su proeza psicotrópica con las piezas. 'Hikea' tiene como finalidad, según sus propios creadores, “documentar las experiencias de personas normales puestas de drogas como hongos mágicos o LSD mientras intentan construir muebles baratos”. Y prosigue así: “Cada episodio presenta una nueva droga, nuevos personajes y un nuevo rompecabezas de IKEA, a través de los cuales podemos presenciar las subidas y bajadas de estas valientes almas que se embarcan en una tarea casi imposible”, según recoge 'The Independent'. Casi nada.

Es algo que te hace estar conectado con tu entorno, sientes que todo fluye

“Ya lo he hecho cinco veces”, asegura Giancarlo al principio del vídeo. Nicole, al contrario, es su primera vez: “Nunca he tomado ácido”, admite. Segundos después, salta el opening del programa y la pareja se dispone a extraer los papelitos untados del principio activo conocido como dietilamida. Al rato, se lo colocan sobre la lengua empapada y lo enseñan a la cámara.

“Es algo que te hace estar conectado con cualquier cosa de tu alrededor, sientes que todo fluye”, comenta Giancarlo. Y nada más pasar unos minutos, comprobamos como la pareja comienza a comportarse de una manera muy, muy extraña. El primer efecto observable a simple vista, es que se parten de risa como nunca antes lo habían hecho.

Fotograma del vídeo.
Fotograma del vídeo.

Cuando se disponen a desembalar las cajas con todas las piezas e instrucciones, Nicole parece que tiene que hacerlo sentada en el suelo porque no puede mantenerse en pie. Ponerse de acuerdo es un asunto complicado. Confundir los destornilladores, un efecto colateral. Hacerse un lío con las piezas o directamente, demandar el uno al otro piezas que no existen, también. Comenzar por el último paso y olvidarse del primero tampoco tiene parangón. De repente, Giancarlo cae en la cuenta de que hay una ventana que da a la calle por la que entra una luz diáfana y neutra, una luz purísima. Esto choca con el viejo mito por el que las abuelas siempre te dicen: "No tomes eso que una vez uno lo probó, se creyó Supermán de repente y se arrojó por la ventana creyendo que podía volar". Pero no. Esta historia, afortunadamente, no acaba así.

“Es como si no hubiera ninguna emoción, todo fuera neutral”, afirma al asomarse. Nicole se palpa y se mira el pelo, totalmente embelesada. En cualquier momento podrían rendirse y acabar con la tarea tan aburrida y plomiza que se han dispuesto a hacer, salir a dar una vuelta y aprovechar el efecto. Pero no. Su cabezonería, así como su 'cuelgue', no conoce límites.

Giancarlo y Nicole, partiéndose de risa
Giancarlo y Nicole, partiéndose de risa

Por lo que se puede observar, consiguen montar uno de los cajones inferiores del mueble, a lo que Nicole responde orgullosa: “¡Por fin! ¡Me encanta!”. Cuando se da cuenta que todavía queda repetir el proceso durante tres o cuatro veces, echa la cabeza para atrás y exhala un aliento colocado: “No hay forma de hacerlo”. Después de tres horas y 53 minutos exactamente, la pareja da por finalizada su labor. El armario luce un poco mal hecho, pero estable de cualquier forma.

Al final, llevan a cabo la mejor decisión que podían tomar: salir a la calle. “Se siente tan bien aquí fuera”, dice Giancarlo. Descubren un parque, y como niños, se ponen a jugar por sus espalderas y toboganes. Al fin y al cabo, parece que estas sustancias provocan un estado de conciencia similar a cuando somos tan pequeños que ni los archivos de nuestra memoria son capaces de llegar a atisbar.

Alma, Corazón, Vida

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