Los fraudes en tu casa

El sencilllo truco para que los 'chapuzas' no te engañen con las obras

Una viuda a la que timaron cuenta en un testimonio los consejos para evitar que los profesionales a domicilio te intenten estafar

Foto: Foto: iStock.
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Si eres viuda o estás sola en casa, te interesa este artículo. Aunque no lo creas, es probable que corras el riesgo de ser timada por uno de los muchos 'chapuzas' a domicilio que llamar al timbre para arreglar cualquier cosa de tu casa. Sobre todo, intentarán cobrarte más de lo que cuesta en sí la obra, por lo que acabarás harta y cansada de todas esas pequeñas reformas que quieres acometer en tu hogar.

Esto es lo que cree una inocente viuda británica llamada Mary Gold, quien tuvo que fingir que estaba casada para que le bajaran el precio a todos los servicios que llamaban a su puerta. Las mujeres a veces tienen que pagar hasta un 53% más que los hombres en este tipo de encargos, según informa 'The Daily Mail'. A continuación veremos el testimonio de la viuda a la que engañaron una y otra vez hasta que se supo el truco para ahuyentar el timo de los obreros que entraban en su casa.

Harry era un hombre maravilloso que no se dejaba engañar. Desde que murió, he estado a merced de los estafadores y estoy harta

"Ha habido muchos momentos difíciles en mi vida, sobre todo en los últimos años, pero nunca pensé que llegaría un punto en el que tendría que fingir estar casada", asegura Gold. La última vez que la intentaron engañar fue cuando tuvo que cambiar las ventanas de su casa. El 'chapuza' llamó al timbre. Ella le hizo pasar para que echase un vistazo. Cuando le preguntó por el precio, quedó alarmada por la abultada cifra que iba a suponer la reforma: 120 libras (alrededor de 137 euros) por solo un pequeño panel de vidrio.

"Cuando levanté las cejas, me dijo: '¿Quieres hablar con tu marido sobre el precio antes de seguir adelante?' Le respondí que no rápidamente", afirma. La triquiñuela que usó fue de lo más ocurrente: "En estos momentos está en Afganistán, luchando". Inmediatamente, el obrero puso una cara extraña y bajó el precio a los 80 dólares. "Desde entonces", señala la viuda, "tengo una foto en la pared del salón de mi esposo, Harry Arnold, con su uniforme militar cuando trabajaba de corresponsal en la guerra del Golfo".

Foto: iStock.
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Evidentemente, todo se trató de una treta para evitar que le cobrara de más: "La verdad es que no hay riesgo de que vuelva a casa y se preocupe por el alto coste de las reparaciones, ya que murió de cáncer en 2004", cuenta Mary Gold. "Estoy harta de que me timen por ser viuda. Harry era un hombre maravilloso y no se dejaba engañar por nadie, pero desde que murió me he encontrado a merced de estafadores".

Las facturas de fontaneros o electricistas a domicilio son un 53% más caras cuando los clientes son mujeres

La pobre viuda se siente indefensa: "A veces me veo como un perro viejo y triste en el bosque, esperando ser atacado por los líderes más jóvenes de la manada. Es realmente horrible", valora. Lo intentó todo. Ser amable y considerada, mantenerse firme y no ser ingenua, pero fue un fracaso. "En los últimos años he gastado demasiado dinero en chapuzas de mala calidad. Los peores, los jardineros. "Sé que a veces es difícil poner un precio definitivo a los encargos a domicilio, pero estoy respaldada por un montón de investigaciones", confirma.

Una encuesta reciente descubrió que las facturas de fontaneros o electricistas a domicilio son un 53% más caras cuando los clientes son mujeres. Para demostrarlo, un hombre y una mujer llamaron a 90 compañías repartidas por toda Inglaterra. De inicio, a la mujer le dieron cita un 16% más de veces que el hombre.

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"En un almuerzo reciente, mi amiga Eileen dijo que su madre había pagado 250 libras (286 euros aproximadamente) por una colcha para gatos. A otra amiga le hicieron pagar 300 (343 euros) por el mismo servicio", relata. "Otra, llamada Emma siguió mi ejemplo y se inventó a un marido imaginario. Incluso compra zapatos y abrigos de hombres en tiendas benéficas y los deja en el pasillo para que se vean", ironiza.

Otro de los trucos de los que se sirve para no ser timada es que mientras están haciendo las reparaciones, hace como que llama por teléfono a un amante imaginario. "La llamada es así: 'Hola cariño. Recogí ese abrigo que querías de Superdry, sí, lo tenían en talla extra grande. También cogí un filete y patatas fritas para para la cena. Nos vemos luego'", cuenta Mary Gold. A partir de entonces, la sagaz viuda ya no tiene ningún problema y nunca más le han vuelto a tomar el pelo con los precios.

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